Nuestros personajes valencianos. Por Pedro Fuentes

PorPedro Fuentes Caballero

septiembre 6, 2026
  • Alejandro Calbo Alemany, el «fraile invento» de Beniarrés: una vida entre la fe, la enseñanza y la mecánica

Nacido en Beniarrés en 1874, el franciscano Alejandro Calbo Alemany fue sacerdote, predicador, maestro, guardián de varios conventos y un incansable aficionado a la mecánica. Entre sus proyectos figuraron una llave mecánica patentada internacionalmente, ollas autorreguladas, interruptores, estudios aeronáuticos e incluso unas sorprendentes «sandalias luminosas». Falleció en Cocentaina el 30 de agosto de 1961.

Hay personajes cuya vida resulta difícil de resumir en una sola profesión. Alejandro Calbo Alemany fue uno de ellos. Religioso franciscano durante siete décadas, sacerdote, profesor y orador, desarrolló paralelamente una extraordinaria curiosidad por la mecánica y la invención.

La extensa biografía conservada por los Hermanos Franciscanos de Valencia, Aragón y Baleares permite ampliar considerablemente la imagen del sencillo «fraile inventor» que ha sobrevivido en la memoria popular. El personaje que emerge de estas páginas es mucho más complejo: un hombre que pasó de los púlpitos a los talleres improvisados, que proyectó mecanismos durante la Guerra Civil, que trabajó para llevar agua y mejorar caminos, que impulsó un colegio y una escolanía y que continuó imaginando nuevos inventos prácticamente hasta el final de sus días.

DE BENIARRÉS AL HÁBITO FRANCISCANO

Alejandro Calbo Alemany nació en Beniarrés (Alicante) el 17 de octubre de 1874, en la calle Cueva Santa número 22. Era hijo de Vicente Calbo Oltra, natural de Beniarrés, y de Josefa Alemany Bondía, de Benirrama.

Tras estudiar Latín y Humanidades, ingresó en el noviciado franciscano del Santo Espíritu del Monte, en Valencia. Allí sustituyó su nombre de pila, Vicente Bruno, por el de fray Alejandro y tomó el hábito el 8 de septiembre de 1890.

La fuente biográfica lo presenta como un hombre de pequeña estatura y constitución aparentemente frágil, pero dotado de una personalidad activa, inteligencia despierta y una considerable capacidad de trabajo.

Su vocación religiosa marcaría toda su existencia, pero pronto aparecería otra característica que acabaría distinguiéndolo: una imaginación extraordinariamente inclinada hacia la técnica y los mecanismos.

PREDICADOR, PROFESOR Y HOMBRE DE ESTUDIO

Calbo destacó también como orador religioso. La biografía recuerda especialmente un acto celebrado en Ontinyent en 1915, con motivo de la visita del padre general de la orden, fray Serafín Cimino, en el que una de las intervenciones más celebradas habría sido precisamente la del padre Alejandro.

Predicó en Madrid y en diferentes capitales españolas, aunque con el paso del tiempo fue abandonando progresivamente los púlpitos para concentrarse en el estudio, la enseñanza y el retiro.

Durante sus últimos años de vida activa en Ontinyent trabajó como profesor de ciencias y llegó a ocupar el cargo de prefecto de estudios en el colegio de La Concepción.

Pero allí donde fuese, su curiosidad mecánica parecía acompañarle.

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AGRES: UN CONVENTO TRANSFORMADO POR SU INICIATIVA

Uno de los capítulos más interesantes de su trayectoria transcurrió en el Convento-Santuario de Agres, donde permaneció seis años ejerciendo como guardián.

Según la biografía franciscana, el convento se encontraba entonces en condiciones bastante deficientes y el padre Alejandro emprendió numerosas actuaciones para mejorarlo.

El camino que comunicaba el convento con Agres era estrecho y abrupto. Calbo promovió su reforma con ayuda del alcalde y del párroco. También aprovechó un pequeño caudal de agua próximo al edificio y proyectó canalizaciones, depósitos y fuentes, consiguiendo mejorar el abastecimiento de agua del convento.

Su actividad no terminó ahí.

Impulsó la restauración del propio convento, amplió sus instalaciones con nuevas celdas y promovió la construcción de un pabellón para responder a las necesidades de la comunidad y de los visitantes.

También creó un colegio destinado a niños de entre seis y catorce años, procedentes tanto de Agres como de poblaciones cercanas. Para alojar a quienes llegaban desde otros municipios impulsó una hospedería con comedor y cocina.

Su afición musical tuvo igualmente una vertiente educativa: organizó un coro infantil conventual y llegó a formar una escolanía.

Estamos, por tanto, ante un religioso cuya actividad excedía ampliamente las obligaciones estrictamente conventuales.

LA LLAVE MECÁNICA «SERPENS»: SU GRAN INVENTO

Fue precisamente durante su estancia en Agres cuando desarrolló uno de los inventos que mayor reconocimiento le proporcionó.

La fuente lo denomina llave mecánica «SERPENS».

Según la biografía aportada, este mecanismo obtuvo una Medalla de Oro en la Exposición Internacional de Barcelona de 1929 y fue patentado en numerosos países: España, Alemania, Francia, Holanda, Bélgica, Inglaterra, Italia, Suiza y Estados Unidos.

Este dato aporta un matiz muy importante respecto a las versiones más breves que circulan sobre Alejandro Calbo. Algunas referencias mencionan una llave inglesa mejorada premiada con una medalla de plata en Bruselas en 1958; sin embargo, la biografía franciscana que ahora se aporta habla expresamente de la «llave mecánica SERPENS» y de una Medalla de Oro en Barcelona en 1929.

La propia cabecera biográfica menciona además entre sus inventos una «llave inglesa» premiada con una medalla de plata en la Exposición Internacional de Bruselas de 1958.

Por tanto, la documentación aportada parece referirse a dos reconocimientos diferentes o, al menos, conserva dos noticias distintas que sería conveniente contrastar documentalmente antes de considerarlas definitivamente establecidas.

CULLERA: UN NUEVO TALLER PARA SUS IDEAS

En 1930 fue destinado al convento del Castillo de Cullera, también como guardián.

Allí continuó sus investigaciones y experimentos. La biografía afirma que amplió sus estudios y trató de llevar a la práctica diferentes proyectos hasta obtener los resultados que buscaba.

Su estancia se vio interrumpida por los acontecimientos políticos de 1931. Según la narración franciscana, abandonó el convento tras la proclamación de la Segunda República y pasó posteriormente por Valencia.

Este episodio debe situarse dentro de la perspectiva y terminología de la propia fuente religiosa, que relata aquellos acontecimientos desde la experiencia de la comunidad franciscana.

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LA GUERRA CIVIL: ESCONDIDO EN BENIARRÉS, PERO SIN DEJAR DE INVENTAR

El estallido de la Guerra Civil en 1936 abrió el periodo más dramático de su vida.

Alejandro Calbo regresó a su Beniarrés natal, donde permaneció protegido durante buena parte de la contienda. La fuente relata que las autoridades locales facilitaron inicialmente su permanencia en el pueblo y que, cuando aumentó el peligro, se refugió en casa de familiares.

Incluso en aquellas circunstancias continuó trabajando.

Instaló una especie de gabinete de estudio en el que desarrolló proyectos mecánicos. Entre ellos aparece una de las ideas más sorprendentes atribuidas al franciscano: el diseño de un autogiro diferente al desarrollado por Juan de la Cierva.

La biografía también le atribuye en aquellos años una olla autorregulada y diversos modelos de interruptores.

Es importante precisar que la fuente describe estos proyectos, pero no proporciona en estas páginas planos técnicos completos ni documentación que permita evaluar hasta qué punto llegaron a construirse o funcionar. Por ello, conviene diferenciar entre la existencia del proyecto biográfico y su eventual desarrollo industrial.

UN EPISODIO SORPRENDENTE EN PLENA GUERRA

La biografía recoge además una escena que refleja el recuerdo casi legendario que quedó del padre Alejandro en Beniarrés.

A comienzos de 1937, según el relato, varios hombres acudieron a buscarlo con intenciones amenazantes. El religioso los recibió tranquilamente, conversó con ellos e incluso los invitó a sentarse.

La conversación habría terminado de una manera completamente distinta a la esperada: aquellos hombres abandonaron finalmente sus intenciones iniciales y acabaron compartiendo mesa con él.

La narración procede de una fuente biográfica franciscana y debe leerse como tal, pero resulta reveladora de la imagen que sus contemporáneos conservaron de Calbo: un hombre tranquilo, persuasivo y dotado de una notable capacidad para relacionarse con personas de posiciones muy diferentes.

DE LA POSGUERRA A CHELVA

Terminada la guerra, su delicado estado de salud hizo que permaneciera temporalmente en Beniarrés.

Posteriormente ejerció funciones religiosas en Alcocer de Planes y Gayanes, desplazándose para celebrar misa y atender a las comunidades locales.

Una vez recuperado parcialmente, fue destinado al convento de Chelva, donde permanecería durante aproximadamente doce años.

Chelva se convertiría en otro escenario perfecto para aquella peculiar combinación de vida conventual e inventiva técnica.

El convento carecía de electricidad y Alejandro Calbo puso en funcionamiento una turbina movida por un salto de agua del río, destinada a proporcionar energía.

Era exactamente el tipo de problema que parecía atraerle: observar una necesidad práctica, estudiar los recursos disponibles e intentar construir una solución.

JUNTO A JUAN DE LA CIERVA

Entre las fotografías conservadas en la biografía aparece una particularmente interesante: Alejandro Calbo acompañado por Juan de la Cierva, célebre inventor del autogiro.

La imagen constituye un testimonio visual muy sugerente teniendo en cuenta el interés de Calbo por la aeronáutica.

Ahora bien, la fotografía acredita el encuentro, mientras que cualquier interpretación sobre una posible colaboración técnica entre ambos requeriría documentación adicional. La propia fuente identifica la escena como realizada en Chelva y presenta a De la Cierva como inventor del autogiro.

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LAS «SANDALIAS LUMINOSAS»: UN PROYECTO ADELANTADO A SU TIEMPO

Entre las invenciones atribuidas al franciscano hay una especialmente llamativa: las «sandalias luminosas».

Según su biografía, el principio consistía en aprovechar la energía producida al caminar para generar electricidad. La fuente lo explica mediante una comparación sencilla: del mismo modo que una bicicleta puede producir electricidad al desplazarse y alimentar un faro, el movimiento del caminante serviría para generar energía.

El proyecto quedó inacabado.

La fuente asegura que, cuando murió, el invento se encontraba aproximadamente a medio terminar y que Calbo estaba profundamente ilusionado con él.

Más allá de que su viabilidad técnica exigiría estudiar los planos originales, la idea resulta fascinante porque revela hasta qué punto el anciano franciscano continuaba pensando en sistemas de aprovechamiento energético cuando se acercaba ya a los noventa años.

EL CAYADO TERMOELÉCTRICO, SU ÚLTIMO DESAFÍO

Tras su etapa en Chelva regresó nuevamente al convento de Cullera.

La edad y los problemas de salud habían reducido considerablemente su actividad, pero no eliminaron su deseo de experimentar.

Todavía inició otro proyecto: un «cayado termoeléctrico».

También quedó inacabado. Una enfermedad que acabaría acompañándolo hasta su muerte le impidió continuar desarrollándolo.

Aparecen así, uno tras otro, mecanismos que parecen propios de un gabinete de curiosidades tecnológicas: llaves mecánicas, ollas autorreguladas, interruptores, autogiros, sistemas hidráulicos, sandalias generadoras de electricidad y cayados termoeléctricos.

Todo ello configura una personalidad verdaderamente singular.

LOS ÚLTIMOS DÍAS EN COCENTAINA

Cuando su estado de salud empeoró, sus superiores decidieron trasladarlo al convento de Cocentaina, próximo a su Beniarrés natal.

La biografía ofrece aquí una imagen particularmente humana del anciano religioso.

Desde la azotea del convento, utilizando unos prismáticos, podía contemplar a unos trece kilómetros el pueblo donde había nacido. También recordaba el cercano Calvario y la iglesia parroquial de Beniarrés.

Su estancia en Cocentaina fue breve.

Tres días antes de fallecer recibió los sacramentos, según relata la fuente.

Alejandro Calbo Alemany murió el 30 de agosto de 1961.

Su funeral se celebró al día siguiente y posteriormente sus restos fueron trasladados al cementerio municipal de Cocentaina.

La fuente señala que murió con 86 años, después de aproximadamente siete décadas de vida religiosa.

MUCHO MÁS QUE EL «FRAILE INVENTOR»

La documentación aportada permite ahora comprender que definir a Alejandro Calbo exclusivamente como el inventor de una llave inglesa sería reducir extraordinariamente su trayectoria.

Fue religioso, sacerdote, profesor, predicador y responsable conventual. Participó en mejoras de caminos y abastecimientos de agua. Promovió instalaciones educativas y religiosas. Organizó un coro y una escolanía. Experimentó con sistemas eléctricos y mecánicos. Se interesó por la aeronáutica y siguió diseñando mecanismos cuando ya era un anciano.

Pero también conviene distinguir entre lo que documenta directamente la fuente, lo que esta relata como recuerdo biográfico y aquello que todavía necesitaría verificarse mediante patentes, archivos técnicos, prensa histórica y documentación de exposiciones internacionales.

Ahí se abre precisamente una magnífica línea de investigación.

Localizar las patentes de la llave «SERPENS», comprobar los premios de Barcelona de 1929 y Bruselas de 1958, encontrar los planos aeronáuticos, identificar sus patentes extranjeras y recuperar los diseños de las «sandalias luminosas» permitiría reconstruir con mucha mayor precisión la verdadera dimensión técnica de su obra.

Lo que estas páginas sí dejan patente es la memoria de un personaje excepcionalmente inquieto.

Alejandro Calbo Alemany fue uno de esos hombres de pueblo cuya curiosidad parecía no conocer fronteras: pasó de la oración al aula, del convento al improvisado taller y de la predicación al dibujo de mecanismos. Un franciscano de Beniarrés que hizo de la fe su vocación y de la invención una pasión que lo acompañó prácticamente hasta el último día de su vida.

 

Pedro Fuentes Caballero

Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana correspondiente por Dénia

Presidente de la Asociación Cultural Roc Chabàs de Dénia

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