Difícilmente se puede hablar de visa estricta en la Malvarrosa hasta hace no más de 200 años. El barrio “nacido del agua” era una zona pantanosa o marjal, donde casi resultaba más fácil desplazarse en barca que a pie. Incluso en tiempos de Jaume I, el territorio situado entre València y el Grau estaba marcado por la presencia de marjales. En el Llibre dels fets, el propio monarca relata su avance hacia el Grau en 1238 y menciona cómo atravesaron un “almarge”, término medieval utilizado para referirse a una zona pantanosa, antes de continuar junto al mar. «passam a un pas que Nos havíem feyt al almarge, e anam-nos-en riba mar tro al Grau…».
¿Cómo se convirtió esta zona en un lugar habitable? En 1848 llegó a Valencia Félix Robillard, un botánico francés que fue contratado como jardinero mayor del Jardín Botánico. Durante su estancia comenzó a trabajar en la mejora de los terrenos de la zona de la Malvarrosa, donde llegó a establecer su residencia y un importante establecimiento de horticultura.

En 1856 adquirió una gran extensión de terrenos al norte del Cabanyal, dedicándolos al cultivo de distintas plantas y, especialmente, de la malvarrosa, un tipo de geranio conocido científicamente como Pelargonium capitatum. Esta planta se adaptaba bien a las características húmedas de la zona y, además, era apreciada por sus aceites esenciales, que podían emplearse en la elaboración de perfumes y esencias.
En 1860 Robillard puso en marcha una fábrica de esencias situada entre la actual plaza de Vera y la avenida de la Malvarrosa. Allí producía esencias de malvarrosa, verbena, artemisia y nardos, además de aceite de almendras, ganándose el puesto de primera fábrica de esencias de España y de jabones de tocador.

Los productos de Robillard alcanzaron también reconocimiento internacional. Sus esencias fueron presentadas en la Exposición de Londres de 1862 y en la de París de 1867. Su actividad contribuyó a dar a conocer tanto sus productos como el nombre de Valencia fuera de España.


Robillard continuó adquiriendo terrenos en la zona hasta 1882, impulsando el cultivo de la malvarrosa y transformando progresivamente aquel antiguo paisaje de marjal con la planta que terminaría dando nombre al barrio. Robillard falleció en Valencia en 1888 y fue enterrado en el cementerio del Cabanyal.
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