Abrirse paso en el sector ecuestre no siempre requiere trofeos, títulos o una larga trayectoria en la competición. En ocasiones, la combinación de pasión, formación y capacidad de trabajo puede convertirse en la base de un proyecto profesional. Es el caso de Tania Ojeda, una joven de 26 años que ha logrado convertir su afición por los caballos en su modo de vida al frente del centro ecuestre Equus, en Burriana.


Desde pequeña sintió una atracción especial por el mundo del caballo. Según recuerda, cualquier encuentro con estos animales despertaba su curiosidad. Con apenas seis años ya sabía que quería dedicar parte de su vida a ellos, aunque el camino hasta gestionar su propia hípica no ha estado exento de esfuerzo y aprendizaje.
Antes de emprender, Ojeda trabajó en diferentes centros ecuestres que le permitieron conocer distintas facetas del sector. Su experiencia abarca desde la enseñanza de la equitación hasta el manejo y desbrave de potros, además de una breve etapa profesional en Logroño. Estos años le sirvieron para adquirir conocimientos prácticos y comprender las exigencias de una actividad donde la dedicación diaria resulta imprescindible.
Su historia refleja una realidad habitual dentro del ámbito ecuestre: muchas personas encuentran oportunidades laborales no necesariamente a través de la competición, sino mediante servicios relacionados con el cuidado, la formación y el entrenamiento de caballos. En su caso, la decisión de asumir la gestión de una hípica propia llegó tras dejar su anterior empleo y valorar la posibilidad de desarrollar un proyecto personal.
Así nació Equus, un centro que actualmente alberga cerca de una veintena de caballos y donde se ofrecen servicios de doma, pupilaje, clases y paseos ecuestres. La cercanía de la playa de Burriana se ha convertido además en un atractivo añadido para quienes buscan disfrutar de experiencias a caballo en un entorno diferente.
La rutina diaria evidencia el nivel de compromiso que exige este trabajo. Las jornadas comienzan temprano, con la alimentación y revisión de los animales, continúan con el trabajo de los caballos y las clases, y suelen finalizar bien entrada la tarde tras las tareas de mantenimiento de las instalaciones. Un ritmo que deja poco espacio para la improvisación y que requiere constancia durante todo el año.

Aunque ha practicado disciplinas como el salto, el raid o la alta escuela, Ojeda muestra una especial predilección por la doma vaquera, modalidad en la que espera seguir profundizando en el futuro. De hecho, uno de sus objetivos personales es poder debutar algún día en competición con uno de los potros que actualmente prepara, una meta todavía pendiente dentro de su trayectoria.
Lejos de considerarse una profesional plenamente consolidada, continúa apostando por la formación continua mediante cursos, clinics y el aprendizaje junto a otros jinetes experimentados. Además, cuenta con la titulación de técnico deportivo, una herramienta que complementa la experiencia acumulada durante años de trabajo diario con los caballos.
Su caso ilustra cómo la pasión por el mundo ecuestre puede transformarse en una salida profesional cuando va acompañada de esfuerzo, preparación y capacidad emprendedora. Sin grandes resultados deportivos que avalen su trayectoria, pero con una clara vocación por el caballo, Tania Ojeda representa a una nueva generación de jóvenes que buscan hacerse un hueco en un sector tan exigente como apasionante.




