El Paseante camina lentamente por el claustro del Monasterio de San Zoilo, una de las joyas de la arquitectura monástica entre el gótico y el renacimiento y se detiene a cada paso para admirar su profusa ornamentación de padres de la Iglesia, profetas, patriarcas, jueces, sacerdotes, heroínas, así como personajes del Nuevo Testamento -apóstoles y evangelistas — y civiles — reyes, reinas, emperadores y emperatrices — además de pontífices, cardenales, doctores, monjes y santos.
El hallazgo literario en la Biblioteca Jacobea
Se encuentra en Carrión de los Condes, una localidad emblemática de la Tierra de Campos palentina y un enclave especial, en el centro del Camino de Santiago.
Tras visitar la iglesia, se dirige a la “Biblioteca Jacobea”, un lugar mágico, lleno de referencias y bibliografía sobre el Camino de Santiago.
Recorre las estanterías dedicadas a la novela histórica, y sus ojos se detienen en varios de los títulos, pero le llama especialmente la atención “La peregrina” de Isabel San Sebastián.
Año 827. En su pequeña corte guerrera, Alfonso II el Casto, rey de Asturias y aliado de Carlomagno, recibe una extraordinaria noticia: en un bosque próximo a Iria Flavia, allá donde termina el mundo, han aparecido los restos del apóstol Santiago. ¿Es posible tal prodigio? El rey decide acudir al lugar, a fin de aclarar el misterio.
La primera marcha jacobea hacia Iria Flavia
En la comitiva marchan nobles enredados en intrigas, fieros soldados, cautivos sarracenos, monjes custodios de turbios secretos… un fiel reflejo de ese tiempo turbulento, cuyo epicentro es un rey determinado a salvar su reino. Y junto a él cabalga Alana, con la esperanza de encontrar a su hijo desaparecido y el desafío de narrar, sin saberlo, la primera peregrinación jacobea de la Historia.
«Me llamo Alana. Por mis venas corre sangre astur y sangre goda. Sirvo a don Alfonso el Magno, rey de Asturias. Mis ojos cansados han visto horrores sin cuento, pero antes de cerrarse para siempre tal vez puedan contemplar el lugar donde reposa el apóstol Santiago»
Unas reliquias misteriosas, un destino incierto, un viaje que sentará los cimientos del camino más famoso de la cristiandad.
Después regresa al claustro. No hay prisa. Se deja rodear de la memoria de tantas generaciones que caminaron por este extraordinario lugar.
Apreciado lector, date en alguna ocasión la oportunidad de visitar Carrión de los Condes y, si eres o piensas ser peregrino, el mejor deseo: “Buen Camino”






















