Cuando empezamos a ir a los toros, una de las imágenes que más nos llama la atención es la de un torero saliendo a hombros por la puerta grande. Es el símbolo de una tarde triunfal, el reconocimiento a una gran actuación y uno de los momentos más esperados por cualquier aficionado.
Pero hay algo que quizá no todo el mundo sabe: para salir por la puerta grande no basta siempre con cortar una oreja a cada toro (dos en total).
Los requisitos cambian dependiendo de la plaza. Y si queremos entender realmente lo que significa un triunfo, conviene conocer sus reglas.
Las orejas: el premio a la faena
Al finalizar la faena, el público puede solicitar la primera oreja mediante el pañuelo blanco. La primera oreja se concede cuando existe una petición mayoritaria y notoria del público, mientras que la segunda queda a criterio de la presidencia, que debe valorar aspectos como las condiciones del toro, la labor realizada durante los distintos tercios y, especialmente, la ejecución de la estocada.
Las orejas son, por tanto, mucho más que un premio simbólico: son las que determinan buena parte de la valoración de una tarde.
Y aquí llega lo interesante.
Una oreja a cada toro no siempre significan puerta grande
En muchas plazas, conseguir dos orejas una a cada toro durante la tarde permite al torero salir a hombros. Pero en algunas plazas cuentan con un requisito más exigente: las dos orejas deben haberse cortado al mismo toro para poder salir a hombros por la puerta grande.
En plazas como Vista Alegre de Bilbao, La malagueta, o la de Zaragoza, por ejemplo, ocurre esto.
Y entonces llegamos a Sevilla…
Si hay una puerta que representa el triunfo en la tauromaquia, esa es la Puerta del Príncipe de la Real Maestranza de Sevilla.
Real Maestranza de Caballería de Sevilla tiene una tradición especialmente exigente: son necesarias tres orejas para salir a hombros por la Puerta del Príncipe en una corrida convencional.
Una puerta, una historia
Salir a hombros no es simplemente abandonar la plaza de una manera diferente. Es entrar en la historia de ese coso.
Así que la próxima vez que estés en el tendido y escuches aquello de «¡Puerta grande!», ya sabrás que no todas las puertas se abren con la misma llave.
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