Comprender el instinto de supervivencia en el caballo es fundamental para establecer una comunicación clara, efectiva, y que nos dé resultados positivos para el jinete y el caballo. Ningún caballo quiere lastimarse. Pueden verse en situaciones en que se lastimen, pero indudablemente no las buscan. Ese instinto es muy fuerte en el caballo. De no ser así, hubieran desaparecido hace ya muchos años. El instinto de supervivencia está ligado a una serie de conceptos como son la desensibilización, el espacio de huida, el punto de balance, el estrés y el alivio, la disciplina y el castigo.
Así pues, teniendo esto en cuenta, el hecho de desensibilizar demasiado al caballo puede ir en detrimento de preservar ese instinto. Si hay demasiada desensibilización, luego hay que infligir cierto nivel de dolor para obtener una respuesta, lo cual es injusto y nada natural. Precisamente, una excesiva desensibilización y un acercamiento desmesurado pueden llevarnos a situaciones problemáticas o incluso peligrosas. Es justo la sensibilidad y ese instinto de huida lo que nos permite también alejar a ese caballo de nosotros.
De ahí que sea muy importante entender el concepto de reestablecer una zona de huida, en una situación controlada, a la vez que se tiene en cuenta el instinto del caballo. Si el caballo va contra la presión es porque desde su punto de vista no ve otra opción mejor, y porque así lo ha aprendido. Cuando el caballo se vea sometido a cierta presión o estrés va a buscar como liberarse de esa situación. Eso es parte de su instinto de supervivencia. Es importante saber mantenerles en cierto estado de alerta, para un buen aprendizaje. De esta forma el caballo empieza a buscar cuál es la respuesta a la presión, y cuál es el camino hacia el alivio y el descanso. El saber mantener al caballo en ese estado es también parte de no llevar a cabo demasiada desensibilización. A partir de ahí es importante comprender el concepto de motivar al caballo para que busque el alivio, no para que busque una escapatoria de la presión. Queremos que el caballo responda a la presión, no que reaccione. De esta forma el caballo puede aprender a apoyarse en nuestra ayuda como una guía para encontrar el alivio.

Es muy importante que el caballo aprenda en sus primeras experiencias, ya sea en el trabajo pie a tierra, o trabajado desde otro caballo, a desplazarse alejándose de nosotros de una forma controlada, con movimiento hacia adelante y con cierta lateralidad. A partir de ahí podemos incrementar la presión y el estrés y lograr que responda en esa situación de forma que ceda a la cuerda que le sostiene, desplace los posteriores y busque pararse. Y ello debe poder relacionarlo en las primeras montas. Si el caballo está familiarizado con ese movimiento nos puede ser de mucha utilidad en el supuesto de que se asuste, o se sienta un tanto inseguro.
Nuestra posición respecto al punto de balance va a determinar si el caballo empieza a caminar hacia atrás, o si empieza a caminar hacia adelante. Si el caballo empieza a dar vueltas a nuestro alrededor es que estamos situados demasiado por detrás del punto de balance, y el caballo siente de alguna forma que puede venirse sobre nuestro espacio. Trato de que el caballo se mueva hacia adelante, pero al mismo tiempo lateralmente, y busco que pise hacia afuera lateralmente y marcha adelante con las patas de atrás. Al mismo tiempo busco que las espaldas y por tanto las patas delanteras acompañen ese mismo movimiento en la misma dirección. Saber reestablecer una zona de huida, en una situación controlada puede evitarnos muchos problemas. Si el caballo va contra la presión es porque desde su punto de vista no ve otra opción mejor. Un caballo que se nos echa encima es difícil de redirigir y controlar.
Saber crear presión, y cómo adaptarse a situaciones de estrés para que el caballo responda y busque el alivio también está directamente relacionado con su instinto de supervivencia. Todos los caballos poseen de forma natural un “centro o lugar interno de control” que regula su sistema nervioso y le permite regresar a un estado de relajación. Si el caballo se siente en peligro, amenazado o bajo estrés, busca regresar a un estado de relajación y alivio por sí mismo. Cuando ponemos presión y sienten el estrés, se asustan, etc., debemos saber darles suficientes buenas experiencias en las que por sí mismos logren encontrar ese control sobre la situación, y el consiguiente alivio. No queremos que el caballo sienta que le estamos forzando a que se relaje, y a que se controle. Pero si debemos ser capaces de crear una situación en la que el caballo busque y encuentre ese alivio de forma productiva para ambos. Otro punto importante es comprender que tanto tenemos que “molestarlo” (motivarlo) para que empiece a buscar ese alivio. No olvidemos que los caballos aprenden a tolerar cierta cantidad de presión, pues saben que más allá, en el otro lado se encuentra el descanso. Encontrar el equilibrio en esa tolerancia y preservar su instinto es parte de encontrar el balance en la desensibilización y saber crear las situaciones adecuadas para que el caballo busque la respuesta adecuada a la presión, y mantenga una motivación en esa búsqueda. Un desequilibrio en la forma de aplicar la presión o de presentar una solución a una situación de estrés puede dar lugar a un trauma. ¿Qué papel juega una situación traumática en un caballo desde el punto de vista de su supervivencia? Cuando se ha creado un trauma, el caballo puede percibir cosas, que en principio son seguras y no presentan ningún problema, como potencialmente peligrosas.
En relación con su instinto de supervivencia quisiera mencionar también la importancia de mantener un equilibrio en referencia a la atención que le pedimos al caballo. ¿Qué tanta atención, y por cuánto tiempo puedo pedírsela al caballo? Hay muchas situaciones en las que puedo aprovechar y dejar al caballo más libre y que ponga la atención donde quiera. Lo importante es que cuando yo requiera su atención de nuevo, la recupere enseguida. Es importante entender ese concepto durante las sesiones en las que vamos a montar a nuestro caballo. Intentar mantener la atención del caballo en uno mismo, por demasiado tiempo, sin pausas ni descansos, puede ser contraproducente, sobre todo en caballos jóvenes. Muchas
veces, después de una situación de estrés, si el caballo nos da la respuesta correcta lo mejor es dejarle completamente, casi hacerse invisibles, lo cual no es tan fácil.
El tema de la disciplina y del castigo es quizás el más delicado. Muchas veces la gente piensa que el castigo es la forma de disciplinar a un caballo. Por lo general, lo único que conlleva es resentimiento, por parte del caballo hacia la persona y hacia el entrenamiento. En lugar de castigarle, si dejáramos al caballo que se enfrente a su propia presión, seguro que obtendremos mejores resultados. Esa es la parte más complicada de entender cuando nos encontramos frente al proceso de educación de un caballo. Esa es la mejor forma para que un caballo comprenda y respete la disciplina que en determinados momentos es necesario aplicar. Cuando el interior de una persona o un caballo está molesto, está muy claro que eso se va a trasladar en lo que se muestra en el exterior. Debemos llegar a conocer qué le molesta en su interior, y para ello debemos conocer cómo se manifiesta en su exterior. Muchas veces el jinete llega a trabajar en la parte más física. Otras, alcanza a trabajar en la parte mental, pero en la mayoría de las veces únicamente se alcanza la superficie de aquello que realmente le preocupa y le causa un problema al caballo. No olvidemos que el caballo siempre hace lo correcto, nos guste o no. La mejor manera de poder medir todo este proceso es aprender a leer al caballo, y entender su comportamiento en cada momento. La práctica y la experiencia están por encima de todo.










