La DANA pierde la calle con apenas 3.500 personas en una manifestación convertida en escaparate político

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Porecos valencia

noviembre 1, 2026
  • La movilización del segundo aniversario de la tragedia evidencia un importante desgaste de la protesta ciudadana. Con el lema «Consell dimissió», la convocatoria volvió a señalar directamente al PP y a Carlos Mazón, mientras el debate político se impuso sobre una reivindicación que nació para reclamar memoria, verdad y justicia para las víctimas
  • Una vez más «olvidaron» pedir responsabilidades al Gobierno de Sánchez por su tardanza de cuatro días en enviar ayudas a Valencia

Valencia volvió ayer a salir a la calle para recordar a las víctimas de la DANA del 29 de octubre de 2024. Pero lo hizo con una asistencia que difícilmente puede calificarse de multitudinaria. Apenas 3.500 personas, según la estimación de la Delegación del Gobierno, secundaron la manifestación convocada con motivo del segundo aniversario de la tragedia. Una cifra especialmente significativa si se compara con las decenas de miles de ciudadanos que participaron en las movilizaciones del primer aniversario.

La diferencia no es menor. Dos años después de la mayor tragedia reciente sufrida por la provincia de Valencia, la protesta parece haber perdido buena parte de su capacidad de convocatoria. Y esa pérdida de respaldo ciudadano merece una reflexión que va más allá de las explicaciones meteorológicas o de las circunstancias excepcionales que rodearon la jornada.

La manifestación estaba convocada para recordar a las 234 personas fallecidas, acompañar a sus familiares y reclamar responsabilidades por la gestión de la emergencia. Sin embargo, el desarrollo de la protesta volvió a poner de manifiesto una dimensión inequívocamente política, con el Gobierno autonómico y el Partido Popular en el centro de todas las críticas.

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Del dolor de las víctimas al protagonismo de las consignas políticas

El lema elegido para esta ocasión, «Consell dimissió», marcaba desde el principio el carácter político de la convocatoria. La exigencia de responsabilidades al Ejecutivo valenciano, la reclamación de que Carlos Mazón abandone su escaño y las consignas contra el Partido Popular ocuparon un espacio central en la movilización.

La reivindicación de justicia para las víctimas es legítima y necesaria. Nadie debería discutir el derecho de las familias a exigir explicaciones, reparación y responsabilidades. Otra cuestión es que una movilización que pretende representar el sentimiento de toda una sociedad termine identificándose de manera tan evidente con un determinado espacio de confrontación política.

La protesta volvió a concentrar sus críticas en el PP y en el anterior presidente de la Generalitat, mientras que las responsabilidades de otras administraciones y los posibles fallos de coordinación institucional no tuvieron un protagonismo comparable en las consignas de la calle.

Esa asimetría alimenta la percepción de que una parte de la movilización ha quedado atrapada en una dinámica de confrontación partidista. La memoria de las víctimas debería estar por encima de las siglas y no convertirse en patrimonio de ningún bloque político.

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3.500 personas: una cifra que invita a reflexionar

El dato de participación es, probablemente, el elemento más significativo de la jornada.

Frente a las grandes movilizaciones del primer aniversario, la convocatoria de ayer reunió a poco más de 3.500 personas. Es una diferencia considerable que obliga a preguntarse por qué una causa que conmocionó a toda España ha perdido tanta capacidad de movilización en tan poco tiempo.

Es cierto que la convocatoria coincidió con una jornada complicada. La lluvia, el amplio dispositivo policial desplegado por las amenazas de disturbios atribuidas a Blocus y las recomendaciones municipales de evitar el centro pudieron influir en la asistencia.

Pero esas circunstancias no explican necesariamente toda la diferencia. También cabe preguntarse si la reiteración de los mismos mensajes, la creciente politización de las convocatorias y la ausencia de una estrategia capaz de ampliar el consenso social han contribuido al desgaste.

Una tragedia de semejante magnitud no puede quedar reducida a una movilización periódica de los sectores que ya están convencidos. La exigencia de responsabilidades necesita respaldo social amplio y transversal.

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Una protesta con destinatario político muy definido

Durante el recorrido, que partió de la plaza de la Virgen y concluyó en la plaza del Ayuntamiento, se escucharon consignas como «Mazón a prisión», «Consell dimissió» y «Partido Popular, partido criminal».

El manifiesto final insistió en las responsabilidades del anterior Consell y reclamó que Mazón abandone su condición de diputado para facilitar su comparecencia ante la jueza instructora.

Sin embargo, el debate sobre la gestión de una emergencia de semejante magnitud debería permitir analizar la actuación de todas las instituciones implicadas, sin excepciones ni zonas de sombra. La exigencia de transparencia no puede funcionar únicamente en una dirección.

Tampoco resulta conveniente confundir las responsabilidades políticas con las penales, cuya determinación corresponde a los tribunales. La investigación judicial debe avanzar sin interferencias y con todas las garantías.

La memoria de las 234 víctimas exige precisamente eso: rigor, transparencia y ausencia de instrumentalización.

Las víctimas no pueden ser patrimonio de ningún partido

Quizá la principal lección de esta jornada sea que el dolor no garantiza indefinidamente la movilización y que la legitimidad moral de una reivindicación no convierte automáticamente cualquier planteamiento político en una posición compartida por toda la sociedad valenciana.

Las familias tienen derecho a seguir reclamando justicia. Merecen respeto, atención y respuestas. Pero también es legítimo analizar críticamente el formato, los mensajes y la capacidad de convocatoria de las organizaciones que impulsan estas manifestaciones.

Ayer Valencia ofreció una imagen muy distinta de la del primer aniversario. La protesta se celebró, las reivindicaciones volvieron a escucharse y los familiares mantuvieron vivo el recuerdo de sus seres queridos. Pero la calle ya no respondió con la misma intensidad.

Tres mil quinientas personas no son pocas cuando se trata de acompañar a unas familias que han perdido a sus seres queridos. Pero sí constituyen una cifra modesta cuando se pretende presentar una manifestación como el gran clamor de toda una sociedad.

Dos años después de la DANA, Valencia sigue necesitando verdad, justicia y prevención. Lo que no necesita es que una tragedia de esta dimensión quede atrapada en una batalla permanente entre partidos. Las víctimas merecen mucho más que convertirse en protagonistas involuntarias de la confrontación política.

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