- Las camisetas verdes son cada día más impopulares
- Hay quien se pregunta si también intetarán politizar las fallas com sucedió con la «Intifalla»
Un cartel que circula por los grupos de WhatsApp de distintos colectivos de profesores invita a politizar la Tomatina y a aprovechar el tirón de una fiesta tan conocida como la de Buñol para hacer publicidad de sus reivindicaciones. Todo ello, además, mientras la Conselleria sigue negociando y trabajando para intentar atender sus peticiones.
Viendo lo que están haciendo, uno se pregunta si estarán pensando hacer algo parecido también en Fallas. Porque la experiencia que tenemos en Valencia con la «Intifalla» ya dejó claro que este tipo de acciones no generan precisamente simpatía. Al contrario: provocan rechazo y terminan volviendo contra quienes las promueven unas reivindicaciones que, en principio, deberían ser las protagonistas.
La pérdida de apoyo y la división interna
Algo parecido ocurre ya con las camisetas verdes. Han dejado de ser un símbolo simpático o respetado fuera del ámbito de la enseñanza para convertirse en un elemento de rechazo. Y no es casualidad. Los objetivos que dicen defender están cada vez más lejos de la imagen que pretenden proyectar, como hemos podido comprobar durante los últimos meses.
Dejar a miles de niños sin final de curso, cortar calles de manera indiscriminada y mantener una actitud prepotente y chulesca ante una situación que afecta a familias, alumnos y al conjunto de la sociedad no ayuda precisamente a generar apoyos. Y ese rechazo no se limita a quienes están fuera de la enseñanza.
También dentro de los propios centros educativos se ha hecho evidente la división. En muchos colegios, los convocantes de las huelgas han reprochado a sus propios compañeros que no estaban de acuerdo con las movilizaciones que no se sumaran a ellas. Una manera bastante peculiar de entender la libertad y la tolerancia: parecen existir mientras uno piense como ellos. Cuando no es así, llegan las etiquetas de «esquiroles» y, en algunos casos, incluso los insultos.
Poca representatividad detrás del ruido mediático
Porque hay una frase que conviene recordar cuando el relato empieza a sustituir a la realidad: dato mata relato.
En la votación para decidir si continuaba la huelga, de los 83.000 profesores llamados a participar solo lo hicieron alrededor de 9.000. De ellos, unos 7.000 votaron a favor de continuar. En términos relativos, puede decirse que cerca del 80% de quienes votaron querían seguir con la huelga. Pero en términos absolutos, los que votaron por continuar no llegan ni al 8% del total.
Mucho ruido, por tanto, pero pocas nueces.
Y eso es precisamente lo que parecen pretender ahora con la Tomatina: hacer ruido. Utilizar una fiesta que pertenece a todos para exhibir unas camisetas verdes que cada vez parecen tener menos de reivindicación educativa y más de reivindicación política. Mucho mensaje, mucha pancarta y mucha consigna, pero cada vez menos capacidad para convencer a quienes no forman parte de su círculo.
Porque, al final, todo conduce a la misma conclusión que vengo señalando desde el principio de esta huelga: cuesta cada vez más creer que estamos ante un conflicto exclusivamente educativo. La deriva política resulta demasiado evidente.
Y si su objetivo es mantener el conflicto vivo hasta mayo, a la espera de que el calendario electoral vuelva a poner en el poder en la Comunidad Valenciana a quienes hoy pueden encontrar en estas movilizaciones un aliado, quizá sería mejor que lo dijeran abiertamente.
Lo que cada vez parece más claro es que una cosa es reivindicar y otra muy distinta intentar apropiarse de las fiestas de todos para convertirlas en el escenario de una batalla política.
La Tomatina es de Buñol, no de ningún sindicato ni de ningún colectivo de profesores.
Esperemos que quienes organizan y protegen una fiesta mundialmente conocida no permitan que termine ensombrecida por quienes han decidido convertir cualquier escenario en un altavoz para sus reivindicaciones.
Hay momentos para protestar y lugares para hacerlo. La Tomatina no debería ser uno de ellos.
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