El rejoneador alicantino habla con Ecos del Campo CV sobre el temple de sus caballos, el entrenamiento y la confianza en el caballo, antes de cerrar la tarde en Ondara con cuatro orejas y un rabo y salir a hombros junto a Lea Vicens y Guillermo Hermoso de Mendoza
El rejoneo es una de las disciplinas donde la conexión entre jinete y caballo alcanza una de sus máximas expresiones. Frente a la embestida del toro, el caballo debe mantener la serenidad, responder a las ayudas de su jinete y, al mismo tiempo, demostrar valor, temple y capacidad para desenvolverse en terrenos de máxima exigencia.
Sobre esa relación entre caballo, jinete y toro hablamos con Andy Cartagena, uno de los grandes nombres del rejoneo y un profesional estrechamente vinculado a la Comunitat Valenciana. Cartagena atendió a Ecos del Campo CV en un escenario de enorme tradición taurina, donde repasamos algunos de los aspectos fundamentales de su preparación y de su particular manera de entender el toreo a caballo.
Pero aquella conversación tendría después un magnífico epílogo en la plaza de toros de Ondara, donde el rejoneador completó una tarde triunfal.

Muchas horas de trabajo detrás del temple
Una de las grandes preguntas cuando se contempla un caballo de rejoneo en la plaza es cómo se consigue que el animal mantenga la calma y el temple ante la presencia del toro.
La respuesta de Andy Cartagena está en una palabra que resume buena parte de su profesión: trabajo.
«Son muchas horas de trabajo que van detrás y, poco a poco, buscando caballos que cada vez piensan en unos terrenos más difíciles, más comprometidos.»
El caballo de rejoneo no llega a la plaza simplemente por sus condiciones naturales. Detrás de cada actuación existe un proceso de preparación, entrenamiento y selección de animales capaces de responder ante situaciones cada vez más exigentes.
Para Cartagena, el sacrificio y el entrenamiento resultan fundamentales:
«Sobre todo, mucho sacrificio y mucho entrenamiento.»
Cuando el caballo también «torea»
Pero existe un momento en el que la relación entre jinete y caballo alcanza una dimensión todavía mayor. El caballo experimentado aprende a interpretar la embestida, conoce su posición frente al toro y es capaz de responder con naturalidad a determinadas situaciones.
Preguntado por si existen momentos en los que confía plenamente en el caballo o si siempre actúa bajo sus directrices, Cartagena ofrece una respuesta que refleja la enorme confianza que deposita en sus animales.
«El caballo ya sabe torear.»
Y va incluso más allá:
«Hay momentos que ellos hacen y muchas veces, al revés, yo lo dejo torear y muchas veces yo también me dejo llevar por ellos.»
Una afirmación que refleja una de las claves del rejoneo de máximo nivel: la comunicación entre jinete y caballo debe llegar a tal grado de compenetración que ambos sean capaces de reaccionar conjuntamente ante la embestida.
El jinete dirige, anticipa y marca los tiempos, pero también debe saber leer lo que está haciendo su caballo y confiar en su experiencia.

La confianza se construye en el entrenamiento
La confianza que Cartagena deposita en sus caballos no es fruto de la improvisación. Es el resultado de años de preparación y de conocer profundamente a cada animal.
En el rejoneo, cada caballo puede desarrollar unas determinadas cualidades y asumir diferentes funciones dentro de una cuadra. Algunos destacan por su capacidad de salida, otros por su temple, por su manera de enfrentarse al toro o por su capacidad para desenvolverse en terrenos más comprometidos.
Encontrar esos caballos y conseguir que desarrollen todo su potencial forma parte esencial del trabajo diario del rejoneador.
El secreto de las pulseras rojas
La entrevista dejó también un momento más personal y curioso. Las pulseras rojas que Andy Cartagena lleva habitualmente en su muñeca despertaron la curiosidad de quienes estaban presentes.
El propio rejoneador explicó el origen de este particular amuleto.
«Las tengo desde hace muchísimos años. Un caballo, se las puse a un caballo negro que se llama Pericalvo.»
La historia comenzó como una superstición.
«Se las puse un poquito por superstición, me fue bien, le fue bien al caballo y entonces pues las llevo puestas.»
Desde entonces, aquellas pulseras se han convertido en una pequeña parte de su identidad personal, acompañándole durante años de trayectoria profesional.

Una entrevista que terminó en triunfo
Y si durante la entrevista hablábamos de temple, confianza, sacrificio y de la importancia de la conexión entre el rejoneador y sus caballos, la jornada terminaría ofreciendo la mejor demostración posible sobre el ruedo.
Andy Cartagena cerró la tarde de Ondara con cuatro orejas y un rabo, protagonizando una actuación que le permitió abandonar la plaza a hombros junto a Lea Vicens y Guillermo Hermoso de Mendoza.
Un resultado que puso el broche de oro a una jornada en la que el rejoneador alicantino volvió a demostrar por qué la preparación del caballo, el conocimiento de sus monturas y la confianza mutua son elementos fundamentales en el toreo a caballo.
La imagen de Cartagena a hombros resume una tarde de triunfo, pero detrás de esos trofeos está precisamente aquello de lo que hablábamos minutos antes: muchas horas de entrenamiento, sacrificio y una relación de absoluta confianza entre el hombre y el caballo.
Porque, como el propio Andy Cartagena nos explicó, llega un momento en el que el jinete no solo conduce al caballo.
También se deja llevar por él.
Y en Ondara, esa confianza terminó traducida en una tarde de cuatro orejas y un rabo y en una salida a hombros junto a Lea Vicens y Guillermo Hermoso de Mendoza.
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