La polémica sobre la Real Senyera, el nombre de la Comunidad y la identidad de la lengua vuelve a plantear una cuestión de fondo: ¿debe una institución lingüística intervenir también en la definición identitaria del pueblo valenciano?
Una antigua información de prensa volvía a poner sobre la mesa un debate que, lejos de haber desaparecido, continúa presente en la sociedad valenciana. El titular era suficientemente explícito: «Los nuevos miembros de la AVL cuestionan la Senyera y el nombre de la Comunidad».
La noticia hacía referencia a la renovación de miembros de la Academia Valenciana de la Lengua (AVL) y recordaba que algunos de los nuevos académicos habían expresado anteriormente opiniones sobre cuestiones tan sensibles como la denominación de la lengua, la Real Senyera o el nombre del territorio valenciano.
Más allá de la contundencia del titular que, como cualquier titular periodístico, debe contrastarse con los textos originales y las declaraciones concretas de cada protagonista, el asunto plantea una cuestión mucho más profunda:
¿Dónde termina la competencia lingüística de una academia y dónde comienza el terreno político, histórico e identitario que corresponde al conjunto del pueblo valenciano?
Una academia de la lengua no puede convertirse en una academia de la identidad
La AVL es una institución normativa en materia lingüística. Su función está relacionada con el estudio y la normativización del valenciano.
Precisamente por ello resulta necesario diferenciar dos ámbitos que demasiadas veces aparecen mezclados.
Una cosa es estudiar la lengua valenciana, su gramática, fonética, léxico, historia, literatura y variedades territoriales.
Y otra muy distinta es pretender que la autoridad adquirida en el campo filológico conceda también una autoridad especial para determinar cuál debe ser la identidad colectiva de los valencianos, qué bandera los representa o dentro de qué marco nacional o cultural debe interpretarse su historia.
Los académicos, naturalmente, tienen derecho a sus opiniones. Pueden tener las mismas preferencias políticas, culturales o identitarias que cualquier otro ciudadano.
Pero esas opiniones no dejan de ser opiniones por el hecho de proceder de un académico.
La autoridad filológica no equivale a infalibilidad histórica, política o identitaria.
Y una institución pública valenciana debería ser especialmente escrupulosa a la hora de separar las investigaciones científicas de las interpretaciones ideológicas.
La Real Senyera no es una cuestión filológica
Uno de los aspectos más delicados de esta controversia es la Real Senyera Valenciana.
Sobre su evolución histórica se puede investigar y debatir. Existen documentos, representaciones heráldicas y diferentes interpretaciones historiográficas que merecen ser estudiadas con rigor.
Pero hay una realidad institucional indiscutible: la Real Senyera es la bandera oficial de la Comunidad Valenciana.
Así lo establece el Estatuto de Autonomía.
Por tanto, cualquier académico es libre de estudiar sus orígenes, discutir determinadas interpretaciones históricas o expresar, a título personal, sus preferencias.
Lo que resulta más difícil de aceptar es que una determinada interpretación ideológica pueda presentarse ante la sociedad como una consecuencia necesaria de la filología.
La Real Senyera no es propiedad de una universidad, de una academia ni de un partido político.
Es patrimonio simbólico del pueblo valenciano.
Y su legitimidad actual no depende de la opinión particular de un académico.
Reino de Valencia, Comunidad Valenciana y nuestra continuidad histórica
Algo semejante ocurre con la denominación del territorio.
La denominación oficial actual es Comunidad Valenciana, mientras que el Estatuto de Autonomía recuerda expresamente al pueblo valenciano «históricamente organizado como Reino de Valencia».
Esto permite distinguir perfectamente dos planos. La Comunidad Valenciana es la realidad jurídica y autonómica contemporánea. El Reino de Valencia es una realidad histórica fundamental para comprender la formación política e institucional valenciana.
Podemos estudiar también otras denominaciones utilizadas en diferentes momentos históricos. Pero ninguna investigación filológica puede determinar por sí misma qué denominación política debe adoptar una sociedad.
Una academia estudia la lengua. No redacta la conciencia colectiva de un pueblo.
La cuestión del nombre de la lengua
Naturalmente, el punto más controvertido continúa siendo la relación entre valenciano y catalán.
La filología académica contemporánea mayoritaria considera el valenciano y el catalán variedades de un mismo sistema lingüístico. Esta realidad académica puede explicarse sin complejos y sin necesidad de caricaturizar ninguna de las posiciones existentes. Pero una cosa es una clasificación filológica y otra afirmar que la denominación lengua valenciana carece de legitimidad.
No es así.
El nombre valenciano posee una profunda tradición histórica, cultural, literaria y social. Durante siglos los valencianos han identificado su lengua como valenciana. La denominación no nace en los debates políticos contemporáneos ni es una invención surgida durante la Transición. Forma parte de la conciencia lingüística valenciana.
Por eso resulta especialmente contraproducente que cualquier valenciano que defienda esta denominación sea presentado automáticamente como un ignorante, un anticatalanista o un enemigo de la ciencia. Se puede discutir científicamente sobre filiaciones, sistemas lingüísticos y clasificaciones románicas.
Pero ninguna clasificación científica obliga a un pueblo a renunciar al nombre histórico de su lengua.
Unidad lingüística no puede significar subordinación cultural
El verdadero problema aparece cuando el debate deja de ser estrictamente filológico.
Si hablar de unidad lingüística significa estudiar semejanzas estructurales, evolución histórica, inteligibilidad o parentesco entre variedades, estamos ante un debate académico perfectamente legítimo.
Pero si detrás de esa unidad se pretende construir una unidad cultural, nacional o política que diluya la personalidad valenciana dentro de otra identidad, ya no estamos hablando únicamente de filología.
Estamos hablando de ideología. Y es precisamente ahí donde muchos valencianos marcan una línea roja.
Valencia tiene derecho a interpretarse desde Valencia.
Sin hostilidad contra Cataluña. Sin negar las relaciones históricas existentes entre territorios vecinos. Sin necesidad de convertir las diferencias en enemistad. Pero también sin aceptar que la personalidad valenciana tenga que quedar subordinada a una construcción cultural pancatalanista.
¿Por qué molesta que los valencianos digamos «lengua valenciana»?
Hay una pregunta que merece una reflexión profunda.
Si la denominación valenciano está reconocida oficialmente, si es la denominación tradicional utilizada por los valencianos y si forma parte de nuestra realidad estatutaria, ¿por qué provoca todavía tanta resistencia en determinados sectores que los valencianos hablemos sencillamente de lengua valenciana?
No debería existir ninguna contradicción entre estudiar científicamente las relaciones entre lenguas románicas y respetar la denominación que una comunidad da a su lengua. Y mucho menos debería considerarse sospechoso a quien afirma con naturalidad:
«Yo hablo valenciano».
Durante generaciones, eso es exactamente lo que han dicho miles de familias valencianas. No estaban realizando una declaración política. Estaban nombrando la lengua que hablaban.
Dénia y la Marina no necesitan que les expliquen cómo llamar a su lengua
Desde Dénia, este debate adquiere también una dimensión propia.
La Marina Alta conserva una extraordinaria riqueza lingüística valenciana. Palabras, expresiones, formas verbales, pronunciaciones y giros populares forman parte de un patrimonio transmitido de generación en generación.
Nuestros mayores hablaban valenciano.
En Dénia, Xàbia, Pedreguer, Gata, Ondara, Pego, Benissa, Teulada y el resto de la comarca, la denominación tradicional ha formado parte de la vida cotidiana sin necesidad de grandes discusiones académicas. Por eso, cualquier política lingüística que aspire realmente a proteger el valenciano debería comenzar por una cosa muy sencilla:
Escuchar a los valencianos.
Una lengua no sobrevive únicamente porque aparezca en diccionarios o gramáticas. Sobrevive cuando se habla en las casas, en las calles, en los comercios, entre los amigos y entre generaciones. Y si queremos recuperar el uso social del valenciano, difícilmente lo conseguiremos convirtiendo la lengua en un permanente campo de batalla identitario.
Una institución pública necesita pluralidad
La cuestión de fondo no es impedir que un académico piense de una determinada manera. Una sociedad democrática no funciona así.
La verdadera cuestión es si una institución pública dedicada a una lengua puede permitirse transmitir la imagen de que solamente existe una única sensibilidad cultural posible alrededor de esa lengua. La sociedad valenciana es plural.
Y cualquier institución valenciana que aspire a representarla debería comprender esa pluralidad. La discrepancia científica es saludable. El debate historiográfico también. Lo que resulta peligroso es convertir una determinada escuela interpretativa en dogma y considerar que cualquier discrepancia es producto de la ignorancia.
La ciencia no necesita dogmas. Necesita documentos, argumentos, contraste y debate.
Valencianos sin complejos
Defender la Real Senyera no significa estar contra Cataluña. Decir lengua valenciana no es insultar a nadie. Recordar el Reino de Valencia no es inventar la historia.
Defender la Real Senyera no significa estar contra Cataluña. Decir lengua valenciana no es insultar a nadie. Recordar el Reino de Valencia no es inventar la historia.
Defender una personalidad valenciana propia tampoco significa negar las múltiples relaciones culturales que los valencianos hemos mantenido durante siglos con otros territorios mediterráneos y peninsulares.
La valencianidad no necesita construirse contra nadie. Pero tampoco necesita pedir permiso. Esa debería ser la base de una convivencia cultural madura.
La AVL ante su verdadero reto
Quizá el gran problema del valenciano actual no sea cómo clasifican los filólogos la lengua dentro de la familia románica.
El problema verdadero es conseguir que continúe viva. Que los jóvenes la hablen. Que las familias la transmitan. Que sea natural utilizarla. Que no sea percibida como un instrumento de confrontación política. Que los valencianos puedan sentirla como propia independientemente de su ideología.
Y en esa tarea la AVL podría tener un papel importantísimo.
Pero para conseguirlo necesita generar confianza en el conjunto de la sociedad valenciana y demostrar que la defensa del valenciano no implica la aceptación obligatoria de una determinada concepción identitaria.
Porque una lengua que divide a sus hablantes tiene un problema. Una lengua que los une tiene futuro.
Nuestra identidad no necesita tutores
Las instituciones pueden establecer normas. Los filólogos pueden elaborar gramáticas. Los historiadores pueden revisar interpretaciones. Los políticos pueden aprobar leyes. Pero hay una cosa que ninguna institución puede fabricar desde un despacho: la conciencia de un pueblo.
La personalidad valenciana es el resultado de siglos de historia, instituciones, cultura, tradiciones, lengua y memoria colectiva.
No necesita ser definida desde Barcelona. Pero tampoco desde Madrid. Ni siquiera desde un despacho académico de Valencia. La mejor manera de protegerla es respetarla. Por eso, ante cualquier intento de convertir la filología en una herramienta de interpretación política de nuestra identidad, conviene recordar una idea elemental:
una academia puede normativizar una lengua; lo que no puede normativizar es la identidad de un pueblo.
La Real Senyera es nuestra bandera. El Reino de Valencia forma parte esencial de nuestra historia. Valenciano es el nombre con el que generaciones de valencianos han conocido su lengua. Y la personalidad valenciana no necesita la autorización de nadie para existir.
Pedro Fuentes Caballero
Académico correspondiente por Dénia de la Real Academia de Cultura Valenciana
Presidente de la Asociación Cultural Roc Chabàs de Dénia






















