Albiñana y el intento de reconfigurar la personalidad histórica valenciana

Josep Lluís Albiñana es una de las figuras más simbólicas de la Transición valenciana y también uno de los personajes que mejor representan la deriva ideológica que intentó redibujar la personalidad histórica valenciana bajo los planteamientos del pancatalanismo político. Su trayectoria no puede entenderse únicamente desde la política institucional; debe leerse dentro del gran conflicto identitario que sacudió al pueblo valenciano durante la denominada Batalla de Valencia, una época de tensión social, confrontación simbólica y profunda división cultural que aún hoy deja consecuencias.

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Albiñana apareció en un momento histórico extraordinariamente delicado. La muerte del régimen franquista y el inicio de la Transición abrieron un nuevo escenario en el que los territorios históricos buscaban redefinir su identidad política e institucional. Pero en el caso valenciano, aquel proceso fue rápidamente contaminado por una fuerte ofensiva ideológica destinada a catalanizar progresivamente la conciencia colectiva valenciana.

Y Josep Lluís Albiñana se convirtió en una pieza clave de ese proyecto. Desde la presidencia del Consejo Preautonómico, Albiñana impulsó el uso institucional de la denominación “País Valenciano”, un término claramente vinculado a los planteamientos del nacionalismo catalán contemporáneo y que muchos valencianos consideraban y continúan considerando una negación directa del nombre histórico de Reino de Valencia y de la posterior denominación oficial de Comunidad Valenciana.

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Pero no fue solo una cuestión terminológica. También oficializó el uso de la cuatribarrada en el escudo del Consejo en el centro, conocida popularmente como la “Màrfega”, marginando deliberadamente la Real Senyera coronada, símbolo histórico propio del pueblo valenciano. Aquel gesto no fue percibido por una gran parte de la sociedad como una simple decisión administrativa, sino como una auténtica provocación identitaria.

Y ahí comenzó una fractura que aún hoy no se ha cerrado del todo. El problema de Albiñana no era únicamente su ideología personal. El problema era la creciente sensación de que desde las instituciones preautonómicas se estaba intentando construir una nueva identidad valenciana subordinada culturalmente a Cataluña.

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Sus propias declaraciones lo dejan clarísimo. Cuando afirmaba que el “País Valenciano” compartía lengua, cultura, economía e historia con Cataluña, no estaba haciendo una simple observación académica neutral. Estaba participando activamente en una narrativa política destinada a integrar al pueblo valenciano dentro de una supuesta comunidad nacional catalana más amplia.

Y eso provocó un rechazo enorme en una parte muy importante de la sociedad valenciana. Porque muchos valencianos podían aceptar relaciones históricas, comerciales o culturales con Cataluña. Lo que no aceptaban era la disolución de su identidad propia bajo el relato de los “Países Catalanes”.

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La Batalla de Valencia no fue, como muchas veces intenta simplificar el pancatalanismo, una lucha entre “demócratas modernos” y “blaveros ignorantes”. Fue también la reacción de una parte del pueblo valenciano que percibía que su lengua, sus símbolos y su historia estaban siendo reinterpretados desde planteamientos externos e ideologizados.

Y Josep Lluís Albiñana se convirtió en uno de los rostros más visibles de esa operación. Resulta especialmente revelador que, décadas más tarde, acabara vinculado políticamente a formaciones claramente pancatalanistas como ERPV, rama valenciana de Esquerra Republicana de Cataluña. Esto confirma que las sospechas de muchos valencianos durante la Transición no eran ninguna paranoia ni ningún “complejo de inferioridad”, sino una realidad política muy concreta: la existencia de un proyecto ideológico orientado a acercar progresivamente Valencia a los planteamientos nacionalistas catalanes.

Mientras tanto, figuras como Albiñana continúan siendo presentadas desde ciertos sectores como símbolos de “modernidad” o “progreso democrático”, obviando deliberadamente la enorme fractura social que ayudaron a generar.

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Porque la cuestión de fondo nunca fue únicamente la autonomía. Fue el intento de redefinir la valencianidad. Y es ahí donde gran parte del pueblo valenciano dijo basta.

La Real Senyera, el nombre de Reino de Valencia, la lengua valenciana diferenciada y la conciencia propia del pueblo valenciano no eran “residuos franquistas”, como algunos intentaron hacer creer. Eran símbolos históricos profundamente arraigados en la memoria colectiva valenciana. Y precisamente por eso la reacción social contra aquel proceso de catalanización política fue tan intensa.

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Hoy, en perspectiva histórica, cada vez resulta más evidente que muchas de las tensiones identitarias actuales tienen su origen en aquella época. Y también resulta evidente que determinadas élites políticas y culturales intentaron aprovechar la Transición para reconstruir Valencia según un modelo ideológico alejado del sentir mayoritario de gran parte del pueblo valenciano.

Por eso la figura de Albiñana continúa generando tanta polémica. No por casualidad. Sino porque simboliza una de las etapas más conflictivas y divisivas de la historia contemporánea valenciana.

Pedro Fuentes Caballero

Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana correspondiente por Dénia

Presidente de la Asociación Cultural Roc Chabàs de Dénia

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