Comenzamos aquí a conocer a las candidatas a fallera mayor de Valencia 2027.
Comenzamos un repaso a las entrevistas que hemos realizado a las preseleccionadas 2027 con los enlaces a las entrevistas que ya tenemos subidas en YouTube.
Comenzamos con Ruzafa B:

Natalia Roig, la niña que todavía no se cree que su nombre ya esté escrito entre las preseleccionadas
Todavía le cuesta asumirlo. Natalia Roig Monzó tiene 11 años y, aunque ya forma parte de la lista de preseleccionadas, habla de aquel momento como si todavía estuviera intentando entender qué ocurrió. «Cuando me llamaron no me lo creía. Fue muy fuerte», recuerda. La llamada que cambió su verano llegó sin avisar y convirtió un sueño en una posibilidad real.
Natalia pertenece a la Falla Avenida Pérez y Valero-Cuba y acaba de cerrar una de esas etapas que difícilmente olvidará. El día de la preselección, los nervios se apoderaron de todas. Antes de conocer la decisión, las candidatas se agarraron unas a otras y trataron de convencerse de que, saliera quien saliera, lo importante era haber llegado hasta allí.
«Venga, chicas, no pasa nada si la batería no sale», se repetían.
Hasta que llegó el momento.
Natalia escuchó su nombre y todo explotó. Los gritos de sus amigas fueron, según cuenta, incluso más fuertes que los suyos. Ella apenas tuvo tiempo para reaccionar. «Tranquila, tranquila, tú ve tranquila», le decían mientras los nervios empezaban a ganarle la batalla.
Y entonces llegó la pasarela.
El camino hacia el escenario se convirtió en un camino hacia un sueño que hasta unos segundos antes parecía mucho más lejano. Natalia no pudo contener las lágrimas. Frente a ella estaba Marta, la representante que tenía delante en ese instante, pero sus pensamientos estaban en otro lugar.
En su familia.
«Estaba pensando en mi familia, en mis padres. Gracias a ellos he podido llegar aquí, a este momento», cuenta.
Desde la pasarela buscó a sus padres. Su madre, Eva María Monzón Saura, lloraba y gritaba de alegría. Su padre, Pablo Roth Ferrando, compartía desde la emoción aquel instante. También estaba allí su hermano mayor, Adrián, aunque Natalia reconoce que en esos primeros segundos apenas pudo verlo: «Me fijé en mis padres».
La emoción no terminó aquella noche.
Al día siguiente llegó otra sorpresa. Su fotografía aparecía en todas partes. Periódicos, redes sociales, Instagram… Natalia se había convertido, de repente, en una de las protagonistas de la fiesta. «Estaba en todo», recuerda todavía con una mezcla de incredulidad y entusiasmo.
Ahora mira hacia delante. El próximo curso comenzará Primero de ESO en el CEI Mareo del Patrocinio, pero entre libros, clases y nuevas responsabilidades también tendrá por delante la experiencia de una preselección que ya ha comenzado a disfrutar.
Fuera del colegio y de la falla, Natalia encuentra en la música uno de sus refugios. No realiza actividades extraescolares, salvo inglés, pero le gusta escuchar música y bailar. Especialmente cuando está triste.
«La música me hace sentir bien», explica.
Y si hay que elegir una artista, lo tiene claro: Aitana. Su canción, también: «Superestrella».
Pero si hay una fecha que ya aparece marcada en su calendario es el 26 de septiembre. Ese día, en el Roig Arena, puede volver a escuchar su nombre. Esta vez, con una posibilidad todavía mayor: formar parte de la Corte de Honor Infantil.
¿Y qué aportaría Natalia si finalmente fuera elegida?
La respuesta resume perfectamente su personalidad: «Alegría».
Y también una idea que le hace especial ilusión: volver a vivir un año parecido al que está disfrutando ahora, pero desde otro lugar y rodeada de nuevas compañeras. «Sería como vivir otra vez mi año, pero con gente nueva. Como empezar de cero, pero otra vida, diferente».
De momento, Natalia no quiere adelantarse demasiado. Prefiere disfrutar del camino. Todavía quedan pruebas, momentos de nervios y muchas emociones por delante. Pero ya tiene algo que nadie puede quitarle: el recuerdo de aquella llamada y de ese instante en el que escuchó su nombre.
Por eso, cuando toca hablar de agradecimientos, Natalia no se olvida de nadie.
A los presidentes que formaron parte del jurado de su preselección, por haber confiado en ella. A sus padres, por acompañarla y permitirle llegar hasta este momento. A su familia, a sus amigos y a su falla. También a su presidenta y a su Fallera Mayor, quienes, asegura, han estado a su lado durante todo el año.
«Han hecho que este año fuera increíble e impresionante».
Y quizá esa sea la mejor manera de describir lo que está viviendo Natalia Roig: un año que ya era especial y que, de repente, ha dado un paso más.
Ahora solo queda esperar al 26 de septiembre.
Mientras tanto, Natalia sigue disfrutando. Y, aunque ya es preseleccionada, todavía conserva algo de aquella niña que escuchó su nombre y no podía creérselo.
La niña que caminó llorando hacia un sueño.
Y que ahora empieza a descubrir hasta dónde puede llevarla.
Puedes ver la entrevista completa en este enlace: https://www.youtube.com/watch?v=mW-pJjpJijQ&list=PLfQBVkHvj_9s&index=146&pp=iAQBsAgC

Lorena Meléndez, entre risas, libros y el recuerdo de un abuelo que estuvo presente en la pasarela
Lorena Meléndez Simó tiene 11 años y todavía conserva esa mezcla de ilusión y naturalidad de quien está viviendo algo muy grande sin terminar de acostumbrarse a ello. Pertenece a la falla Sueca-Literato Azorín y acaba de convertirse en una de las preseleccionadas. Ahora ya se lo cree. El día de la elección, sin embargo, todo parecía demasiado bonito para ser verdad.
«Ese día salí y dije: he salido». Así, con la sencillez que caracteriza a una niña que acaba de ver cumplido un sueño, Lorena recuerda el instante en el que escuchó su nombre. No se lo esperaba. Había muchas candidatas y ella afrontaba la jornada con una idea muy clara: todas tenían posibilidades.
«Seis no son mejores que dos, ni dos son mejores que seis», explica. Por eso, si no resultaba elegida, se habría alegrado por sus amigas. Y si salía, pues fenomenal. Y salió.
Y la alegría se multiplicó al día siguiente, cuando su madre, Reyes, entró en la habitación para despertarla con una noticia que ya no podía ocultarse: «¡Ay, fallereta!». Lorena ya podía decirlo oficialmente: «Sí, ya he salido».
Después llegó el teléfono. 52 mensajes esperaban en el móvil.
«Enhorabuena, enhorabuena». Y ella, una y otra vez: «Gracias, gracias, gracias». Para resolver la avalancha de felicitaciones, incluso recurrió a un método práctico: un audio para todos, lo reenvías y listo.
Pero si hubo un instante que Lorena guarda especialmente fue el de la pasarela. Escuchó su nombre, se puso «súper feliz, súper contenta» y comenzó a caminar hacia el escenario. Allí estaba Marta, que le dio la enhorabuena. «Fue un momento súper bonito».
Sin embargo, mientras avanzaba, sus pensamientos viajaron mucho más lejos.
Pensó en su abuelo, fallecido hace años.
«Pensé en él y dije: estará muy contento».
Una frase breve, pero cargada de emoción. Porque en un momento tan especial, cuando todas las miradas estaban puestas en ella, Lorena quiso compartirlo también con alguien que ya no podía estar físicamente allí.
En casa sí estaban su madre, Reyes, y su padre, José, los dos pilares de una aventura que comenzó mucho antes de aquella noche. Lorena no tiene hermanos. «Nada. Todo para ti», bromea entre risas.
Fuera de la falla y del colegio, donde estudia en los Hermanos Maristas de Valencia y se prepara para comenzar sexto, Lorena tiene dos grandes aficiones: leer y practicar una actividad que exige fuerza, coordinación y, sobre todo, vencer el miedo. Hace aéreos.
Las primeras veces, reconoce, no fueron fáciles. «Tenía mucho miedo, tenía que hacerlo con la profesora». Primero llegaron las figuras y después las caídas. Aunque ahora ya se desenvuelve con mucha más soltura, admite con la naturalidad que la caracteriza que alguna que otra caída también forma parte de la experiencia.
Y entre sus aficiones también está la lectura. Le gustan especialmente los libros de comedia, esos que esconden algún chiste y consiguen arrancarle una sonrisa, aunque también disfruta de las aventuras.
Hay, además, un libro que tiene un significado especial en su año fallero: Invisible, de Eloy Moreno.
La elección no es casual. La falla estaba inspirada en la novela y, después de conocer el proyecto, Lorena decidió buscar el libro y leerlo. Le encantó. El tren, las vías, el dragón, el niño, la hermana… Todo aquello que había visto representado en su falla cobró otro sentido cuando descubrió la historia original.
Ahora el siguiente capítulo tiene fecha: 26 de septiembre.
Ese día, en el Roig Arena, volverán los nervios. Y quizá vuelva a escucharse su nombre.
Si así fuera, Lorena ya sabe qué quiere aportar a la Corte de Honor: «Felicidad, risas» y, sobre todo, compañerismo.
Porque si alguna está triste o le ha pasado algo, ella quiere estar ahí. «Apoyarla y ya está».
Quizá esa respuesta explique mejor que ninguna otra qué clase de componente sería Lorena. Una niña que entiende que formar parte de una corte no consiste solamente en disfrutar de una experiencia extraordinaria, sino también en compartirla con las demás.
Antes de despedirse, Lorena tiene claro a quién debe dar las gracias.
A toda su familia. A su falla. A toda su comisión.
«Gracias por haberme dejado cumplir este sueño tan especial para mí, que llevo desde pequeñita».
Y ahora toca disfrutar.
Disfrutar de la preselección, de los nervios, de las fotografías, de los mensajes y de cada uno de esos momentos que probablemente recordará durante toda su vida.
Y también disfrutar de la ilusión de pensar que, quizá, aquel 26 de septiembre, el nombre de Lorena vuelva a escucharse.
Esta vez, en el Roig Arena.
Pues ver aquí la entrevista completa: https://www.youtube.com/watch?v=hbTJr79diRQ&list=PLfQBVkHvj_9s&index=145&pp=iAQBsAgC

Beatriz Blanco, una ingeniera entre la tradición y el sueño de representar Valencia
Beatriz Blanco Tamarit todavía pronuncia las palabras con cierta incredulidad. «Candidata a Corte de Honor, Fallera Mayor de València». Lo dice y reconoce que suena «muy grande». Quizá porque durante toda su vida ha contemplado desde fuera a quienes ocupaban ese lugar, admirándolas, y ahora es ella quien está al otro lado.
Beatriz, de la falla Castellón-Segorbe, acaba de dar uno de los pasos más importantes de su trayectoria fallera. Una trayectoria que, en realidad, comenzó el mismo día que nació.
El momento en el que escuchó su nombre lo recuerda como una mezcla de emoción, nervios y desconcierto. Allí estaba junto a sus compañeras, con las que había compartido todo el año, abrazadas y esperando conocer quiénes serían las elegidas. Y entonces llegó su nombre.
«Fue increíble», cuenta.
Era el final de un día ya de por sí maravilloso, pero aquel instante convirtió la emoción en algo difícil de explicar. Tocaba salir, saludar a Marta y tratar de entender qué estaba pasando. «Con muchos nervios y sin saber casi cómo actuar», reconoce.
La verdadera dimensión de lo ocurrido llegó después.
Tras la elección, Beatriz se marchó directamente al casal para celebrarlo con toda su comisión. Allí recibió abrazos, felicitaciones y enhorabuenas, pero seguía instalada en una especie de nube. Todavía no terminaba de creérselo.
Fue al llegar a casa cuando la realidad comenzó a abrirse paso.
Su familia la ayudó a quitarse el traje, los moños y todos los elementos de una noche que ya había quedado marcada para siempre. Y entonces apareció esa frase que resume el momento: «Mamá, que sí, que es verdad, que sí».
Esa noche consiguió dormir tranquila. Al día siguiente, sin embargo, despertó siendo algo más consciente de dónde estaba.
Y de lo que podía llegar a vivir.
Su familia ha sido fundamental en ese camino. Beatriz habla especialmente de su madre, la persona que le inculcó desde pequeña el amor por las Fallas y por las tradiciones valencianas. También de su hermano y, de una manera muy especial, de su abuela.
Porque la pasión por la fiesta ha viajado de generación en generación.
«Si mi madre me lo ha inculcado a mí, mi yaya ha sido la que se lo ha inculcado a sus hijas», explica. Una cadena familiar que ha permitido que ese amor por las Fallas llegue hasta ella. «Sin ella no estaríamos aquí», reconoce.
Beatriz no solo representa una larga tradición familiar. También aporta un perfil profesional que habla de esfuerzo y preparación. Hace dos años terminó el grado de Ingeniería en Organización Industrial en la Universitat Politècnica de València y actualmente trabaja como ingeniera en el Departamento de Mantenimiento de Electrotecnia Monrabal, una empresa valenciana dedicada a servicios de construcción, instalaciones y mantenimiento.
Cuando decidió presentarse, sabía que el camino podía exigir mucho. Por eso habló con su empresa antes de dar el paso. La respuesta fue inmediata: apoyo absoluto.
Le dijeron que persiguiera su sueño y que la empresa estaría a su lado para ayudarla en todo lo necesario.
Ahora, entre la ingeniería y las Fallas, Beatriz encuentra también tiempo para sus aficiones. Es una apasionada de las manualidades, especialmente de la cerámica, una actividad que practica desde pequeña. También disfruta del ganchillo.
«Me relaja muchísimo», confiesa.
Y hay otra pasión que comparte directamente con sus compañeras de falla: los bailes regionales. Forma parte del grupo de Dances del Regne de su comisión, una manera más de mantener viva la tradición y de disfrutar de la fiesta desde dentro.
Ahora todas las miradas apuntan al 26 de septiembre.
El Roig Arena será el escenario donde volverán los nombres, los nervios y las emociones. Y allí podría escucharse el de Beatriz Blanco como integrante de la Corte de Honor.
Si llega ese momento, tiene claro qué quiere aportar: cercanía y naturalidad.
Pero también algo que va mucho más allá de una experiencia personal. Beatriz quiere utilizar esa posición para divulgar las Fallas y la tradición valenciana dentro y fuera de València. Porque, para ella, representar la fiesta no termina cuando acaba un ejercicio fallero.
«Son representantes de la fiesta durante ese año y para toda su vida».
Una frase que refleja la dimensión con la que Beatriz contempla el sueño.
Y mientras espera, solo puede agradecer.
A toda su comisión, que la ha acompañado y la ha visto crecer durante este año. A sus tres presidentes, a quienes considera «como padres». A su familia, sin la que asegura que nada de esto habría sido posible.
A su madre, especialmente, porque ha vivido el sueño casi con la misma ilusión que ella. A su hermano, por su generosidad. Y también a su pareja.
Son muchas las personas que forman parte de esta historia. Porque aunque sea Beatriz quien escuchó su nombre aquella noche, detrás de ella hay una familia, una comisión y una tradición que lleva acompañándola desde que nació.
Ahora queda esperar.
El 26 de septiembre puede ser otro día para recordar. Pero Beatriz ya ha conseguido algo que durante años contempló desde fuera: entrar en ese camino reservado a quienes aspiran a representar a toda una ciudad y a su fiesta.
La ingeniera que encuentra calma entre la cerámica y el ganchillo, la fallera que baila tradiciones valencianas y la nieta que sabe perfectamente de dónde viene su pasión afronta ahora el reto con una palabra que define su manera de entenderlo todo: Naturalidad.
Y, pase lo que pase, una certeza: el sueño ya ha comenzado.
Puedes ver la entrevista completa aquÍ. https://www.youtube.com/watch?v=5XyZbbZfTCk&list=PLfQBVkHvj_9s&index=144&pp=iAQB0gcJCRMMAYcqIYzvsAgC

Carmen Chiva, la maestra que quiere llevar la alegría de Ruzafa hasta el corazón de València
Carmen Chiva Gómara todavía está intentando asimilarlo. Decir que es candidata a Fallera Mayor de València «suena muy fuerte», reconoce. Y quizá precisamente porque durante toda su vida ha contemplado desde fuera a las mujeres que han tenido el privilegio de representar a la fiesta, ahora le cuesta verse a sí misma en ese lugar.
Carmen pertenece a la falla Cádiz-Literato Azorín-Reina Doña María, en el sector Ruzafa B, y acaba de dar un paso que durante mucho tiempo imaginó como un sueño lejano.
La noche de la preselección, cuando escuchó su nombre, la reacción fue casi inmediata: «¿Yo?». No se lo esperaba. Fue necesario dejar pasar las horas para que la realidad empezara a asentarse.
Primero llegó la celebración en el casal, rodeada de su comisión. Abrazos, felicitaciones y una sensación difícil de explicar. Después, cuando el casal comenzó a vaciarse y la intensidad de la noche empezó a bajar, Carmen pudo procesarlo.
«Ostras, ostras, lo que estoy viviendo es muy fuerte».
Fueron incluso las niñas de su falla quienes terminaron de hacerla aterrizar. «Vas a vivir una cosa que solo viven unas poquitas privilegiadas», le decían. Y Carmen comenzó a comprender la dimensión de lo que acababa de suceder.
Al día siguiente llegó la segunda parte de la realidad: el móvil lleno de mensajes y la certeza de que aquello no había sido un sueño.
«Lo que pasó ayer no es un sueño, ha pasado de verdad».
Durante el momento de la elección, sin embargo, había otras imágenes que ocupaban su mirada. Desde el escenario solo podía fijarse en su familia, emocionada y llorando. Su madre, Sonia; su padre, Juan; y su hermana, Raquel. También estaba allí otra familia que ya siente como propia: la de su pareja, Fran, con quien lleva siete años.
Y entre todos ellos hubo una figura especialmente emocionada. Fran.
«Él es el que más lloraba de emoción», recuerda Carmen entre risas. No era para menos. Conoce perfectamente el sueño que su pareja llevaba dentro y que aquella noche comenzaba a hacerse realidad.
Carmen también sabe perfectamente de dónde procede su amor por las Fallas. Su familia ha sido el origen de una pasión que ha crecido con ella. Y ahora es ella quien continúa esa tradición.
Profesionalmente, su vida transcurre entre las aulas. Es maestra de Educación Infantil y Primaria y trabaja como profesora de Infantil en un colegio concertado de València. Una profesión que, asegura, también le hace «súper feliz».
Sus compañeras ya conocían desde el viernes que iba a enfrentarse a la preselección. Incluso bromeaban con ella por la tranquilidad con la que afrontaba las horas previas.
«No sé cómo puedes estar aquí tan tranquila», le decían.
Carmen tenía su propia explicación: todavía faltaban horas para el momento de la verdad.
El lunes, ya con el resultado conocido, llegaron las felicitaciones. Compañeras y equipo directivo compartieron con ella la alegría por una noticia que también habían vivido como propia.
Fuera del trabajo y de las Fallas, Carmen disfruta de las cosas aparentemente sencillas. Leer, pasar tiempo con sus amigos y su familia y, siempre que puede, escaparse al mar.
La playa de Canet es su lugar de paz. Allí pasa los veranos desde que tiene uso de razón y la considera «mi sitio favorito del mundo».
También lee mucho. Empezó, como tantos lectores de su generación, con Harry Potter, que despertó su afición por la fantasía. Después llegaron las novelas románticas y, más recientemente, las historias de crimen y suspense.
Su última lectura tiene un título que llama inmediatamente la atención: Cómo matar a tu familia. Carmen reconoce que puede sonar «un poquito fuerte», pero asegura que disfrutó especialmente de su humor negro.
Ahora, sin embargo, tiene otro libro por escribir: el de los próximos meses.
El 26 de septiembre, el Roig Arena volverá a convertirse en escenario de nervios e ilusiones. Si entonces vuelve a escucharse el nombre de Carmen Chiva, ella tiene claro qué quiere aportar a la Corte de Honor: Cariño. Dulzura. Alegría. Diversión. Pero también responsabilidad.
Se define como una persona cariñosa y dulce, alegre y divertida, pero también responsable, perfeccionista y metódica. Y precisamente ahí encuentra lo que considera que podría ser su mejor aportación: el equilibrio.
«Ser el abrazo cuando alguien lo necesita», la diversión cuando haga falta y también «poner un poquito de calma y responsabilidad cuando lo requiera el asunto».
Una manera de entender la fiesta que encaja perfectamente con su profesión y con su forma de relacionarse con los demás.
Antes de terminar, Carmen vuelve a quienes han hecho posible este camino. Su familia, en primer lugar. Porque detrás de cada acto, cada peinado, cada traje y cada preparación han estado ellos.
Y después, su comisión.
La misma comisión que la nombró el pasado mayo y que la ha acompañado hasta la preselección. Sus amigos, a quienes considera su segunda familia, han sido parte fundamental de un año que ya califica como «el mejor año de mi vida».
Ahora queda esperar.
Quizá el 26 de septiembre el sueño dé otro paso. Quizá no.
Pero Carmen Chiva ya ha descubierto algo que antes solo podía imaginar desde fuera: lo que significa estar entre las mujeres que aspiran a representar a València y a sus Fallas.
Y lo hace con una sonrisa, con naturalidad y con la certeza de que, pase lo que pase, ya ha vivido algo que muy pocas pueden contar.
Puedes ver la entrevista completa aquí: https://www.youtube.com/watch?v=0E1X8kyrmz4&list=PLfQBVkHvj_9s&index=143&pp=iAQBsAgC




















