La Feria de Julio ha devuelto a la Plaza de Toros de Valencia el ambiente que tantos aficionados esperaban. Tras un año sin feria estival, el coso valenciano volvió a vestirse de gala para recibir una de las citas más esperadas del calendario taurino. Entre los primeros en pisar el ruedo estuvo, una vez más, Rocío Mir, alguacililla de la plaza, quien ayer abrió el paseíllo y esta tarde volverá a hacerlo, viviendo desde una posición privilegiada todo lo que sucede sobre el albero.
Apenas unas horas después de una tarde intensa, Rocío reconoce que las sensaciones siguen muy presentes. «Después de una tarde de figuras, es una tarde de muchas sensaciones y de mucha obligación por parte de lo que nos toca», explica, consciente de la responsabilidad que conlleva representar una de las figuras más tradicionales del festejo.
La corrida del viernes 17 de julio devolvió el pulso a una Feria de Julio que los aficionados ansiaban recuperar. «Era un viernes que esperábamos con muchas ganas. Después de estar el año pasado sin Feria de Julio, se han notado las ganas que se tenían de volver a vivir un viernes de feria», señala, destacando el ambiente que se respiró en los tendidos y la ilusión con la que el público regresó a la plaza.
Desde su privilegiada ubicación, Rocío vive cada detalle del festejo muy de cerca. Si hay un instante que resume la tarde de ayer, lo tiene claro: «El arrebato de Roca Rey en su segundo toro, al no cortarle la segunda oreja y venir de un primero en el que tampoco pudo conseguir premio. Se notó esa sensación agridulce que vivió». Un momento que refleja cómo la emoción también se percibe desde quienes, aunque no sean protagonistas directos de la lidia, sienten la intensidad de cuanto ocurre en el ruedo.
Sin apenas margen para el descanso, esta tarde volverá a enfundarse el uniforme de alguacililla. Sin embargo, asegura que la exigencia física y mental forma parte de la rutina. «Entre una tarde y otra el cuerpo y la mente ya están preparados. En Fallas, de cada tres tardes salgo dos seguidas y, al final, acabas acostumbrándote. Lo importante es que la ilusión sigue permanentemente cada tarde».
Con la mirada puesta en el festejo de hoy, la ilusión vuelve a renovarse. «Todos esperamos una tarde de triunfos donde podamos disfrutar de toreros y toros. Ayer hubo momentos muy bonitos, aunque nos quedamos con la pena de no entregar tantos trofeos como esperábamos. Ojalá hoy el cartel nos sorprenda y podamos vivir una gran tarde», afirma.
Aunque para el espectador el paseíllo y el protocolo puedan parecer invariables, Rocío recuerda que ninguna corrida se parece a otra. «Cada tarde y cada toro están llenos de imprevistos, por lo que cada paseíllo es completamente diferente. El reglamento y el protocolo son los mismos, pero lo que sucede después nunca es igual».
Un papel fundamental en esta labor también lo desempeñan los caballos. Animales acostumbrados al ambiente de las grandes plazas y al ritmo de las ferias. «Son caballos que montamos de feria en feria y están preparados para ello. El ruido, la música, la presión de la plaza llena o los flashes forman parte de su día a día. Detrás hay muchos cuidados para que cada tarde puedan rendir al máximo», explica.
Aunque el protagonismo corresponde siempre a los toreros y al toro, Rocío siente que su presencia también representa una parte importante de la historia de la tauromaquia. «Cuando abro el paseíllo siento que dignifico la posición tradicional del alguacil, una figura que antiguamente era esencial en cada festejo». Un sentimiento que conecta el presente con siglos de tradición.
De todos los momentos que vive durante una corrida, hay uno que sigue emocionándola especialmente. «Cuando entrego al torilero la llave de toriles. Es una tradición que se mantiene desde hace muchos años y simboliza el inicio del festejo. Es una forma muy bonita de ceder la llave de la puerta por la que saldrá el toro cada tarde».
Más allá del paseíllo o de la entrega de trofeos, Rocío reivindica el verdadero trabajo que desempeñan los alguacilillos, una labor muchas veces desconocida por el gran público. «Nuestra función va mucho más allá. Seguimos el Reglamento de Espectáculos Taurinos y debemos estar pendientes de todo lo que ocurre durante la lidia para informar a los delegados de cualquier incidencia. Es una responsabilidad muy grande, especialmente en una plaza de primera categoría como Valencia, donde hay que estar atento en todo momento».
Con esa responsabilidad y la misma ilusión con la que ayer abrió la Feria de Julio, Rocío Mir volverá esta tarde a cruzar el ruedo de la Plaza de Toros de Valencia. Un recorrido de apenas unos minutos que, sin embargo, mantiene viva una de las tradiciones más antiguas y emblemáticas de la tauromaquia.
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