Inma Traver devuelve la Aurora de Benimodo a sus devotos con una restauración minuciosa

PorAlejandro Cortés

agosto 21, 2026

La restauradora valenciana, conocida en Instagram como “La cirujana del arte”, ha recuperado una talla afectada por grietas, suciedad y pérdidas de policromía y dorado, que volverá a encontrarse con sus devotos durante la festividad del 25 de agosto

La imagen de la Aurora de Benimodo vuelve a mostrar todo su valor artístico y devocional después de una compleja intervención realizada por la restauradora Inma Traver, conocida en Instagram como “La cirujana del arte”. El trabajo ha permitido consolidar la estructura de la escultura, recuperar sus policromías y estofados y devolver estabilidad a una pieza profundamente vinculada a la identidad religiosa y cultural del municipio.

La restauración llega a tiempo para la festividad de la Aurora, que se celebrará el próximo martes 25 de agosto, una fecha especialmente señalada para los vecinos y feligreses de Benimodo.

Cuando la obra llegó al taller de Inma Traver presentaba numerosos daños estructurales provocados por el paso del tiempo, el propio uso de la imagen y las características de la madera con la que fue realizada.

«La imagen presentaba bastantes daños estructurales. El paso de los años y el uso habían generado fendas y grietas longitudinales en la obra», explica la restauradora.

A estos problemas se sumaba una importante acumulación de suciedad superficial, así como pérdidas de policromía, deterioro de los estofados y un notable lavado de los dorados. Muchos de estos daños, señala Traver, aparecen como consecuencia de limpiezas realizadas durante años con productos inadecuados, especialmente agua, detergentes u otras sustancias que pueden resultar agresivas para los materiales originales.

El resplandor o enrayado situado en la parte posterior de la imagen también presentaba múltiples desperfectos estructurales y había perdido prácticamente la totalidad de sus dorados. Una situación similar podía apreciarse en la base de la talla.

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Una intervención minuciosa

La parte más delicada del trabajo consistió en estabilizar la estructura de la escultura y cerrar las diferentes fisuras y grietas que atravesaban la madera.

Para ello, la especialista realizó un microcosido en espiga invisible, acompañado de una reintegración con madera de balsa. Se trata de una técnica especialmente precisa que permite reforzar la pieza sin alterar visualmente su apariencia ni introducir elementos que distorsionen su lectura histórica.

Otro de los grandes retos fue recuperar la técnica tradicional de los estofados presentes en el manto y la túnica de la imagen.

Los estofados constituyen uno de los trabajos decorativos más característicos de la imaginería religiosa. Su recuperación exige conocer los materiales originales, estudiar las capas que componen la obra y trabajar con enorme precisión para no confundir las zonas auténticas con posibles repintes o intervenciones posteriores.

Antes de actuar sobre una pieza, el restaurador debe investigar cómo fue concebida y cuál era su aspecto original. Para ello se emplean análisis científicos, documentación conservada en archivos, fotografías antiguas y un profundo examen visual y material de la propia obra.

«Es como una especie de arqueología sobre la pieza. Si sabes escucharlas, las obras también te cuentan sus avatares a través de los años», señala Traver.

Las catas realizadas en puntos concretos permiten identificar los colores originales, estudiar las técnicas utilizadas por el autor y diferenciar entre la policromía primitiva y los repintes realizados a lo largo de las décadas.

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Restaurar sin borrar la historia

Inma Traver defiende que una buena restauración nunca debe conseguir que una obra antigua parezca nueva. El objetivo no es eliminar todas las señales del paso del tiempo, sino conservarlas cuando forman parte de la historia y de la autenticidad de la pieza.

«No debe parecer nueva, para empezar, porque no lo es. Nosotros debemos pasar por su historia sin dejar huella, sin firmas, desde el anonimato y sin falsear su historia», afirma.

Este principio obliga a realizar intervenciones respetuosas y reversibles. Es decir, los materiales y tratamientos empleados deben poder retirarse en el futuro sin dañar el original, permitiendo que otras generaciones de profesionales puedan intervenir nuevamente si fuese necesario.

En el caso de una imagen religiosa, el trabajo presenta además una dificultad añadida. No se trata únicamente de una obra artística destinada a permanecer dentro de un museo, sino de una imagen que continuará recibiendo culto, participando en celebraciones y permaneciendo en un espacio donde las condiciones ambientales no siempre pueden controlarse.

En un museo es posible regular la temperatura, la humedad relativa y la iluminación. Sin embargo, estas condiciones son mucho más difíciles de mantener dentro de una iglesia o durante una procesión. Por ello, cada tratamiento debe adaptarse tanto a los materiales de la obra como al uso que continuará teniendo.

«La intervención no debe impedir posteriormente su culto, sino todo lo contrario: debe permitir que se realice con total seguridad para la obra», explica la restauradora.

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La emoción de devolver una imagen a su pueblo

La entrega de una obra restaurada representa uno de los momentos más especiales para quienes trabajan en la conservación del patrimonio. La reacción de las personas que llevan toda su vida contemplando y venerando una imagen concede al trabajo un significado que va mucho más allá de la intervención técnica.

Para Inma Traver, esta es precisamente la parte más satisfactoria de su profesión.

«Protegemos lo que valoramos y valoramos aquello que amamos. Restaurar una imagen es también una forma de demostrar el amor y la devoción hacia nuestro patrimonio», asegura.

La restauradora reconoce que, después de trabajar durante semanas o meses sobre una pieza, se crea una relación especial con la comunidad que la conserva.

«Siempre se queda un trocito del corazón en cada parroquia en la que se ha intervenido alguna obra. Es algo muy entrañable y especial».

 

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El compromiso del párroco Paco Llorens

La recuperación de la Aurora de Benimodo ha sido posible gracias a la colaboración entre diferentes personas e instituciones. Inma Traver ha querido destacar especialmente la voluntad y el compromiso del párroco de la iglesia de la Purísima Concepción de Benimodo, Paco Llorens, por su implicación en la conservación y puesta en valor del patrimonio religioso de la parroquia.

El sacerdote ha promovido activamente la recuperación de la imagen y ha defendido la necesidad de proteger unas obras que forman parte de la memoria colectiva del municipio.

La actuación también ha contado con el respaldo de la Generalitat Valenciana a través del Plan Restaura, una ayuda fundamental para que parroquias pequeñas y municipios con recursos limitados puedan afrontar este tipo de intervenciones.

Traver recuerda que la protección del patrimonio no debe depender únicamente de los restauradores. Es una responsabilidad compartida entre responsables diocesanos, párrocos, feligreses, administraciones públicas y la sociedad en general.

La Comunitat Valenciana conserva un extraordinario patrimonio religioso distribuido entre parroquias, ermitas y pequeñas localidades. Muchas de estas obras poseen un enorme valor artístico, histórico y sentimental, pero continúan expuestas a la falta de mantenimiento, a condiciones ambientales inadecuadas y a intervenciones realizadas sin criterios profesionales.

«Es necesaria una concienciación de todos y entender que también hay que destinar recursos para poner en valor nuestro patrimonio», defiende la especialista.

La restauración de la Aurora de Benimodo constituye un ejemplo de cómo la colaboración institucional, el compromiso de una parroquia y el trabajo especializado pueden impedir la pérdida de una pieza vinculada a la identidad cultural de todo un pueblo.

El próximo 25 de agosto, los vecinos volverán a contemplar la imagen durante su festividad. La Aurora regresará restaurada, estable y preparada para continuar recibiendo culto, pero conservando las huellas de su historia y la memoria de todas las generaciones que la han acompañado.

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