- La Fùmiga recibió un contrato suculento de 3.500 euros por canción en un acto de Junta Central Fallera en La Fonteta presidido entonces por Carlos Galiana de Compromís
- El concejal encargado de contratarles es el mismo que intentará ser alcalde del pueblo en las próximas elecciones por el PSOE
Un concierto de La Fúmiga celebrado el pasado 4 de septiembre en Picassent ha encendido la mecha de la polémica y ha puesto al Ayuntamiento en el centro del debate. Lo que prometía ser una noche de música para los vecinos se convirtió, para muchos, en un escenario de confrontación ideológica, reabriendo la discusión sobre la neutralidad de las instituciones en eventos sufragados con dinero de todos.
Durante la actuación, aparecieron esteladas y se hicieron referencias explícitas a la situación de Ceuta, criticando duramente a quienes se habían manifestado al respecto. Esta situación fue rápidamente recogida por ESdiario, que tituló el episodio como «Polémica en Picassent al derivar el concierto de La Fúmiga en insultos a Ceuta y esteladas», incluyendo la expresión «Racistas de manual» para describir a quienes discrepan.
El Ayuntamiento y la neutralidad en eventos públicos
La controversia pone el foco en el papel del Ayuntamiento como organizador y financiador de este tipo de actividades. Contratar a un grupo musical es una cosa; otra muy distinta es que un acto sufragado con dinero público sea percibido por una parte de la ciudadanía como un espacio para la confrontación ideológica. El escenario era municipal, el público plural, y los fondos para montar el evento provienen de todos los vecinos de Picassent.
Aunque la libertad de expresión de los artistas es incuestionable, y pueden defender las ideas o portar los símbolos que consideren oportunos, esto no exime al gobierno municipal de la responsabilidad de garantizar que el presupuesto público no se ponga al servicio de una determinada trinchera ideológica. La neutralidad institucional, en este contexto, es clave para evitar divisiones.
Cuando la fiesta se confunde con el púlpito político
La discusión se intensifica al abordar las referencias a Ceuta y las etiquetas empleadas. Discutir sobre inmigración, fronteras o racismo forma parte del debate democrático. Sin embargo, deshumanizar a quienes discrepan o despacharlos con calificativos como «racista de manual» transforma la discrepancia política en un ataque personal. Confundir el escenario de un concierto con un púlpito de superioridad moral es un error que resta valor al debate.
Picassent merece unas fiestas donde todos los vecinos, independientemente de sus ideas o símbolos, puedan disfrutar sin sentir que el recinto municipal se ha convertido en territorio ideológico de unos pocos. La Fúmiga reivindicó los derechos humanos por encima de cualquier bandera, un principio loable. Sin embargo, un concierto que acaba hablando más de política que de música, en un escenario municipal, obliga a preguntar: ¿Fiestas para todos o para los que piensan como el gobierno de turno? La respuesta debería ser la neutralidad, garantizando que ningún vecino deba aceptar una bandera ideológica como precio de entrada a una fiesta que también paga con sus impuestos.





















