La Comunitat Valenciana ha sido testigo de un fenómeno meteorológico extremo que transformó drásticamente el paisaje en cuestión de horas. Tras una madrugada sofocante, con Valencia registrando la mínima más alta desde que hay registros, el calor infernal dio paso a un vendaval de tormentas violentas, vientos destructivos y un brusco descenso de las temperaturas, dejando una huella de caos y sorpresa en la región.
Este episodio, que comenzó con temperaturas récord el día anterior, se intensificó con la llegada de potentes fenómenos atmosféricos, marcando un antes y un después en el verano valenciano. La atmósfera, cargada de calor y humedad mediterránea, se convirtió en el escenario perfecto para una serie de eventos que pusieron a prueba la resiliencia de varias localidades.
Vientos huracanados y daños materiales
El jueves se inició con la persistencia del calor, pero la atmósfera ya anticipaba un cambio. Las alertas rojas por altas temperaturas fueron reemplazadas por avisos de tormentas y lluvias. Al mediodía, las tormentas comenzaron a formarse en el interior, extendiéndose rápidamente por diversas comarcas, siendo La Ribera una de las zonas más afectadas.
Lo que llegó no fue una tormenta de verano común, sino reventones húmedos: descensos violentos de aire asociados a las células tormentosas que, al tocar tierra, se expanden generando rachas destructivas. Se registraron vientos de 149 km/h en Sumacàrcer y 143 km/h en Alzira, donde la fuerza del viento provocó el derrumbe del techo de la iglesia de Santa Catalina. La caída de árboles, cortes de carreteras y daños en fachadas fueron una constante en el paisaje.
Caída drástica de temperaturas y actividad eléctrica
La imagen más impactante de este cambio de tiempo fue el desplome del termómetro. Después de horas con valores extremos, algunas localidades experimentaron descensos de casi 20 grados en apenas sesenta minutos. El aire abrasador fue sustituido abruptamente por el aire frío descendente de la tormenta, evidenciando la peculiaridad de estos reventones.
Además de los vientos y la lluvia intensa, el episodio estuvo marcado por una enorme actividad eléctrica. Miles de rayos iluminaron el cielo valenciano, algunos de los cuales provocaron incendios. En Tavernes de la Valldigna se contabilizaron alrededor de 1.600 rayos, uno de los cuales originó un incendio forestal que fue rápidamente controlado. Las consecuencias de este fenómeno continuaron visibles al día siguiente, con un incendio forestal activo entre Segorbe y Gátova, en la Sierra Calderona.
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