Hay momentos en los que un sindicato tiene que demostrar para qué sirve. No basta con convocar movilizaciones, lanzar comunicados o salir delante de una pancarta. Cuando llegan las consecuencias, especialmente cuando esas consecuencias afectan directamente al bolsillo de los trabajadores, es cuando toca estar a la altura.
La huelga educativa valenciana ha dejado ahora una factura que va más allá de los descuentos salariales por los días no trabajados. Según ha denunciado la Coordinadora d’Assemblees Docents del País Valencià, (el nombre ya indica por donde va esta coordinadora que se llama de un país que no existe), se han notificado 13 sanciones administrativas relacionadas con las movilizaciones: 11 a profesores y dos a sindicatos, por un importe conjunto de unos 8.000 euros. Las organizaciones denuncian que las sanciones están vinculadas a concentraciones y piquetes informativos desarrollados durante la huelga.
La responsabilidad sindical y las multas a docentes
Y aquí aparece STEPV, (otros que se llaman de un país que no existe).
El sindicato ha tenido un papel protagonista durante un conflicto que se prolongó durante semanas. STEPV, junto a UGT y CCOO, llegó incluso a protagonizar un encierro en la propia Conselleria de Educación después de que las negociaciones se rompieran.
No se puede decir, por tanto, que haya estado al margen de la movilización. Al contrario: ha sido una de sus caras más visibles.
Precisamente por eso cabe preguntarse si toda esta estrategia se ha explicado suficientemente al profesorado.
Una cosa es defender el derecho a la huelga y otra muy distinta es asumir que cualquier actuación realizada durante una movilización está automáticamente fuera del alcance de una sanción administrativa. El sindicato tiene la obligación de defender a los trabajadores, pero también de explicarles con claridad dónde están los límites y qué consecuencias puede tener cada acción.
Porque al final las multas no las paga un comunicado. Las paga una persona.
Y para un profesor que ya ha visto reducida su nómina por secundar la huelga, recibir además una sanción administrativa puede suponer un golpe considerable. La propia STEPV denunció en junio que muchos docentes estaban recibiendo descuentos salariales y reclamó que se fraccionaran para reducir el impacto económico sobre las familias.
El problema, por tanto, no es que un sindicato movilice. Para eso están los sindicatos. El problema aparece cuando la movilización se convierte en una dinámica en la que el coste termina recayendo sobre los mismos trabajadores a los que se pretende defender como resultado de actuaciones fuera de la Ley.
STEPV puede reivindicar legítimamente que las sanciones son injustas. Puede recurrirlas. Puede poner sus servicios jurídicos a disposición de los afectados. Y, de hecho, el movimiento sindical ha anunciado asesoramiento jurídico y una caja de resistencia para hacer frente a las consecuencias económicas de las sanciones.
Pero también debería hacer autocrítica.
Estrategia de protesta y futuras movilizaciones
La protesta necesita estrategia. Necesita objetivos claros. Y, sobre todo, necesita medir las consecuencias. Un sindicato no puede limitarse a decir al profesorado que hay que resistir hasta el final y descubrir después que algunos de sus afiliados se enfrentan a sanciones que quizá no esperaban por no actuar debidamente y pensarse que la calle es suya. Ahora los lloros por las multas no valen. Haberlo pensado antes.
La huelga ha puesto de manifiesto un profundo malestar en la enseñanza pública valenciana. Ratios, plantillas, burocracia, retribuciones e inclusión siguen formando parte de una negociación que continúa abierta. STEPV ya ha advertido de que las movilizaciones podrían regresar en septiembre si no se producen avances. Aunque conociédolos, tratarán de estirar las protestas hasta mayo.
Precisamente por eso sería conveniente aprender algo de lo ocurrido.
Porque defender a los profesores no consiste únicamente en llevarlos a la calle. También consiste en advertirles cuando la protesta termina, cuando llega la nómina y cuando aparece una sanción en el buzón que no se debe hacer lo que no toca, como formar piquetes callejeros o cortar calles de la ciudad indiscriminadamente generando malestar en la ciudadanía.
Ahí es donde un sindicato demuestra de verdad hasta dónde llega su compromiso. Y ahí es donde en septiembre tiene que demostrar que lo que le preocupa es la calidad de la enseñanza, no extraer beneficio político de sus acciones en favor de sus mentores.
Si las multas os duelen, haberlo pensado antes de hacer las cosas. Los lloros ahora no valen.
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Pepe, a tu t’agrà’ la propaganda, eh bandido.
També com tu dius, un poc d’autocrítica: S’ha d’intentar ser un poc més neutral amb les notícies que han d’informar i no t’ractar d’interpelar en les opinions de la resta. Objectivitat, per favor.
Encara que la interpelativitat en aquest «mitjà» no sé fins on arriba. Quants lectors i lectores teniu?
Al bon dia.
Perdó: «Interpel·lar»