El veterinario especialista en caballos defiende una selección que una morfología, salud, biomecánica, carácter y capacidad para la equitación
El Pura Raza Española es reconocido en todo el mundo por su elegancia, sus movimientos expresivos y su inconfundible presencia. Sin embargo, valorar un caballo únicamente por su belleza puede conducir a una visión incompleta de la raza. Para el veterinario e hipólogo Guillermo García Palma, la verdadera calidad de un ejemplar debe encontrarse en el equilibrio entre morfología, salud, funcionalidad, temperamento y capacidad deportiva.
Durante la entrevista concedida a Ecos del Campo CV, el especialista abordó la estrecha relación existente entre la estructura física del caballo y su rendimiento. La morfología no debería entenderse como una simple cuestión estética. Cada parte del cuerpo influye en la manera de moverse, soportar el peso, mantener el equilibrio y responder a las ayudas del jinete.
Una conformación correcta facilita el trabajo, mientras que determinados defectos pueden limitar el rendimiento o aumentar el riesgo de lesiones. Por ese motivo, García Palma apuesta por analizar al caballo en movimiento y no solamente cuando permanece parado ante un juez o un posible comprador y con criterios anatómicos/funcionales y no exterioristas/superficiales que son los que hasta ahora suelen primar en los morfológicos de PRE.
La posición y longitud del cuello, la conformación del dorso, la orientación de la grupa, la fortaleza de las articulaciones o la calidad de los aplomos tienen consecuencias directas sobre la biomecánica. No basta con que un caballo ofrezca una imagen espectacular durante unos minutos. Debe ser capaz de trabajar de manera sostenible, conservar su salud y desarrollar correctamente los ejercicios para los que ha sido criado o entrenado.
El PRE posee cualidades naturales especialmente valiosas para la reunión. Su capacidad para flexionar las articulaciones posteriores, elevar el tercio anterior y trabajar con cadencia ha favorecido históricamente su presencia en la equitación clásica. No obstante, estas aptitudes naturales deben acompañarse de una buena preparación física y de un entrenamiento respetuoso.
García Palma insiste en que ningún caballo debería realizar ejercicios avanzados antes de estar preparado. La reunión no consiste simplemente en elevar las extremidades delanteras o acortar los trancos. Exige fuerza, equilibrio, impulsión y una correcta participación de los posteriores.
Cuando se fuerza una postura sin haber desarrollado previamente la musculatura necesaria, el caballo puede aparentar durante un momento que ejecuta un movimiento brillante, pero estará compensando el esfuerzo con otras zonas del cuerpo. A medio plazo, esas compensaciones pueden provocar tensiones, pérdida de calidad en los movimientos o problemas físicos.
La formación del jinete también resulta decisiva. Un buen caballo puede ver limitada su evolución cuando recibe ayudas contradictorias o cuando se le exige avanzar más deprisa de lo recomendable. Por el contrario, un trabajo progresivo permite desarrollar las cualidades naturales del animal y prolongar su vida deportiva.
En este proceso, el carácter constituye otra de las grandes fortalezas del caballo español. La capacidad de aprendizaje, la disposición para colaborar y la sensibilidad ante las ayudas han convertido al PRE en un compañero apreciado tanto por profesionales como por aficionados.
Esa nobleza no debe confundirse con falta de energía. El caballo español puede reunir fuerza, viveza y capacidad de reacción, pero necesita una educación que canalice esas cualidades. La selección debe buscar animales equilibrados mentalmente, capaces de trabajar con concentración y sin perder su personalidad.
El veterinario también pone el foco en la responsabilidad de los criadores. Elegir un semental o una yegua exclusivamente por sus premios, su popularidad o una característica exterior concreta puede generar desequilibrios. La cría exige estudiar el conjunto del ejemplar, su genealogía, su salud, sus movimientos y las características que puede transmitir a sus descendientes.
No todos los caballos tienen que perseguir el mismo objetivo. Algunos ejemplares mostrarán mejores condiciones para la doma clásica, otros para el enganche, la equitación de trabajo, la alta escuela o el ocio. La diversidad de aptitudes constituye precisamente una de las riquezas de la raza.
El reto consiste en no perder funcionalidad por perseguir modas. Cuando la selección se concentra exageradamente en una determinada forma de cuello, una elevación llamativa de las manos o una apariencia concreta, existe el riesgo de dejar en segundo plano la calidad general del caballo.
Los concursos morfológicos desempeñan una función importante en la promoción y valoración del PRE, pero deben formar parte de un análisis más amplio. La pista ofrece una fotografía puntual del ejemplar. Su verdadera calidad se comprueba también en el trabajo diario, en su evolución, en su capacidad para mantenerse sano y en la utilidad que demuestra bajo la silla.
El crecimiento internacional del Pura Raza Española abre una enorme oportunidad. Cada vez más jinetes buscan caballos expresivos, manejables y capaces de avanzar en la competición. Para aprovechar esa demanda, la raza debe continuar evolucionando sin renunciar a las características que la hacen diferente.
Ciencia y tradición no deberían caminar por separado. Los avances veterinarios, los estudios biomecánicos y las herramientas de selección genética pueden ayudar a tomar decisiones más precisas. Al mismo tiempo, la experiencia acumulada por los ganaderos continúa siendo imprescindible para interpretar al caballo más allá de los números.
La reflexión de Guillermo García Palma sitúa al bienestar en el centro de todo el proceso. Criar mejores caballos no significa producir ejemplares más espectaculares, sino animales sanos, equilibrados y capaces de desarrollar sus aptitudes sin sufrir exigencias incompatibles con su naturaleza.
El futuro del PRE dependerá de esa mirada completa. La belleza seguirá siendo una de sus grandes señas de identidad, pero deberá ir acompañada de funcionalidad, salud y carácter. Solo así el caballo español podrá conservar su esencia y, al mismo tiempo, responder a las demandas de la equitación del siglo XXI.
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