La Vallesa cerrada y la Devesa abierta, dos formas de entender la gestión de la naturaleza

PorPepe Herrero

agosto 10, 2026

Hay cosas que deberían hacernos pensar. Una de ellas es ver cómo dos espacios naturales de nuestra tierra, con problemas y características distintas, reciben tratamientos muy diferentes.

La Vallesa, en l’Eliana, lleva tiempo arrastrando problemas de mantenimiento que han acabado afectando al acceso y al disfrute de este espacio por parte de los vecinos. La situación resulta especialmente difícil de entender cuando hablamos de un entorno natural que forma parte de la vida del municipio y que debería estar cuidado durante todo el año, no solo cuando llega un problema.

Al otro lado tenemos la Devesa del Saler. Un espacio natural también delicado, con una enorme afluencia de visitantes y con la dificultad añadida de encontrarse junto a una gran ciudad. Sin embargo, la gestión y las labores de limpieza permiten que miles de personas puedan disfrutar de la naturaleza.

La diferencia no está en que uno de los lugares tenga valor ambiental y el otro no. Los dos lo tienen. La diferencia está, en buena medida, en cómo se gestiona.

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Y aquí es donde aparece la política.

La Vallesa está en un municipio gobernado por la izquierda, (PSOE/Compromís) mientras que el Ayuntamiento de Valencia, responsable de la gestión de la Devesa, está gobernado por el Partido Popular y Vox, siendo éste último responsable de ésta área. No creo que sea injusto señalar esta diferencia cuando hablamos precisamente de las consecuencias de las decisiones políticas.

Durante años, desde determinados sectores de la izquierda se nos ha acostumbrado a escuchar que la protección del medio ambiente exige limitar el acceso, poner restricciones y establecer prohibiciones. Pero proteger un monte no puede reducirse a cerrar cuando las cosas no están hechas como deberían.

Un monte se protege trabajando sobre él.

Limpiando. Desbrozando cuando corresponde. Manteniendo los caminos. Retirando aquello que pueda convertirse en un peligro. Vigilando. Previniendo. Y destinando recursos antes de que llegue el problema, no después.

Cerrar La Vallesa puede ser una decisión necesaria en determinadas circunstancias. Lo que no debería ser normal es que los vecinos terminen pagando las consecuencias de una falta de mantenimiento que podría haberse evitado con una gestión adecuada.

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Y mientras tanto, en la Devesa del Saler, la gente puede salir a pasear, hacer deporte, llevar a sus hijos o simplemente disfrutar de un espacio natural que también necesita protección.

¿Quiere decir esto que todo se hace perfecto en el Saler? Evidentemente no. Ninguna administración gestiona siempre al 100% bien y ningún espacio natural está libre de problemas. Pero la comparación sirve para algo muy sencillo: demostrar que conservación y disfrute ciudadano no son conceptos incompatibles.

Hace falta voluntad para hacerlos compatibles.

La izquierda suele hablar mucho de ecologismo, de cambio climático. Pero gobernar también consiste en mantener aquello que se dice que se quiere proteger. No basta con poner carteles, aprobar restricciones o explicar a los ciudadanos lo que no pueden hacer. También hay que hacer el trabajo menos visible: el mantenimiento diario, la limpieza y la prevención.

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Porque resulta paradójico que un espacio natural pueda acabar cerrado precisamente por no haber hecho a tiempo aquello que era necesario para conservarlo.

Los vecinos de l’Eliana no necesitan que nadie les dé lecciones de ecología. Muchos llevan toda la vida disfrutando y cuidando La Vallesa y el Parc Nacional del Túria. Lo que necesitan es que su ayuntamiento esté a la altura de ese patrimonio.

Y si en el Saler se puede mantener un espacio natural abierto y compatible con el uso ciudadano, habrá que preguntarse por qué en La Vallesa no se consigue lo mismo.

En breve llega mayor y los vecinos juzgarán por los hechos.

Unos ven una abierto, cuidado y utilizado por la ciudadanía. Otros ven un espacio al que no se puede acceder como antes.

Las ideologías pueden explicar muchas cosas. Pero no pueden servir como excusa para no gestionar.

La Vallesa no necesita más prohibiciones. Necesita que la cuiden.

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