El río Turia sirvió durante siglos como una vía de transporte fundamental y muy económica para hacer llegar madera desde los bosques del interior hasta la ciudad. Trasladarla por tierra resultaba mucho más complicado debido a la irregularidad del terreno y la escasez de caminos adecuados. Sin embargo, el Turia escondía una particularidad: no era un río navegable para embarcaciones, por lo que el sistema empleado para transportar la madera fue cuanto menos singular.
Antiguamente, los depósitos de madera de Valencia se situaban entre el puente de Serranos y el puente de San José. Hasta allí llegaban los troncos a través del río desde zonas como Ademuz o el marquesado de Moya.
Los verdaderos protagonistas de esta dura empresa eran los gancheros o ganxers, un oficio extremadamente peligroso que requería gran destreza y valentía. Los trabajadores arrojaban los troncos a la corriente y viajaban sobre ellos, guiándolos mediante largos palos y ganchos —herramienta que acabaría dando nombre al oficio— para evitar que se desviaran o quedaran atrapados durante el recorrido.

La travesía podía prolongarse durante cerca de dos meses hasta que, finalmente, divisaban el puente de San José, donde terminaba el trayecto. Allí se soltaba la madera para su almacenamiento bajo el puente de Serranos. Para facilitar la entrada de los troncos, era habitual taponar parcialmente los arcos laterales del puente con la propia madera, elevando así el nivel del agua en el centro del cauce y favoreciendo el paso de las maderadas, llegando en ocasiones a dejar únicamente un ojo abierto.
Se decía que uno de los mejores lugares para contemplar la llegada de las maderadas era el Paseo de la Petxina. De hecho, todos los bancos de piedra del paseo dan la espalda al río salvo uno, fechado en 1756, que tradicionalmente se considera reservado para que los jurados y veedores pudieran observar cómodamente el paso de los troncos.
Esta práctica no fue exclusiva del Turia. También se realizaba en otros ríos valencianos, como el Xúquer, así como en diferentes puntos de España donde existían grandes explotaciones forestales.
La mayoría de los gancheros procedían de Chelva, aunque también los había de Ademuz o Cofrentes. El oficio solía transmitirse de padres a hijos, comenzando muchos niños a trabajar desde edades muy tempranas. Con el tiempo iban ascendiendo dentro de los distintos puestos existentes en las cuadrillas.
Las maderadas continuaron llegando a Valencia hasta finales del siglo XIX, aunque en otros territorios la tradición todavía se prolongó durante las primeras décadas del siglo XX. La expansión del ferrocarril y la modernización de los transportes acabaron haciendo innecesario este sistema tradicional de traslado de madera.



