El Hemiciclo del Ayuntamiento de Valencia acogió este miércoles una de las citas más representativas del calendario festivo con la proclamación de las Falleras Mayores de Valencia 2027. Beatriz Blanco Tamarit y la niña Julia Vizcayno Orero asumieron formalmente sus cargos ante el colectivo fallero, autoridades locales y delegaciones de fiestas hermanas, dando inicio a su representación oficial.
La cita institucional culminó el proceso iniciado con la habitual Telefonada de la alcaldesa María José Catalá. Acompañadas por sus respectivas Cortes de Honor, ambas ascendieron la escalinata municipal entre música y aplausos antes de que la primera edil pronunciara las fórmulas tradicionales que sellan su nombramiento al frente de la fiesta grande valenciana.
Trayectoria y vocación de las nuevas embajadoras
Beatriz Blanco Tamarit, de 24 años e ingeniera de organización industrial, forma parte de la comisión Castelló-Segorbe desde su nacimiento. En su intervención inicial, la Fallera Mayor subrayó el arraigo familiar del movimiento festivo y remarcó actos clave para el colectivo como la Ofrenda a la Virgen de los Desamparados, la Plantà y la Cremà, destacándolos como ejemplos de cohesión comunitaria.
Por su parte, la pequeña Julia Vizcayno Orero, de nueve años e integrante de la falla Rosari-Plaça Calabuig, encarna el relevo generacional como Fallera Mayor Infantil. Durante su turno de palabra, definió la urbe como su propio hogar y vinculó el sentir festivo al respeto vecinal, la pólvora, los pasacalles y la preservación patrimonial transmitida entre generaciones.
Relevo institucional y horizonte festivo
El solemne encuentro sirvió además para materializar el relevo con las máximas mandatarias del ejercicio anterior, Carmen Prades y Marta Mercader, presentes junto a sus cortes. La cita reafirmó el nexo institucional con otras festividades del territorio valenciano y concluyó con la interpretación formal de los himnos regional y nacional dentro del salón de plenos.
Tras este pronunciamiento formal, las dos representantes inician una extensa agenda de actos cívicos y protocolarios a lo largo de las distintas demarcaciones. Este acto marca el arranque efectivo hacia los actos centrales de marzo, configurando el periodo de representación de las máximas figuras del nuevo ejercicio fallero.






















