Batalla interna en el PP valenciano: Camps asegura tener más apoyos en las bases que María José Catalá y Pérez Llorca

PorPepe Herrero

mayo 7, 2026 #.candidato, #camps, #pp

En el PP valenciano se está librando una batalla que no es solo de nombres, sino de épocas políticas. La pregunta ya no es únicamente quién liderará el partido tras la etapa convulsa posterior a Mazón, sino qué tipo de PP quiere volver a ser la derecha valenciana: el de la nostalgia de las mayorías absolutas de Francisco Camps o el del municipalismo pragmático y menos ideológico que representa María José Catalá, con el aparato orbitando alrededor de Juan Francisco Pérez Llorca.

Y, aunque pueda sonar paradójico, hoy Camps parece más “preferido” emocionalmente entre una parte importante de la militancia que la propia Catalá.

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No necesariamente más aceptado por Génova. Ni más útil electoralmente a medio plazo. Pero sí más querido por una base conservadora que identifica su etapa con poder, cohesión interna y autoestima política. Camps ha entendido algo esencial: en tiempos de desgaste institucional y fragmentación ideológica, la nostalgia moviliza. Y lleva meses explotándola con habilidad.

Las encuestas que él mismo ha impulsado —y que evidentemente deben leerse con cautela— le sitúan por delante tanto de Pérez Llorca como de Catalá en reconocimiento y capacidad de movilización del voto popular. Incluso sus detractores admiten que conserva una red territorial y sentimental que ningún otro dirigente del PPCV posee hoy.

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Catalá, sin embargo, representa otra cosa. Es probablemente la dirigente con mejor imagen pública transversal del PP valenciano. Tiene gestión, discurso moderado y una capacidad evidente para conectar con votantes urbanos que desconfían del viejo “campismo”. Pero precisamente ahí está su problema interno: entusiasma menos al núcleo duro. Se la percibe eficaz, sí, aunque menos carismática y menos identitaria para el aparato tradicional del partido.

Además, Catalá juega una partida delicada. No puede aparecer como una rival frontal de Camps porque una parte de su propio electorado municipal simpatiza todavía con el expresident. Tampoco puede desafiar claramente a Pérez Llorca sin romper el equilibrio institucional. Así que mantiene una posición ambigua: institucionalmente leal, orgánicamente expectante.

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Mientras tanto, Camps ha decidido hacer algo que parecía imposible hace pocos años: regresar al debate político sin pedir perdón constantemente por el pasado. Tras sus absoluciones judiciales, intenta construir un relato de reivindicación personal y política. Y, aunque fuera del PP mucha gente sigue asociándolo inevitablemente a Gürtel y a la corrupción de aquella etapa, dentro de ciertos sectores populares se ha instalado otra idea: la de un líder “maltratado” que aún sabe ganar elecciones.

Eso explica que su ofensiva no sea anecdótica. Ha anunciado avales, presiona para celebrar el congreso regional y desafía abiertamente a la dirección autonómica. No parece el movimiento de alguien resignado a ser un exdirigente ceremonial.

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Ahora bien, una cosa es ser preferido en conversaciones internas y otra muy distinta ser la apuesta real del partido. Ahí el tablero cambia.

Pérez Llorca cuenta con el poder institucional y con la legitimidad de la dirección nacional. Génova no parece especialmente interesada en reabrir la etapa simbólica de Camps, por mucho tirón que conserve entre afiliados veteranos. Y Catalá, aunque hoy no lidere la pugna orgánica, sigue siendo probablemente la dirigente con más recorrido estratégico si el PP quiere ampliar espacio electoral y competir por el centro.

En el fondo, el dilema del PP valenciano es casi generacional: Camps ofrece épica; Catalá ofrece estabilidad. Camps conecta con la memoria de un partido ganador; Catalá con la posibilidad de un partido homologable al PP urbano europeo. Y Pérez Llorca intenta administrar ambos mundos sin que el partido estalle.

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Por eso la sensación actual es contradictoria: Camps puede ser el más aclamado en ciertos sectores del partido, pero no necesariamente el más viable. Catalá quizá no levanta pasiones internas, aunque muchos en el PP la consideran la opción más sólida para el futuro. Y Pérez Llorca ocupa hoy el centro del tablero porque controla el presente institucional.

La gran incógnita es si el PPCV quiere volver a sentirse poderoso o quiere parecer renovado. Porque, ahora mismo, esas dos cosas no apuntan exactamente al mismo candidato.

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