- La histórica espada conservada por el Ayuntamiento de Valéncia volverá a las calles este 9 d’octubre, cincuenta años después de su última salida. ¿Empuñó realmente esta arma Jaume I? La documentación obliga a ser prudentes: no puede demostrarse, pero tampoco existen fundamentos suficientes para despacharla simplemente como una «espada falsa».
Este 9 d’octubre de 2026 tendrá en Valéncia un significado excepcional. Se cumplen 750 años de la muerte de Jaume I, fallecido en 1276, y junto a la Reial Senyera aparecerá nuevamente una de las reliquias históricas más singulares conservadas por la ciudad: la tradicionalmente conocida como espada de Jaume I.
La pieza regresará a la Processó Cívica cincuenta años después de su última salida, en 1976, cuando Valéncia conmemoró el VII centenario de la muerte del Conquistador. El Ayuntamiento ha recuperado para 2026 un ceremonial que hunde sus raíces documentales en el siglo XVII.
Pero el regreso de la espada ha reabierto una vieja cuestión: ¿Es realmente la espada que empuñó Jaume I? La respuesta históricamente rigurosa no puede reducirse a un sí o a un no.
Una espada rodeada por ocho siglos de memoria
Jaume I nació en Montpellier en 1208 y murió en 1276. Su figura está indisolublemente ligada a la historia valenciana por la conquista de la ciudad de Valéncia en 1238 y por la constitución y organización política del nuevo Reino de Valencia. A lo largo de los siglos, diversos objetos quedaron asociados a la memoria del monarca. Entre ellos se encuentra la espada conservada actualmente en el Museo Histórico Municipal de Valéncia.
La tradición la identificó como arma del Conquistador. Ahora bien, una tradición histórica, por antigua que sea, no equivale automáticamente a una prueba arqueológica. No conocemos una cadena documental completa que permita seguir inequívocamente esta pieza concreta desde las manos de Jaume I en el siglo XIII hasta su conservación municipal siglos después.
Y esta ausencia resulta fundamental. Para poder afirmar categóricamente que esa espada concreta fue empuñada por Jaume I, necesitaríamos acreditar su procedencia, cronología y transmisión histórica con una documentación que actualmente no permite llegar tan lejos. Por eso resulta especialmente significativa la prudencia empleada en algunas informaciones actuales: se habla de una espada tradicionalmente atribuida al monarca.
Esa es, probablemente, la expresión históricamente más correcta. Pero de ahí tampoco se desprende que estemos ante una falsificación.
1666: la fecha fundamental
Para conocer la verdadera dimensión histórica de la espada tenemos que retroceder nada menos que 360 años. El 9 de octubre de 1666, Valéncia celebró solemnemente el aniversario de la conquista. Y aquel año ocurrió algo extraordinariamente importante para nuestra investigación: la espada salió públicamente en la procesión. No estamos ante una tradición oral reconstruida siglos después. El acontecimiento quedó reflejado documentalmente.
El Ayuntamiento de Valéncia señala que la incorporación de la espada al ceremonial del 9 d’octubre se produjo precisamente en 1666, cuando la ciudad consideró que una pieza tan estrechamente vinculada a la memoria de la conquista no debía permanecer oculta durante una jornada de aquella importancia.
Tenemos, además, otro testimonio excepcional. Gaspar Blai Arbuixech pronunció aquel 9 d’octubre su célebre Sermó de la S. Conquista de la molt insigne, noble, leal e coronada ciutat de València, impreso ese mismo año por Jeroni Vilagrassa.
La propia descripción bibliográfica histórica del sermón relaciona expresamente aquella celebración con la nueva salida procesional de la denominada espada o Tizona atribuida a Jaume I. La existencia de la obra de Arbuixech de 1666 está asimismo documentada por estudios académicos posteriores.
Por tanto, hay algo que podemos afirmar con bastante seguridad: en 1666 la espada ya era considerada en Valéncia una reliquia vinculada a Jaume I.
Y eso cambia considerablemente el debate. Joan Baptista de Balda y el ceremonial de 1667. La documentación continúa inmediatamente después. En 1667, Joan Baptista de Balda dejó constancia del ceremonial de las festividades municipales.
Según la documentación histórica recuperada por el propio Ayuntamiento, el encargado de tomar la espada era el Racional, importante funcionario municipal responsable del control y fiscalización de las cuentas de la ciudad. El Racional debía tomar el arma y llevarla al hombro durante la procesión.
Este detalle es mucho más importante de lo que pudiera parecer. Nos demuestra que la espada no era simplemente una curiosidad guardada en alguna dependencia municipal. Había adquirido ya un papel ceremonial institucional. La ciudad la mostraba públicamente como representación material de su memoria de la conquista.
Así comienza documentalmente una segunda vida de la espada. Aunque no podamos demostrar que acompañó al rey en 1238, sí podemos demostrar que durante siglos acompañó a Valéncia en el recuerdo de 1238. Y esa diferencia es esencial.
La espada reaparece en las grandes conmemoraciones
La presencia pública de la pieza no terminó en el siglo XVII. Con el paso de las generaciones, la espada fue apareciendo vinculada a las grandes celebraciones de la conquista. Uno de los episodios más significativos tuvo lugar en 1838, durante la conmemoración del VI centenario de la conquista de Valéncia.
La celebración tuvo como protagonistas diversas reliquias históricas vinculadas a Jaume I y a la conquista. Las fuentes sobre aquella conmemoración describen nuevamente la presencia de la espada en los actos solemnes. Estamos ya ante una continuidad extraordinaria: 1666 — 1838 — 1976 — 2026. Cuatro fechas separadas por siglos, pero unidas por el mismo objeto y por una misma memoria histórica.
1976: la última salida
En 1976 se cumplieron setecientos años de la muerte de Jaume I. Valéncia volvió entonces a recuperar la espada para las celebraciones conmemorativas. Fue su última salida pública en la Processó hasta nuestros días.
El Ayuntamiento confirma que la pieza recorrió por última vez las calles en 1976 y que en 2026 volverá a hacerlo exactamente medio siglo después, coincidiendo nuevamente con un aniversario de la muerte del Conquistador. Hay, por tanto, una lógica histórica detrás de su recuperación: la espada ha quedado especialmente asociada a las grandes efemérides jauminas.
Entonces, ¿es falsa la espada? Aquí debemos emplear las palabras con enorme precisión. Decir: «No está demostrado que fuese la espada personal de Jaume I» es históricamente razonable.
Pero decir: «Está demostrado que la espada es falsa» es una afirmación completamente diferente y necesitaría sus propias pruebas. Para hablar propiamente de falsificación habría que demostrar, entre otras posibilidades, que fue fabricada posteriormente con la intención de hacerla pasar fraudulentamente por un arma de Jaume I, o disponer de análisis científicos que descartasen su cronología tradicional.
Con las fuentes documentales que hemos podido contrastar, no existe base suficiente para presentar esa conclusión como un hecho demostrado. Y tampoco debemos cometer el error contrario: la existencia de una tradición desde 1666 no demuestra que la espada proceda de 1238. La documentación prueba la antigüedad de la tradición, no necesariamente la autenticidad material de la atribución. Esta distinción debería presidir cualquier investigación seria sobre la pieza.
Una investigación que todavía podría decirnos mucho
Existe además una cuestión fascinante que merecería un estudio científico específico. Una espada es un objeto susceptible de investigación arqueológica y arqueo metalúrgica. Su hoja, empuñadura, guarda, pomo, técnicas de forja, composición del metal y sucesivas restauraciones pueden aportar información sobre su cronología.
Un estudio interdisciplinar moderno podría intentar determinar qué partes son antiguas, cuáles pudieron modificarse posteriormente y a qué periodo corresponde técnicamente el arma. Pero incluso si semejante investigación demostrase que la hoja pertenece al siglo XIII, todavía quedaría un último salto imposible de realizar sin documentación: demostrar que perteneció personalmente a Jaume I. Una cosa es fechar un objeto y otra identificar a su propietario.
La diferencia entre autenticidad y valor histórico
Existe, finalmente, otra cuestión que muchas veces olvidamos. El valor histórico de un objeto no depende exclusivamente de que la tradición que lo rodea pueda demostrarse literalmente. Supongamos que algún día una investigación científica concluyera que la espada conservada en Valéncia fue fabricada después de la muerte de Jaume I.
¿Dejaría entonces de tener valor histórico? En absoluto.
Seguiríamos teniendo delante una pieza que sabemos documentalmente que Valéncia asociaba al Conquistador ya en el siglo XVII, que participó en ceremonias públicas, que fue custodiada por las instituciones municipales y que acompañó durante generaciones las conmemoraciones de uno de los acontecimientos fundamentales de la historia valenciana.
En ese supuesto dejaría de ser una posible reliquia material del rey, pero continuaría siendo una extraordinaria reliquia de la memoria valenciana sobre el rey. Son dos valores históricos diferentes.
2026: la espada vuelve a las calles de Valéncia
Y llegamos nuevamente al presente. Este 9 d’octubre de 2026, coincidiendo con el 750 aniversario de la muerte de Jaume I, la espada volverá a acompañar a la Reial Senyera por las calles de Valéncia.
El Ayuntamiento ha dispuesto además que la espada sea custodiada durante la Processó Cívica por el interventor general municipal, Ramón Brull Mandingorra, recuperando simbólicamente aquella función que en el siglo XVII correspondía al Racional. La pieza irá sobre un cojín preparado para la ocasión y acompañada por maceros y conservadores municipales.
Antes de la celebración, la espada y la Reial Senyera podrán contemplarse conjuntamente en el Salón de Cristal de la Casa Consistorial. El Ayuntamiento ha programado su exposición entre los días 6 y 8 de octubre. Es una imagen que Valéncia no contemplaba desde hace cincuenta años.
Ni certeza absoluta ni desprecio de la tradición
La Historia raramente permite respuestas tan simples como nos gustaría. No disponemos actualmente de pruebas suficientes para afirmar categóricamente que la espada conservada por el Ayuntamiento sea aquella que Jaume I llevó consigo durante la conquista de Valéncia en 1238. Pero tampoco resulta históricamente riguroso transformar esa ausencia de certeza en la afirmación de que estamos ante una «espada totalmente falsa».
Entre ambas afirmaciones existe un enorme territorio documental. Y precisamente ahí se encuentra la verdadera historia. Sabemos que en 1666 ya estaba vinculada públicamente a Jaume I; sabemos que formó parte del ceremonial valenciano; sabemos que fue mostrada en grandes conmemoraciones posteriores; sabemos que volvió a salir en 1976 y sabemos que regresará este 9 d’octubre de 2026.
Son, como mínimo, 360 años de historia documental alrededor de la pieza. Quizá nunca podamos saber con absoluta certeza quién empuñó por primera vez aquella hoja.
Pero sí sabemos quién la convirtió en símbolo: generaciones de valencianos que, durante siglos, la conservaron como parte de la memoria de Jaume I y de la conquista de Valéncia.
Y esa historia, perfectamente documentable, merece ser contada con el mismo rigor con el que debemos reconocer aquello que todavía no podemos demostrar.
Pedro Fuentes Caballero
Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana correspondiente por Dénia
Presidente de la Asociación Cultural Roc Chabàs de Dénia
Agregado colaborador de la Sección de Cronistas Oficiales del Reino de la Real Academia de Cultura Valenciana










