- La depresión ideológica zurda es evidente en toda España
La izquierda atraviesa uno de sus peores momentos políticos desde la caída del muro de Berlín en 1989. La sensación de desgaste es evidente y se alimenta tanto de factores internos como del contexto internacional.
A los ya conocidos casos de corrupción que cercan a Pedro Sánchez, a miembros de su Gobierno y a su entorno familiar, se suma un escenario cada vez más desfavorable para las fuerzas de izquierdas fuera de España.
En el ámbito internacional, varios gobiernos progresistas, especialmente en Hispanoamérica, están perdiendo fuerza frente a líderes de distinto signo ideológico, como ya ocurrió en Argentina. Al mismo tiempo, el que durante años ha sido considerado uno de los principales impulsores del globalismo, George Soros, encuentra ahora enfrente a figuras como Elon Musk, que disponen de una influencia económica similar y defienden postulados prácticamente opuestos.
El sentimiento nacional y sus efectos en la política local
En Estados Unidos, Donald Trump vuelve a mostrarse fuerte y seguro de sí mismo, hasta el punto de intentar convertirse en protagonista incluso durante la celebración del triunfo de España en el Mundial.
Y es precisamente ahí donde merece la pena detenerse para hablar de lo que ocurre en nuestro país.
A una parte de la izquierda le incomoda comprobar cómo la victoria de la Selección Española ha despertado un sentimiento de unidad nacional difícil de ignorar. La marca España ha conseguido reunir a millones de personas bajo una misma bandera y una misma celebración, justo cuando desde determinados sectores políticos se ha insistido durante años en acentuar las diferencias y los enfrentamientos.
También ha resultado especialmente incómodo para los partidos separatistas catalanes y vascos, así como para los tontos que defienden el catalanismo en la Comunidad Valenciana. (Y sí, utilizo el término «tonto» en su acepción recogida por la RAE: «persona con escaso entendimiento o razón». A mi juicio, sostener postulados catalanistas en Valencia encaja perfectamente en esa definición).
Lo que más les duele no es ver a millones de españoles celebrando un título deportivo. Lo verdaderamente incómodo para ellos es comprobar que, pese a años de discursos orientados a debilitar la identidad nacional común y promover la división para un mayor control de la población, el sentimiento de pertenencia a España sigue plenamente vivo y es capaz de aflorar con una fuerza extraordinaria cuando surge una ocasión como esta.
Igual que a los profesores del STEPV, tantos años intentando enseñar y adoctrinar a los niños de nuestra tierra que no somos españoles y que pertenecemos a una entelequia llamada «Paisos Catalans» y resulta que los están viendo con camisetas de España celebrando junto a sus padres el triunfo de la Selección con alegría y sentimiento español. ¡Ah! y hablando en español, no en el catalán de la AVL que ellos promueven.
Todo ello conforma un panorama muy poco alentador para la izquierda. Y si, además, no vuelven a repetirse episodios tan controvertidos como las irregularidades denunciadas en las primarias del PSOE o las polémicas relacionadas con el voto exterior, el panorama electoral del próximo año podría ser todavía más complicado para ellos, tanto en las elecciones generales como en las autonómicas y municipales.
La marca «izquierda» atraviesa una evidente crisis de credibilidad. Su imagen se deteriora día tras día porque, al final, la mayoría de los ciudadanos aspira a algo muy sencillo: vivir con tranquilidad, estabilidad y sin sentirse permanentemente manipulados. Y esa es precisamente la sensación que muchos creen haber perdido con la izquierda al frente de las instituciones.
Los noto nerviosos y descolocados. La polémica con Ferran Torres y su metedura de pata tremenda es una muestra.
Y es que sus postulados están caducos, manipulados y cada vez se los cree menos gente.
¿Izquierda? No, gracias.
Prefiero vivir tranquilo y ser feliz.
















