El Pura Raza Española, el caballo que conquistó las cortes de Europa

El hipólogo y veterinario Guillermo García Palma repasa en Ecos del Campo CV la época de máximo esplendor del caballo español, convertido durante siglos en símbolo de prestigio, poder y alta equitación en las principales cortes europeas.

Hubo un tiempo en el que poseer un caballo español era una demostración de prestigio. Reyes, nobles y caballerizos de las grandes cortes europeas buscaban ejemplares procedentes de España, mientras el caballo que hoy conocemos como Pura Raza Española comenzaba a ejercer una influencia extraordinaria sobre la equitación y la cría europea.

El hipólogo y veterinario Guillermo García Palma, profundo conocedor y defensor del caballo español, ha repasado junto a Alejandro Cortés en Ecos del Campo CV uno de los periodos más apasionantes de la historia ecuestre: aquel en el que el caballo español se convirtió en uno de los grandes símbolos internacionales de España.

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Siglos de selección antes del nacimiento del PRE

Para García Palma, la historia no comienza de repente con la creación formal de una raza. El caballo llevaba siglos formando parte de la vida, la guerra, la cultura y la organización social de la Península Ibérica.

Desde las antiguas civilizaciones mediterráneas hasta los diferentes reinos peninsulares y las órdenes militares de caballería, el caballo estuvo íntimamente ligado al desarrollo histórico español.

Calatrava, Santiago, Alcántara o Montesa son algunos de los ejemplos que aparecen durante la conversación para mostrar hasta qué punto caballo, sociedad y poder estuvieron unidos durante siglos.

Todo ese conocimiento acumulado acabaría cristalizando en un caballo seleccionado con unas características propias.

Felipe II y las Caballerizas Reales de Córdoba

Uno de los momentos fundamentales del relato llega con Felipe II y las Caballerizas Reales de Córdoba.

García Palma explica que se llevó a cabo una estricta selección de yeguas y sementales, reuniendo algunos de los mejores ejemplares disponibles y rodeando el proyecto de personas con profundos conocimientos ecuestres.

No se trataba únicamente de criar buenos caballos.

El caballo debía representar también una determinada imagen de España.

En plena expansión e influencia de la Monarquía Hispánica, aquel animal de presencia majestuosa, movimientos destacados y aptitudes para la equitación se convirtió también en una magnífica carta de presentación ante otras cortes.

El caballo español era, en palabras del propio García Palma durante la entrevista, uno de los productos más codiciados de aquella España.

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Un caballo reservado para reyes y nobles

La exclusividad aumentaba todavía más su prestigio.

Según explica el hipólogo, determinados caballos estaban especialmente controlados y algunos ejemplares podían convertirse en obsequios del monarca a miembros de otras casas reales, infantes o personalidades relacionadas con la Corona.

Poseer uno tenía, por tanto, un componente que iba mucho más allá de la equitación.

Era también una cuestión de representación social.

El caballo español comenzó así a estar presente en algunas de las principales cortes europeas y a convertirse en objeto de deseo entre quienes dirigían sus caballerizas.

España también exportó conocimiento ecuestre

Pero quizá uno de los aspectos más interesantes de la conversación con Guillermo García Palma es que España no solamente produjo caballos.

También produjo cultura ecuestre y conocimiento.

Durante la entrevista aparecen nombres como Pedro Fernández de Andrada o Pedro de Aguilar, autores españoles que escribieron sobre manejo, reproducción, características del caballo y formas de montar.

García Palma reivindica precisamente el valor de aquellos tratadistas y lamenta que España no haya sabido divulgar internacionalmente su propia tradición ecuestre con la misma intensidad que otros países hicieron posteriormente con sus autores.

Y esa cuestión resulta especialmente importante.

Porque cuando se habla de la historia de la equitación europea suelen aparecer grandes maestros franceses, ingleses o centroeuropeos. Sin embargo, la tradición española ya había producido anteriormente obras y conocimientos ecuestres de enorme interés.

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El caballo español y la Alta Escuela europea

La influencia continuó extendiéndose.

Durante la conversación aparece William Cavendish, duque de Newcastle, así como otros grandes nombres de la equitación europea, dentro de un contexto en el que los caballos españoles gozaban de enorme consideración.

También ocupa un lugar destacado la relación con los lipizzanos y la Escuela Española de Equitación de Viena.

García Palma recuerda la llegada de caballos españoles a los territorios de los Habsburgo y sostiene que la influencia española resultó determinante en el desarrollo de poblaciones equinas que posteriormente adquirirían identidad propia.

No es casualidad, por tanto, que una de las instituciones ecuestres más famosas del mundo conserve todavía hoy en su denominación la palabra “Española”.

Cuatro siglos de influencia

La tesis que García Palma defiende durante la conversación es contundente: durante aproximadamente cuatro siglos, el caballo español ejerció una enorme función como mejorador de otras poblaciones y razas europeas.

Su influencia, explica, puede rastrearse en diferentes caballos europeos y en tradiciones ecuestres que posteriormente desarrollarían características propias.

El PRE no sería así únicamente una raza española de extraordinario valor histórico.

Sería también una pieza fundamental para comprender la evolución del caballo de silla europeo.

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Prestigio, funcionalidad y belleza

El éxito del caballo español tampoco puede explicarse únicamente por su belleza.

García Palma diferencia durante la entrevista dos vertientes que caminaron paralelamente.

Por un lado estaba el caballo como elemento de prestigio, representación y majestuosidad. Era el ejemplar que permitía mostrar poder en ceremonias, desfiles y actos públicos.

Pero, junto a ello, existía otra dimensión mucho más profunda: la del caballo seleccionado por verdaderos hombres de caballo buscando cualidades físicas, funcionalidad, capacidad para el trabajo y aptitudes psicológicas.

Esa combinación contribuyó a construir el caballo español.

Un patrimonio que España debe saber contar

La conversación deja finalmente una reflexión especialmente actual.

España posee una de las historias ecuestres más importantes del mundo, pero no siempre ha sabido explicarla ni convertirla en un elemento de proyección internacional.

Mientras otros países han promocionado magníficamente sus escuelas, sus maestros y sus razas, buena parte de la tradición ecuestre española continúa siendo desconocida incluso dentro de nuestras fronteras.

Recuperarla no significa vivir únicamente del pasado.

Significa comprender de dónde procede el Pura Raza Española, valorar los siglos de selección que existen detrás de cada ejemplar y entender por qué el caballo español llegó a convertirse en un auténtico símbolo internacional.

Porque antes de que existieran muchas de las grandes razas deportivas actuales, Europa ya miraba hacia España buscando caballos.

Y esa historia forma parte del enorme patrimonio cultural y ecuestre del PRE.

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