CRÓNICAS DE UN PASEANTE POR LA CULTURA: La Anunciación. Fra Angelico. Y el Verbo se hizo carne

El Paseante camina tranquilamente y a lo lejos escucha las campanas que marcan las horas, hasta doce campanadas. Y de pronto, recuerda aquellos tiempos donde el tiempo se paraba y se rezaba el Ángelus: “El ángel del Señor anunció a María y concibió por obra del Espíritu Santo”.

Llega a casa y coge los Evangelios, en concreto el Evangelio según san Lucas, donde se relata el momento de la Anunciación:

“En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el name de la virgen era María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin»… María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

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Cuando termina la lectura, su mente se traslada al Prado, a La Anunciación de Fra Angelico.

Desarrolla en la escena principal el tema de la Anunciación, mostrando la escena en un pórtico de mármol abierto, con arcos de medio punto que descansan sobre finas columnas blancas. Tiene bóvedas de arista, de color azul celeste sembrado de pequeñas estrellas de oro. En la fachada del pórtico hay un medallón con la figura de Dios Padre en grisalla. Al fondo del pórtico hay un cubículo con un banco.

El pórtico es de mármol, La Virgen está situada a la derecha. Parece que ante la llegada del ángel ha suspendido la lectura del libro que ahora mantiene sobre el regazo. Tanto ella como la figura del ángel, son dos personajes rubios, de blanca piel y de manos finas y alargadas. La Virgen lleva una túnica de color rosado y un manto azul ultramar. El ángel está vestido con un traje de color rosa con franjas de oro, ceñido a la cintura, que cae en grandes pliegues hasta los pies.

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Se encuentra en un jardín, representación del paraíso. En el ángulo izquierdo de la pintura se ven las manos de Dios y de ellas sale un rayo de luz dorada que viene recto hacia la derecha, en el que viaja la paloma del Espíritu Santo. El vergel que hay delante del pórtico está cuajado de florecillas y tiene una espesa vegetación con algunos árboles entre los cuales puede verse a dos personajes: Adán y Eva, en este caso vestidos con pieles. Su expresión es de sumisión y de arrepentimiento. Representa en conjunto la escena, el principio y el final del pecado, los primeros padres y la salvación del hijo de María. Un ángel vigila detrás de ellos que abandonan el paraíso.

Apreciado lector, no dudes, si visitas el museo del Prado, en dedicar un tiempo a la sala 56B, viaje al Quattrocento y revive el Renacimiento florentino con calma y profundidad. 

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