Las candidatas a Fallera Mayor de Valencia 2027 del sector Quatre Carreres

PorPepe Herrero

agosto 31, 2026

El sector de Quatre Carreres eligió el pasado mes de julio a sus candidatas a fallera mayor de Valencia 2027.

Hoy conocemos un poco más de cerca a las seis elegidas y descubrimos sus historias, su trayectoria fallera y sus sueños de cara a este año tan especial.

Puedes ver todas las entrevistas a las preseleccionadas en este enlace: https://www.youtube.com/playlist?list=PLfQBVkHvj_9s

Sofía Perera, una preseleccionada que todavía vive «en una nube»

Sofía Perera Gómez, de diez años, representa a la comisión Pianista Martínez Carrasco-Eslida y afronta con ilusión y emoción su camino hacia la elección de la Corte de Honor Infantil y la Fallera Mayor Infantil de València.

Todavía le cuesta creérselo. Sofía Perea Gómez tiene diez años y, desde que escuchó su nombre entre las preseleccionadas, vive una experiencia que ella misma define como un sueño. «Aún no soy consciente», reconoce con una mezcla de emoción e incredulidad. Si el mismo día de la preselección todo parecía suceder a toda velocidad, fue al día siguiente cuando comenzó a asimilar realmente lo que había ocurrido.

El momento del nombramiento permanece especialmente vivo en su memoria. Sofía recuerda que escuchó su nombre, pero que durante unos instantes no sabía muy bien cómo reaccionar. «No sabía qué hacer, no sabía reaccionar y me puse súper emocionada», cuenta. Después llegó uno de los instantes más especiales de aquella noche: recorrer la pasarela y abrazar a Carmen. «Ese momento fue súper chulo», recuerda con una sonrisa.

La pasarela, además, tiene para ella una curiosa dimensión. Mientras espera a que llegue su número, el recorrido parece hacerse largo. Sin embargo, cuando finalmente escucha su nombre y comienza a desfilar, todo pasa demasiado rápido. «Se me hace súper corta», explica. Una sensación que resume perfectamente la intensidad de una noche que difícilmente olvidará.

Una niña con muchas ganas de disfrutar

Sofía encara esta aventura acompañada por su familia y por su comisión, a la que considera una auténtica segunda familia. Sus padres, Bea y Manolo, y su hermana María están viviendo también de cerca cada uno de los momentos de este año tan especial.

María, de hecho, no oculta la emoción. Sofía cuenta entre risas que su hermana ya empieza a sentir que todo este proceso es un auténtico «convoy», aunque también tiene claro que hay que disfrutar de un sueño como este.

En su día a día, Sofía combina los estudios con sus aficiones. El próximo curso comenzará sexto y, fuera del colegio, disfruta especialmente de la lectura. Le gustan las historias de aventuras y actualmente está leyendo Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, un libro que reúne historias de mujeres que cambiaron el mundo. También practica balonmano y estudia inglés.

La ofrenda y una batalla de flores muy esperada

Si hay un acto fallero que Sofía tiene claro que no quiere perderse, ese es la Ofrenda. La emoción de llegar hasta la Virgen de los Desamparados es, para ella, difícil de explicar con palabras.

«Es una pasada», afirma. «Ese momento que llegas a la Virgen… no tengo palabras». Una emoción que demuestra hasta qué punto vive las Fallas desde el corazón.

Pero si hay otro acontecimiento que espera con especial ilusión, ese es la Batalla de Flores. Sofía ya piensa en ella y hasta tiene encargada su raqueta. La pequeña preseleccionada confiesa que ya la ha diseñado mentalmente y que tiene muchas ganas de vivir ese momento.

«Aportaría muchísimas ganas y felicidad»

El 26 de septiembre aparece ya en el horizonte como una fecha marcada en rojo. Sofía sabe que será un día de muchos nervios, precisamente por la incertidumbre de escuchar o no su nombre entre las elegidas.

«Voy a estar súper nerviosa», reconoce. Sabe que las posibilidades son difíciles de predecir, pero también ha aprendido algo fundamental durante este camino: lo importante es disfrutar de la experiencia.

Porque llegar hasta aquí ya es, en sí mismo, un premio. «Si no la hemos hecho, ya la hemos vivido. Ha sido un gran sueño llegar hasta ahí», asegura.

Y si finalmente su nombre vuelve a sonar, Sofía tiene claro qué llevaría consigo a la Corte de Honor Infantil: «Muchísimas ganas, felicidad y ganas de pasarlo pipa». Una respuesta que refleja a la perfección su manera de afrontar esta aventura: con ilusión, alegría y muchas ganas de disfrutar de cada instante.

Al echar la vista atrás, Sofía sabe que nada de esto sería posible sin las personas que la acompañan. Por eso, su agradecimiento tiene muchos nombres: su familia, sus amigos y, de manera muy especial, su comisión, que durante este año se ha convertido para ella en «como una segunda familia».

Ahora toca seguir disfrutando. Quedan nervios, emociones, nuevos momentos y, sobre todo, un sueño que todavía parece difícil de creer. Pero Sofía ya ha conseguido algo que nadie podrá quitarle: vivir una experiencia que recordará para siempre.

Alejandra Coloma: «Siempre sueñas con ese momento y nunca te esperas que puedas ser tú»

La representante de la Falla Obispo Jaime Pérez-Luis Oliag, de 12 años, afronta con ilusión su preselección a la Corte de Honor Infantil de València, acompañada por una familia y una comisión que han sido fundamentales en un año inolvidable.

Hay momentos que se sueñan durante mucho tiempo y que, cuando finalmente llegan, cuesta incluso creer que estén sucediendo. Eso es precisamente lo que le ocurrió a Alejandra Coloma Rubio. Cuando escuchó su nombre entre las preseleccionadas a la Corte de Honor Infantil de València, la emoción fue inmediata, pero la realidad tardó unos días en hacerse presente.

«Fue súper emocionante porque no me lo esperaba para nada», recuerda Alejandra. A sus 12 años, y después de compartir aquella jornada con unas compañeras a las que considera «súper válidas», escuchar su nombre tuvo un significado todavía más especial.

La nube en la que se encontraba aquella noche no desapareció al día siguiente. De hecho, fue unos días después cuando empezó a ser verdaderamente consciente de lo que había conseguido. Entonces llegaron las fotografías, los medios de comunicación y las felicitaciones. Ver su propia imagen como una de las preseleccionadas hizo realidad aquello que tantas veces había imaginado. «Siempre sueñas con ese momento y nunca te esperas que puede ser tú», confiesa.

Una familia detrás del sueño

En esta aventura, Alejandra no está sola. Su madre, Leticia; su padre, Gorka, y su hermana Candela han vivido junto a ella cada emoción de un año especialmente intenso.

Al llegar a casa después de aquella noche tan especial, la familia tuvo claro el mensaje: enhorabuena, lo has hecho genial y, ahora, toca disfrutar. Una filosofía que Alejandra parece haber hecho suya mientras afronta todo lo que todavía está por llegar.

Estudiante del colegio Nuestra Señora de Loreto, acaba de comenzar primero de ESO. Fuera de las aulas, el tenis ocupa una parte importante de su tiempo. Entrena como actividad extraescolar los viernes y también disfruta de algo mucho más sencillo: estar con sus amigas y compartir juegos y momentos con ellas.

Y si hay una compañía especial en casa, esa es Naya, su perra. Alejandra no descarta ampliar la familia y asegura que le gustaría tener otro perro. Aunque, ante la posibilidad de que dos mascotas revolucionen la casa, responde con un prudente «más o menos».

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Una fallera que disfruta de cada acto

Alejandra sabe bien lo que significa vivir las Fallas desde dentro. Este año ha ejercido como fallera mayor infantil y guarda un recuerdo especial de todos los actos que ha podido compartir con sus compañeras de sector.

Si tiene que elegir, se queda con la presentación y, especialmente, con la Ofrenda. Es su acto imprescindible, ese que ninguna fallera debería perderse. La razón es sencilla: la emoción de recorrer las calles y llegar hasta la Plaza de la Virgen.

«Es súper bonita y súper emocionante», explica al recordar ese momento.

De su año como máxima representante infantil de su comisión también se queda con las personas. Sus compañeras de sector y todos los actos compartidos han convertido esta etapa en una experiencia que difícilmente olvidará.

Con la mirada puesta en la Batalla de Flores

Ahora, con la preselección ya conseguida, toca mirar hacia adelante. Y entre todos los acontecimientos que le esperan hay dos que despiertan especialmente su curiosidad: el Rocha Arena y la Batalla de Flores.

Es esta última la que más ilusión le hace. Siempre le han contado que es un acto «súper bonito» y tiene muchas ganas de vivirlo en primera persona.

La raqueta, además, ya empieza a tomar forma. Alejandra tiene una idea aproximada de cómo quiere que sea y será ella misma, con ayuda, quien participe en su elaboración. Y quizá tenga una pequeña ventaja a la hora de manejarla: practica tenis.

«Se me da bien porque hago tenis», dice entre risas. Aunque en la Batalla de Flores las flores vuelan y la puntería adquiere una dimensión completamente diferente.

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«Tiene que ser muy fallera»

El próximo gran paso será el 26 de septiembre. Si aquel día vuelve a escuchar su nombre, Alejandra tiene claro qué aportaría a la Corte de Honor Infantil: todo lo que siente por las Fallas y la pasión con la que las vive.

Para ella, una integrante de la Corte debe reunir varias cualidades: «Tiene que ser muy fallera, tiene que saber estar, disfrutar mucho, ser sociable y alegre». Una definición que habla también de la manera en la que ella entiende esta experiencia.

Porque, más allá de los nervios y de la posibilidad de alcanzar un sueño todavía mayor, Alejandra quiere disfrutar. Disfrutar de los actos, de sus compañeras, de su familia y de cada instante de un camino que ya le ha regalado recuerdos para toda la vida.

Una aventura compartida

Cuando llega el momento de agradecer, Alejandra no duda. Su familia ocupa el primer lugar, por todo el apoyo recibido. También su falla y su cuadro de honor, así como todas las personas que han hecho posible que hoy pueda vivir esta experiencia.

Y hay un agradecimiento especialmente cariñoso para sus «minnespurnetes» de sector, con quienes asegura pasárselo genial y a las que considera «las mejores».

Quizá esa sea la mejor manera de resumir la historia de Alejandra Coloma: una niña que ha encontrado en las Fallas una familia, unas compañeras y una forma de disfrutar de una tradición que siente profundamente.

Ahora queda esperar al 26 de septiembre. Quizá vuelva a escuchar su nombre. Quizá el sueño continúe creciendo. Pero hay algo que ya nadie puede quitarle: la emoción de haber vivido ese primer momento en el que, contra todo pronóstico y rodeada de compañeras «súper válidas», escuchó que era una de las preseleccionadas.

Y entonces, por unos instantes, volvió a sentirse dentro de esa nube de la que todavía le cuesta bajar.

María Merchán: del «¿ha dicho el número 11?» a un sueño que todavía le cuesta creer

La representante de la Falla Carrera Malilla-Ingeniero Joaquín Benlloch, de diez años, afronta su preselección con emoción, alegría y muchas ganas de seguir disfrutando de un año que ya es inolvidable.

Todavía le cuesta decirlo. «Preseleccionada». María Merchán Bernabé tiene diez años y representa a la Falla Carrera Malilla-Ingeniero Joaquín Benlloch, del sector 4 Quatre Carreres, pero incluso después de haber escuchado su nombre sigue intentando asimilar la magnitud del paso que acaba de dar.

«No me lo creo», repetía poco después de aquella noche. Y es que María ni siquiera sabía con certeza qué podía ocurrir cuando llegó el momento del nombramiento. Hasta que escuchó «María» y, durante unos instantes, pensó que quizá se trataba de otra candidata. Entonces llegó el detalle que lo cambió todo: «Ha dicho el número 11 y soy yo».

El 11, desde entonces, tiene una nueva historia para María. «¿Es tu número de la suerte?», le preguntan. Su respuesta es espontánea: «No sé, ahora sí». Probablemente, después de aquella noche, ese número ya no volverá a ser uno más.

La emoción se hizo todavía mayor cuando volvió a recorrer la pasarela como protagonista. Esta vez no caminaba solamente con los nervios propios del momento, sino con toda una comisión detrás. Sus compañeros la recibieron entre aplausos, felicitaciones y palabras de ánimo. «Toda mi comisión estaba ahí aplaudiéndome, diciéndome lo guapa, que me lo pasara muy bien y que siguiera adelante», recuerda.

Una familia siempre al lado

En este sueño hay dos nombres imprescindibles: Almudena y José, sus padres. Ellos han sido su apoyo durante un año que María está viviendo con intensidad y que ahora afronta con la misma ilusión desde su condición de preseleccionada.

Sin hermanos, María tiene en su comisión una gran familia fallera con la que compartir esta aventura. También sus estudios ocupan buena parte de su día a día. Estudia en Salesiano San Juan Bosco y se prepara para comenzar sexto de Primaria.

Entre colegio y Fallas, sus actividades también han ido cambiando. Durante un tiempo practicó baile, concretamente urbano y hip hop, pero la acumulación de estudios, ensayos y compromisos falleros hizo que tuviera que elegir. Ahora estudia inglés y espera con impaciencia cumplir los once años para poder apuntarse a voleibol, uno de sus deportes favoritos.

La espera, sin embargo, no significa quedarse de brazos cruzados. Su madre jugaba al voleibol cuando era pequeña y ambas han convertido el pasillo de casa en una pequeña pista de entrenamiento. Eso sí, primero hay que despejar el terreno.

Porque María tiene en casa un pequeño tesoro fallero: varios cuadros con fotografías suyas luciendo sus trajes. Tres corresponden a su primer traje, de color azul, y otros cuatro al traje oficial. Mejor apartar cualquier objeto delicado antes de empezar a practicar.

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Entre libros, dibujos y manualidades

María también disfruta de la lectura, aunque reconoce que hay momentos en los que prefiere dejar el libro a un lado y dedicarse a otras actividades. Dibujar, hacer figuras con goma EVA y crear manualidades son algunas de sus favoritas.

Eso sí, trabajar con el famoso foamy tiene su dificultad. Medir, recortar, pegar y conseguir que todas las piezas encajen requiere paciencia. Y cuando los colores se mezclan donde no deben, llega el momento de los nervios.

Pero precisamente esa creatividad es otra de las facetas que definen a María: una niña inquieta, con ganas de aprender, de crear y de probar cosas nuevas.

«Aportaría alegría»

Ahora, todas las miradas están puestas en el 26 de septiembre y en el Rocha Arena. María reconoce que imaginar ese momento provoca una mezcla inevitable de nervios y emoción.

Si volviera a escuchar su nombre, esta vez como integrante de la Corte de Honor Infantil, lo primero que sentiría sería precisamente eso: «Mucha emoción, mucha alegría».

Y si hay algo que tiene claro que podría aportar al grupo es precisamente la alegría. Una palabra sencilla, pero que encaja con la manera en la que María está viviendo esta aventura.

Porque para ella las Fallas son también compartir, disfrutar y estar rodeada de personas que hacen que cada momento sea especial.

Un año para guardar

Cuando llega la hora de los agradecimientos, María lo tiene claro. Su familia y su comisión ocupan un lugar protagonista. A todos ellos les agradece haber estado a su lado y haberla apoyado durante este año tan especial.

Ahora toca seguir disfrutando. Queda mucho por vivir y, entre los próximos sueños, aparece uno especialmente esperado: la Batalla de Flores. La raqueta todavía está pendiente de los últimos preparativos, pero María sabe que tendrá que estar lista.

Quién sabe si aquel número 11 volverá a traerle suerte el próximo 26 de septiembre. De momento, María Merchán ya ha conseguido algo que parecía difícil de imaginar: convertirse en preseleccionada y comenzar una nueva etapa de un año fallero que, pase lo que pase, ya forma parte de sus recuerdos más especiales.

Y aunque todavía diga «no me lo creo», quizá precisamente ahí esté la magia de este momento: en seguir viviendo el sueño antes de terminar de despertar.

María Climent, una candidata que quiere llevar la calma al sueño de ser Fallera Mayor de València

La representante de la Falla Luis Oliag-Mariola-Granada sigue viviendo «en una nube» una semana después de escuchar su nombre entre las candidatas y afronta esta nueva etapa rodeada del cariño de su familia, su comisión y sus amigos.

«Qué fuerte». Es la frase que María Climent Lago ha repetido una y otra vez desde aquella noche. Una semana después, la representante de la Falla Luis Oliag-Mariola Granada todavía tiene dificultades para pronunciar con naturalidad que es candidata a Fallera Mayor de Valencia. Lo dice, lo sabe, tiene los vídeos y las fotografías para demostrarlo, pero la emoción sigue ganándole a la realidad.

«Todavía sigo diciendo: esto ha pasado de verdad», reconoce. Y es que la noticia llegó cuando menos se lo esperaba. María se encontraba tranquila, sin imaginar que su nombre iba a formar parte de la lista de candidatas. De repente, la sorpresa, la emoción, la alegría y la incredulidad se mezclaron en cuestión de segundos.

Volver a recorrer la pasarela después de escuchar su nombre fue continuar un sueño que acababa de hacerse realidad. «Ostras, estamos aquí. Vamos a seguir este sueño», recuerda que pensó. Y con ese pensamiento llega también la ilusión por todo lo que todavía está por vivir: más actos, más momentos y la oportunidad de seguir disfrutando de las Fallas desde una perspectiva completamente diferente.

«Qué fuerte, mamá, qué fuerte»

La verdadera dimensión de lo ocurrido quizá empezó a aparecer cuando María llegó a casa. Ya no había focos ni pasarela. Solo su gente más cercana. Y, aun así, la incredulidad continuaba.

Estaba con su novio y no podía dejar de repetirlo: «Qué fuerte, qué fuerte». Al día siguiente, la frase se trasladó a su madre. Y, junto a ella, comenzaron a llegar los mensajes de felicitación.

Fueron precisamente esos mensajes los que más le hicieron sentir el cariño que había detrás de su nombramiento. Amigos, falleras mayores, miembros de su comisión e incluso personas ajenas al mundo de las Fallas quisieron felicitarla.

«Qué guay sentir este amor y este cariño de tanta gente», resume.

Porque las Fallas, durante estas semanas, se convierten para muchos en un auténtico acontecimiento colectivo. María lo compara con humor con un «mundial de las Fallas», ese momento del año en el que hasta quienes no son falleros están pendientes de las preselecciones y de quién aparece en las fotografías.

Y ella, ahora, forma parte de ese particular campeonato.

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Una profesional que disfruta de su trabajo

Lejos de las Fallas, María desarrolla su vida profesional en la administración de una empresa transitaria, donde trabaja con agentes internacionales. Un trabajo que, según explica, no deja demasiado espacio para el aburrimiento, pero que disfruta especialmente.

«Yo voy contenta a trabajar», afirma. Y esa naturalidad parece definir también la manera en la que afronta el resto de facetas de su vida.

Cuando consigue desconectar, la lectura es una de sus grandes pasiones. Lee todo lo que cae en sus manos, aunque reconoce tener un pequeño «placer culposo»: las novelas románticas.

Cuanto más malo sea un libro de romance, más ganas le entran de leerlo. Una confesión que hace entre risas y que aporta una de esas pequeñas pinceladas que permiten descubrir a la mujer que hay detrás de la candidata.

Pero si existe una afición por encima de todas, esa es su familia.

La familia como uno de sus grandes «hobbies»

María disfruta especialmente de escaparse al pueblo y compartir tiempo con los suyos. Tiene dos refugios familiares: Navajas, en Castellón, y Jorquera, en Albacete. Este último es un pequeño pueblo situado sobre una montaña, tranquilo hasta el extremo.

«Puedes cruzar de punta a punta del pueblo que no te vas a cruzar a nadie», explica.

Quizá dos semanas allí podrían resultar demasiado, pero unos días son suficientes para recargar pilas y disfrutar de los suyos. Porque, en realidad, María lo tiene claro: «Mi familia es un hobby que tengo muy grande».

Eva, su madre; Orja, su pareja; sus tías María y Rosa; sus abuelas Rosa y Paqui, y su prima Olivia forman ese círculo imprescindible que la ha acompañado durante todo este camino.

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La calma como carta de presentación

El próximo 26 de septiembre, el escenario será el Rocher Arena. Allí volverán los nervios y la emoción y, si suena el nombre de María, comenzará una nueva aventura como componente de la Corte de Honor.

¿Y qué aportaría ella al grupo?

Su respuesta es tan sencilla como reveladora: calma.

«Siempre me dicen que soy una persona que aporta mucha calma, mucha tranquilidad», explica. Y esa sería su principal aportación a una Corte que, inevitablemente, estará formada por ilusión, emociones y muchos nervios.

Aunque, como ella misma reconoce, que transmita tranquilidad no significa que no vaya a sentir nervios. «Luego los nervios van por dentro», admite.

Quizá precisamente por eso su perfil encaje tan bien en un grupo que vivirá una de las experiencias más intensas que puede afrontar una joven vinculada a las Fallas.

Un sueño construido entre muchos

María sabe que llegar hasta aquí no es un logro individual. Detrás de su candidatura hay muchas personas que han puesto tiempo, ilusión y cariño.

Su primer agradecimiento es para su familia, por haberse volcado y haberla acompañado en cada momento. También para su comisión, porque siente que este sueño es, en buena medida, un regalo que le han hecho.

Y hay un reconocimiento especial para su pareja, que ha vivido de cerca un año intenso y que incluso ha aprendido una de las habilidades imprescindibles para acompañarla en el mundo de la indumentaria: colocar la mantilla.

También tiene palabras para sus representantes, para todas las personas que la han apoyado durante este año y para el jurado de la Agrupación, por haberles dado la oportunidad de llegar hasta este punto.

Ahora toca seguir disfrutando. María todavía puede repetir «qué fuerte» unas cuantas veces más. Porque, aunque haya pasado una semana, aunque tenga vídeos, fotografías y cientos de mensajes que se lo recuerden, la realidad sigue pareciendo un sueño.

Un sueño que comenzó con un nombre en una lista y que ahora la lleva hasta el 26 de septiembre.

Y quizá, llegado ese momento, esa calma que tanto la caracteriza sea su mejor compañera. Aunque por dentro, como ella misma admite, los nervios estén haciendo de las suyas.

Lucía Gómez, un sueño de toda la vida que hizo correr a su hermano desde Torrent

La representante de la Falla Pianista Martínez Carrasco Eslida, del sector y agrupación Quatre Carreres, vive su candidatura a Fallera Mayor de València con la emoción de quien lleva años soñando con escuchar su nombre y con el respaldo incondicional de una familia que no dudó en hacer lo imposible para estar a su lado.

Hay sueños que se imaginan desde niña. Lucía Gómez Villaplana lo sabe bien. Durante años se lo dijo a sí misma en casa: algún día quería escuchar su nombre como candidata a Fallera Mayor de Valencia. Y aquel día llegó.

Ahora, una vez pronunciado ese nombre, todavía le cuesta asimilarlo. «Suena muy bien, muy emocionante», reconoce cuando se le pregunta cómo se siente al poder decir que es candidata. Pero la emoción alcanza otra dimensión cuando recuerda el instante en el que tuvo que volver a recorrer la pasarela ya como protagonista.

«Mucho más rápido y llorando», cuenta entre risas.

De hecho, confiesa que apenas recuerda buena parte del recorrido. Su falla había conseguido situarse en las primeras filas y Lucía avanzó hasta encontrarse con los suyos entre lágrimas. «Hasta que no llegué a ellos y les vi entre las lágrimas, como que no me lo podía creer».

Y es que la noche ya había comenzado con una emoción especial. Su representante infantil había sido nombrada previamente y Lucía estaba feliz simplemente por verla cumplir su propio sueño. Ella se encontraba tranquila, esperando. Hasta que sonó su nombre.

Ese instante, para alguien que lleva desde pequeña imaginándolo, resulta difícil de explicar.

Un sueño que volvió a llamar a su puerta

Lucía ya sabe lo que significa ser Fallera Mayor de su comisión. Lo fue el año pasado. Por eso, cuando tuvo la oportunidad de volver a presentarse al proceso, sintió que aquella posibilidad era algo más que una oportunidad.

«Lo vi como una llamada a volver a intentarlo», explica.

El motivo es sencillo: sigue siendo el sueño de su vida.

Y la decisión tuvo una consecuencia inesperada para uno de los miembros más importantes de su familia. Su hermano Rubén tenía otros planes para aquella noche. El año anterior había conseguido compaginar la elección con su entrada para el Big Sound, pero esta vez el acto se celebraba en Torrent.

Rubén le había advertido: lo sentía, pero no iba a poder estar.

Hasta que sonó el teléfono.

Sus padres comenzaron a llamarle para contarle lo que acababa de suceder. Y entonces Rubén hizo lo que probablemente Lucía no olvidará nunca: cogió un taxi desde Torrent y se fue directo a la falla.

Cuando Lucía llegó, él ya estaba allí.

«Vino llorando un montón», recuerda. Y quizá la frase que mejor resume el significado de aquel gesto sea la que le transmitió su hermano: sabiendo lo importante que era para ella, para él también lo era todo.

Una entrada, un viaje y un taxi se convirtieron así en una de las grandes anécdotas de una noche que ya tenía suficientes emociones por sí sola.

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Una universitaria recién graduada

Fuera de las Fallas, Lucía acaba de cerrar otra etapa importante de su vida. Ha terminado sus estudios de Derecho y ADE en la Universitat de València y compagina ahora su vida profesional con su formación.

Trabaja como administrativa en una oficina de seguros, donde sus compañeros siguieron de cerca su aventura. Aquella misma noche recibió sus primeras felicitaciones y el lunes siguiente tuvo que hacer frente a una jornada laboral en la que todos querían conocer los detalles de lo ocurrido.

Pero el trabajo y los estudios no ocupan todo su tiempo.

Una parte muy importante de su vida la dedica al voluntariado. Lucía es monitora en un centro juvenil salesiano, una actividad que realiza de manera voluntaria y que forma parte de su día a día.

También disfruta de la lectura y de viajar. Tres facetas —voluntariado, libros y viajes— que completan el perfil de una joven acostumbrada a compartir, aprender y descubrir.

La cercanía como forma de entender las Fallas

Si el próximo 26 de septiembre su nombre vuelve a sonar en el Rocher Arena y se convierte en componente de la Corte de Honor, Lucía tiene claro qué podría aportar.

Una palabra aparece por encima de todas: cercanía.

«Creo que podría aportar mi cercanía, mi manera de ser», explica. Para ella, esa cualidad es fundamental en quien aspire a representar a València y a sus Fallas.

Pero no se trata únicamente de una forma de relacionarse con los demás. Lucía quiere aportar también su particular manera de vivir y amar la fiesta.

Procede de una comisión pequeña, donde todos se conocen, donde los vínculos son estrechos y donde la falla se entiende como una gran familia. Esa experiencia ha marcado su manera de entender el mundo fallero y, según explica, sería también una parte importante de lo que llevaría consigo a la Corte.

«Nos conocemos todos, estamos muy unidos», destaca.

Es precisamente esa visión cercana, familiar y participativa de las Fallas la que Lucía considera que podría aportar a un grupo llamado a representar a toda una ciudad.

Una familia que siempre está con ella

Si algo ha demostrado esta aventura es que detrás de Lucía hay una familia que no duda en acompañarla hasta el final. Sus padres, Antonio y Encarna, y su hermano Rubén han vivido cada paso con ella.

Y si aquella noche quedó una imagen para el recuerdo, fue precisamente la de Rubén llegando desde Torrent para no perderse el momento.

Porque quizá los sueños individuales sean los que aparecen sobre el escenario, pero detrás siempre hay una historia colectiva.

La de Lucía es la de una niña que soñó durante años con escuchar su nombre, una joven que ya ha sido Fallera Mayor de su comisión y que decidió volver a intentarlo porque sintió que aquel sueño todavía tenía algo más que decirle.

Ahora, la aventura continúa.

Queda un 26 de septiembre, queda un Rocher Arena y queda la posibilidad de volver a escuchar ese nombre que Lucía lleva tantos años imaginando.

Pero, de momento, ya tiene algo que nadie podrá quitarle: haber vuelto a caminar por una pasarela llorando de emoción, encontrarse con los suyos entre el público y comprobar que, cuando un sueño importa de verdad, siempre hay alguien dispuesto a coger un taxi para llegar a tiempo y vivirlo contigo.

Arancha Alonso, una vida entre turnos, Fallas y una familia que lleva el sentimiento en la sangre

La representante de la Falla Carrera San Luis-Rafael Albiñana afronta su candidatura a Fallera Mayor de Valencia después de un año intenso, marcado por su familia, su comisión, sus compañeras y el esfuerzo de compaginar las Fallas con su trabajo como enfermera.

Todavía le cuesta decirlo. «Preseleccionada». Una palabra que Arantxa Alonso Chulia pronuncia con cierta incredulidad, como si necesitara unos días más para terminar de asumir todo lo que ha sucedido.

Ha pasado una semana desde aquel momento, pero la sensación de estar viviendo un sueño continúa. «Hasta que no empecemos un poco todo, creo que aún no nos lo terminamos de creer», reconoce. Y precisamente el inicio de esta nueva etapa, con las fotografías, las entrevistas y el paso por los medios de comunicación, es lo que comienza a convertir la ilusión en una realidad.

El día después de su preselección tuvo, además, un escenario muy especial: su propia falla celebraba la fiesta de San Juan. Así que Arantxa pudo compartir las primeras felicitaciones con toda su comisión.

«Era como todo el mundo de ahí: ¡enhorabuena! Y yo: ¡ay, gracias!», recuerda entre risas.

El cansancio de la noche anterior estaba presente, pero las ganas podían más. La celebración permitió que viviera la noticia rodeada de quienes habían sido parte fundamental de su año. Aun así, no fue hasta el lunes cuando realmente empezó a asimilarlo.

«¡Ostras, es que ha pasado!».

Una familia fallera desde el abuelo

Si hay algo que define a Arancha es su profundo vínculo familiar con las Fallas. El sentimiento fallero viene de generaciones atrás y comenzó con su abuelo. Hoy, prácticamente toda la familia forma parte de la comisión.

Su madre, Marisa; su hermana, Jéssica; su cuñado, Jere; su sobrina Naya, de apenas ocho meses; su pareja, Juan, y sus tíos forman parte de esa extensa familia que ha vivido junto a ella cada paso de este año.

No es extraño, por tanto, que cuando llega el momento de hablar de agradecimientos, Arantxa piense inmediatamente en ellos.

Han estado en cada acto, han compartido los nervios y las alegrías y han sido testigos de un año que ahora adquiere una dimensión todavía mayor.

Una enfermera entre turnos y actos falleros

La aventura de Arancha tiene además un mérito añadido: compaginarla con una exigente vida profesional.

Es enfermera. Se graduó hace dos años y actualmente trabaja en una clínica de diálisis y también en la UCI pediátrica de la Fe. Dos puestos de trabajo que, unidos a sus compromisos como Fallera Mayor, han convertido este año en una auténtica carrera de fondo.

Pero ha contado con una ayuda fundamental: sus compañeros.

«Me han hecho 20.000 cambios de turnos para poder ir a todo», explica agradecida. Su jefa y el resto del equipo recibieron con mucha ilusión la noticia de su preselección y han puesto de su parte para que pudiera vivir la experiencia.

«Son maravillosos y lo hacen muy fácil todo», asegura.

Una muestra más de que detrás de una candidata no solo existe un esfuerzo personal, sino también una red de personas que entiende lo importante que puede ser para alguien cumplir un sueño.

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Cuando el tiempo libre también son Fallas

Con dos trabajos y un año fallero intenso, el tiempo libre de Arancha es escaso. Pero tampoco parece preocuparle demasiado.

Las Fallas son una de sus grandes pasiones y buena parte de sus amigos también son falleros. Juntos forman parte de festejos y, cuando encuentran un hueco, lo aprovechan para estar juntos, organizar cosas y seguir viviendo la fiesta.

«Me encanta disfrutar», explica.

Cuando no están preparando alguna actividad fallera, el tiempo se reparte entre la familia y los amigos. Personas que han terminado convirtiéndose en una parte esencial de su vida y también de este año tan especial.

Una Corte que sea «una piña»

El 26 de septiembre parece todavía lejano, pero Arancha sabe que llegará antes de lo que parece. En el Rocher Arena puede producirse el siguiente gran paso.

Si vuelve a escuchar su nombre, tiene claro qué quiere aportar a la Corte de Honor: alegría y capacidad de unión.

No es una respuesta casual. Durante este año ha descubierto el valor de compartir la experiencia con sus compañeras y, para ella, conseguir que todas se sientan unidas es fundamental.

«Me encanta el poder hacer que estemos todas juntas, que seamos una piña», explica.

En un proceso en el que son muchas las candidatas y en el que llegar hasta aquí ya supone un enorme logro, Arantxa pone el foco en la experiencia compartida y en la posibilidad de crear vínculos.

Porque, más allá del resultado final, sabe que ya está viviendo algo extraordinario.

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Una raqueta que ya está en marcha

Entre los momentos que espera con especial ilusión está la Batalla de Flores. Este año, además, su sector no tenía previsto vivirla, por lo que poder disfrutarla como preseleccionada supone para ella un regalo añadido.

La raqueta ya está en marcha.

Y sabe que no hay tiempo que perder. «Cuando nos demos cuenta hay que gastarla», comenta. Todo sucede rápido: apenas comienza la nueva etapa y ya hay que pensar en los próximos acontecimientos.

Quizá por eso Arancha prefiere no mirar demasiado lejos. Quiere vivir cada acto, cada encuentro y cada momento.

«No cerramos los ojos»

Cuando llega el momento de agradecer todo lo vivido, la lista es larga.

Primero, su comisión, a la que atribuye haber hecho posible que pudiera representar este cargo. Después, su familia, «los mejores», por acompañarla durante todo el año. Su pareja, por aguantar con ella la intensidad de estos meses. Sus amigos, sus compañeras y todas las personas que, de una manera u otra, han formado parte de esta experiencia.

Porque Arancha entiende este sueño como algo colectivo.

Ahora solo queda seguir viviendo. No cerrar los ojos. No perderse nada.

El 26 de septiembre llegará. Quizá entonces vuelva a escuchar su nombre y la historia dé un paso más. Pero, mientras tanto, Arantxa Alonso ya puede presumir de haber convertido un año de Fallas en una experiencia difícil de olvidar.

Una experiencia construida entre familia, amigos, compañeras, turnos de trabajo y muchísimas horas dedicadas a una fiesta que, en su caso, no solo se lleva en el corazón: se lleva en la sangre desde aquel abuelo que inició una tradición familiar que hoy continúa escribiendo nuevos capítulos.

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