Hay tradiciones que explican Valencia mucho mejor que cualquier guía turística. Costumbres que pasan de padres a hijos y que mezclan historia, fe, sentimiento y ese vínculo tan especial que los valencianos mantenemos con nuestra tierra. Una de ellas tiene como protagonistas a las mujeres embarazadas y a la Catedral de Valencia.
La tradición manda dar nueve vueltas por el interior de la Catedral, una por cada mes de gestación, encomendándose a Nuestra Señora del Buen Parto, una imagen del siglo XV situada en la girola, detrás del Altar Mayor, conocida antiguamente como Virgen del Coro o Virgen de la Cadira.

En cada vuelta, al llegar ante la Virgen, se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria, junto a la oración dedicada a Nuestra Señora del Buen Parto. Una tradición que comenzó a popularizarse a principios del siglo XX y que continúa plenamente viva entre las familias valencianas.
Antes de comenzar, se entrega a la futura madre una estampa con la oración y una vela que tradicionalmente se guarda para el momento del parto. Cuando llega el esperado día y se emprende el camino hacia el hospital, esa vela se enciende como símbolo de protección, esperanza y fe.
Y en esta ocasión me tocó vivirlo a mí junto a mi mujer.
Desde el primer momento sorprende el cariño con el que te reciben cuando explicas que vienes a cumplir la tradición. Te cuentan cómo realizar las nueve vueltas, te entregan la estampa y la vela y puedes dejar la voluntad. En nuestro caso tuvimos, además, una suerte especial: al no celebrarse misa y encontrarse la Catedral cerrada al turismo en ese momento, nos permitieron realizar el recorrido prácticamente en soledad.
Nueve vueltas por una Catedral de Valencia casi vacía.
Es difícil explicar lo que se siente. Caminas por uno de los grandes monumentos de nuestra ciudad mientras se mezclan la alegría por lo que está por venir, la esperanza de que todo salga bien, la pasión por nuestras tradiciones y, por supuesto, la fe.
Cuando llegamos había otra pareja realizando el recorrido, que terminó poco después. Más tarde apareció otra escena que quizá resume por sí sola toda esta tradición: una madre acompañada de la abuela y de su bebé recién nacido acudía a la Virgen para llevarle flores y agradecer que todo hubiera salido bien.
Porque la tradición no termina necesariamente con las nueve vueltas. Muchas familias regresan después del nacimiento para presentar al pequeño y depositar flores ante la Virgen como muestra de agradecimiento.

Como tantas costumbres valencianas, esta también está profundamente ligada a nuestras raíces cristianas. Pero, por encima de todo, representa algo muy humano: el deseo de unos padres de que su hijo llegue bien al mundo.
Una tradición más de nuestra querida Valencia que merece ser conocida, conservada y transmitida. Porque en momentos llenos de ilusión, pero también de incertidumbre, nuestras tradiciones siguen siendo capaces de acompañarnos y regalarnos vivencias difíciles de olvidar.
Y después de haber dado esas nueve vueltas, puedo decir que esta es una de ellas.
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