Ecos de Valencia visita las instalaciones del rejoneador de Benidorm, una de las grandes figuras del rejoneo de las últimas décadas, para conocer al hombre que hay detrás de casi treinta años de alternativa, sus caballos, su familia y el trabajo diario que sostiene una carrera desarrollada en algunas de las plazas más importantes.
Cuando llegamos, el rejoneador valenciano estaba trabajando. A caballo. Como prácticamente cada día.
La imagen ayuda a comprender cómo un joven de Benidorm que debutó con apenas 15 años ha conseguido mantenerse durante tres décadas entre los nombres reconocibles del rejoneo español e internacional.
Cartagena no necesitaba explicar demasiado el esfuerzo que existe detrás de su carrera. Estaba allí, delante de nosotros.
De Benidorm a las grandes plazas
Hablar de Andy Cartagena es hacerlo de una trayectoria iniciada cuando todavía era un adolescente.
Su primera actuación pública llegó en Nimes (Francia) en 1996, en un festival homenaje a su tío, el recordado rejoneador Ginés Cartagena. Apenas un año después, el 8 de marzo de 1997, tomó la alternativa en Castellón y ese mismo año confirmó en Las Ventas, en Madrid.
Desde entonces, su nombre ha recorrido algunas de las principales plazas de España y Francia y ha construido una carrera marcada por la regularidad, la espectacularidad y una forma muy personal de entender el rejoneo.
Casi treinta años después de aquella alternativa, 2026 ha vuelto a situarlo en escenarios de máxima exigencia.
Su regreso a la Real Maestranza de Sevilla, después de una década sin actuar allí, terminó con tres orejas y la salida por la Puerta del Príncipe. Posteriormente fue distinguido como mejor rejoneador de la Feria de Abril.
Madrid volvió también a formar parte de una temporada que el propio Cartagena describía durante nuestra visita con satisfacción.
«Están saliendo bien las cosas. Una temporada muy bonita, con grandes triunfos marcados por Sevilla, por la Puerta del Príncipe, por el paso por Madrid».
Cuando Ecos de Valencia conversó con él acababa además de triunfar en Ondara.
«Fue una tarde muy bonita. Después de tanto tiempo sin estar en esa plaza tan bonita y tan peculiar, con tanto encanto, creo que la afición disfrutó mucho y yo también disfruté».

El éxito empieza muchas horas antes de salir a una plaza
Pero probablemente una de las mayores sorpresas de nuestra visita fue descubrir cuánto trabajo cotidiano existe detrás del nombre que aparece anunciado en los carteles.
Cartagena nos explicó cómo puede ser una jornada normal en plena temporada.
«Yo empecé a las ocho y media, por ahí, hasta las dos. Y ahora empezamos, porque hace mucho calor, a las cinco y media y ya acabamos sobre las diez y media».
Caballos consagrados, animales que están entrando en la cuadra y potros que algún día deberán sustituirlos.
Todos necesitan trabajo.
Todos los días.
«Esto no lo regala nadie. El secreto son horas y trabajo».
La frase resume buena parte de una carrera que comenzó demasiado pronto como para haber tenido una adolescencia convencional.
«Debuté con 15 años»
Cartagena recuerda perfectamente aquellos años.
«Yo empecé muy joven. Mi afición siempre ha sido a los caballos desde niño».
Y entonces aparecen unas cifras que permiten comprender la velocidad con la que cambió su vida.
«Debuté con 15 años. Con 15 años toreé 56 corridas. Ya con 16 años tomé la alternativa, me presenté en Madrid y toreé 82 tardes».
Mientras otros jóvenes de su edad comenzaban a descubrir una vida diferente, la suya transcurría entre caballos, carreteras y plazas de toros.
«A lo mejor no he hecho otras cosas que han hecho otros chavales, como salir o eso. Pero ha sido un sacrificio que me ha gustado».
No lo cuenta con nostalgia.
«Hasta el día de hoy me gusta mucho. Me apasiona mucho».

Una vida alrededor del caballo
Quizá por eso resulta difícil separar a Andy Cartagena del caballo.
Cuando le preguntamos qué había aprendido de ellos que pudiera aplicar posteriormente a su propia vida, su respuesta fue mucho más amplia.
«Parte de mi vida es, o digamos, mi vida es compartir con los caballos, con los animales».
Décadas trabajando diariamente con ellos también le han enseñado que no existen dos iguales.
«Cada caballo tiene su forma, cada caballo es distinto, cada caballo tiene un temperamento diferente. Entenderlos te enseña a uno mismo que cada cosa tiene sus formas y sus tratos».
También perciben al jinete.
«Los caballos sienten la presión. Cuando tú te sientes más presionado o vas un poco más inquieto, tus manos, las piernas… los caballos lo notan. Para bien y para mal, lo notan todo».
La familia, dentro de la cuadra
La jornada permitió además contemplar una faceta mucho más familiar del rejoneador.
Durante nuestra visita estaban su hermano y su hijo montando.
«Mi hermano está todo el día conmigo montando caballos y mi hijo también está conmigo aquí montando. La verdad es que es una alegría».
Tres generaciones y una vida que continúa desarrollándose alrededor del caballo.
No sabemos todavía si su hijo seguirá algún día profesionalmente ese camino. Cartagena tampoco quiere precipitarlo.
«Ahora le gusta montar, está disfrutando un poquillo de montar y estoy contento de verlo aquí».
El futuro del rejoneo
Después de casi tres décadas de alternativa, preguntamos a Cartagena cómo imagina el rejoneo dentro de otros veinte años.
Su respuesta es optimista.
«Pienso que tendrá futuro, tiene que tener futuro, porque hay mucha gente nueva, mucha afición, muchos rejoneadores nuevos, mucha juventud que quiere».
Las redes sociales, lejos de contemplarlas necesariamente como una amenaza para la tradición, las considera una nueva vía para acercar el rejoneo y el caballo al público.
Cartagena observa que actualmente muchos aficionados llegan a las plazas con un conocimiento sorprendentemente detallado de su cuadra: conocen los caballos, sus ascendencias e incluso saben en qué tercio trabaja cada uno.
«Es bonito que la gente se acerque a este mundo para que en años próximos esa afición crezca y esto siempre vaya hacia arriba».
¿Cómo quiere ser recordado Andy Cartagena?
Después de una carrera tan extensa, parecía inevitable preguntarle qué le gustaría que dijera la gente de Andy Cartagena cuando algún día llegue el momento de retirarse.
Sorprendentemente, no piensa demasiado en ello.
«Ni lo he pensado ni tampoco es una cosa que me preocupa».
Su preocupación continúa siendo mucho más inmediata.
La siguiente plaza.
El siguiente caballo.
La siguiente tarde.
«Ahora mismo lo que tengo en mente y lo que me hace sentir es el día a día. La gente que viene a verme, la gente que me sigue… por lo menos darle el cien por cien».
Quizá ahí esté una de las explicaciones de su longevidad profesional.
Después de casi treinta años de alternativa, Andy Cartagena continúa haciendo aquello que vimos nada más atravesar las puertas de su casa: trabajar a caballo.
Y probablemente esa sea también una de las imágenes que mejor resumen al rejoneador de Benidorm: detrás de las puertas grandes, los aplausos y los grandes escenarios continúa existiendo el muchacho que decidió siendo adolescente que su vida estaría ligada a los caballos.
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