Tras grabar en el Centro de Reproducción Equina de Utiel para Onda Fallera TV y el canal de YouTube Ecos del Campo CV, descubrimos un restaurante que nos sorprendió de principio a fin. No se trata de una colaboración ni de una publicidad patrocinada. Simplemente, cuando un lugar hace las cosas tan bien, merece ser contado.
Hay recomendaciones que se olvidan y otras que conviene seguir al pie de la letra. Después de una intensa mañana de grabación en el Centro de Reproducción Equina de Utiel, preguntamos a Pepe y Sonia dónde comer bien en la localidad. La respuesta fue inmediata: Santolina.
Llegábamos con tres necesidades muy claras: sed, hambre y expectativas. Las tres quedaron ampliamente satisfechas.
Nada más llegar entendimos por qué nos lo habían recomendado. El comedor interior estaba completamente lleno, señal inequívoca de que el restaurante goza de una clientela fiel, aunque afortunadamente dispone de una amplia y agradable terraza exterior donde disfrutamos de la comida con total tranquilidad. Un primer consejo para nuestros lectores: reservad mesa antes de ir.
Optamos por el menú degustación, una excelente manera de conocer la propuesta gastronómica de la casa.


Una cocina que juega con las texturas y respeta la tradición
Desde el primer bocado quedó claro que detrás de la cocina existe una idea muy definida.
La propuesta combina producto de la tierra, recetas tradicionales y una ejecución muy cuidada donde aparecen constantemente los contrastes de vegetales, encurtidos, crujientes, melosidad y sabores intensos, logrando un conjunto muy equilibrado y tremendamente agradable para el paladar.
Uno de los aspectos que más llamó nuestra atención fue el magnífico uso de los encurtidos, presentes en distintos momentos del menú aportando frescura y personalidad sin eclipsar al resto de ingredientes.
Entre todos los entrantes hubo dos que, personalmente, sobresalieron.
La coca crujiente de atún y algas fue probablemente el plato más redondo del menú. La textura perfectamente crujiente de la coca, el equilibrio del atún y el ligero toque marino de las algas crean una combinación fresca, original y muy adictiva.
El otro gran protagonista fue el pimiento del piquillo relleno de ajoarriero con crema de pisto, un plato donde la tradición valenciana encuentra una presentación moderna sin perder autenticidad. Sabroso, cremoso y perfectamente equilibrado.
Eso no significa que el resto de elaboraciones quedaran por detrás. Todo lo contrario. La ensalada de tomate con mayonesa de bonito en escabeche o el crujiente de queso brie estilo almussafes mantienen un nivel muy alto durante todo el recorrido gastronómico.


Un canelón con personalidad
Como plato principal elegimos el canelón de ternera y boletus.
Se trata de una elaboración generosa, muy melosa y con una personalidad marcada por una presencia evidente de la nuez moscada, un detalle que aporta identidad propia al plato sin ocultar el sabor de la carne ni de las setas.
Las raciones, además, son abundantes, algo que también agradece el comensal.
Un postre para los amantes del cacao
Para terminar nos decidimos por las texturas de chocolate.
Un postre pensado claramente para quienes disfrutan del cacao en estado puro. Las tres elaboraciones ofrecen diferentes sensaciones en boca manteniendo un denominador común: mucho sabor a chocolate y un dulzor muy contenido, dejando que el verdadero protagonista sea el cacao y no el azúcar.
Un final elegante para una comida que mantuvo el nivel desde el principio hasta el último bocado.

La filosofía de Santolina
Antes de marcharnos, y una vez abonada la cuenta, quisimos conocer qué filosofía existe detrás de una cocina tan coherente.
La respuesta fue tan sencilla como reveladora:
«Hemos intentado coger la gastronomía típica de aquí, de la zona, lo más tradicional, y luego darle una vuelta y darle un toque distinto. Que sea lo de toda la vida, pero diferente. Nosotros somos la gran mayoría de aquí, de Utiel, de la zona.»
Una declaración que explica perfectamente lo que el cliente encuentra en la mesa: cocina reconocible, cercana, pero reinterpretada con técnica y sensibilidad.
La experiencia de Diego marca el camino
Buena parte de esa personalidad tiene nombre propio.
Diego, propietario del restaurante, trabajó durante cerca de una década como jefe de cocina junto al reconocido chef Quique Dacosta. Hace aproximadamente tres años y medio decidió regresar a su Utiel natal para abrir Santolina y desarrollar un proyecto propio con identidad local.
El resultado salta a la vista.
Una recomendación sincera
Desde Ecos de Valencia y Ecos del Campo CV queremos dejar claro que este artículo no responde a ninguna colaboración comercial ni a una acción patrocinada.
Simplemente creemos que, cuando un restaurante sorprende tan positivamente por la calidad de su cocina, la profesionalidad de su servicio, el cuidado en los detalles y la honestidad de su propuesta gastronómica, merece ser contado.
Santolina nos dejó una sensación que hoy en día no siempre es fácil encontrar: la de salir de un restaurante pensando que volverías sin dudarlo.
Y eso, probablemente, sea el mejor elogio que puede recibir cualquier cocina.
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