- El dominico valenciano que llevó la palabra de su tierra al otro lado del océano
En la Valencia del siglo XVI, entre las calles cercanas a la plaza del Almudín, nació uno de los personajes más influyentes de la espiritualidad valenciana y de la expansión misionera hacia el Nuevo Mundo: San Luis Bertrán. Era el 1 de enero de 1526 cuando veía la luz quien, con el paso del tiempo, sería recordado como un hombre de fe inquebrantable, predicador incansable y símbolo de una época marcada por la transformación religiosa y cultural.
Hijo del notario Juan Luis Bertrán y de Juana Ángela Exarch, creció en un ambiente profundamente religioso. Desde niño mostró una vocación espiritual fuera de lo común. Las crónicas destacan su temprana devoción al Rosario y su disciplina personal, rasgos que definieron su carácter durante toda su vida. Fue bautizado en la parroquia de San Esteban, una de las iglesias más emblemáticas de la ciudad, donde comenzaron a forjarse las primeras páginas de su historia.
Una vida dedicada al estudio y a la predicación
Con apenas dieciocho años ingresó como novicio en la Orden de Santo Domingo de Guzmán. Allí recibió una formación rigurosa en Teología y Humanidades, preparándose para una misión que iba mucho más allá de los muros del convento. Profesó en 1544 y poco después fue ordenado sacerdote, iniciando una intensa actividad docente y pastoral.
Su talento como predicador lo llevó a ocupar cargos de responsabilidad en distintos conventos. Fue maestro en el convento de la Santa Cruz de Llombay y posteriormente desempeñó funciones relevantes en Valencia, donde ejerció como vicario y formador espiritual. Su palabra firme y austera, acompañada de una vida ejemplar, le granjeó una reputación creciente entre fieles y religiosos.
El viaje a América: una misión que marcó su destino
Impulsado por el espíritu misionero que caracterizaba a su tiempo, solicitó en repetidas ocasiones viajar al Nuevo Mundo. En 1562 obtuvo finalmente permiso para trasladarse a América, iniciando una etapa decisiva en su vida. Su labor se desarrolló principalmente en Cartagena de Indias y en los territorios de la Nueva Granada, actual Colombia.
Allí fundó misiones, organizó comunidades cristianas y predicó entre los pueblos indígenas, ganándose el sobrenombre de “Apóstol de las Indias”. Las crónicas hablan de numerosas conversiones y de episodios que reforzaron su fama de santidad, como la supervivencia a enfermedades graves y situaciones de peligro extremo. Su amistad con figuras como fray Bartolomé de las Casas refleja su preocupación por la dignidad de los pueblos originarios y por una evangelización basada en el respeto.
El regreso a Valencia y la madurez espiritual
El clima tropical deterioró gravemente su salud, obligándolo a regresar a España en 1569. Tras recuperarse parcialmente, fue nombrado prior del convento dominico de Valencia, desde donde impulsó la renovación espiritual de la comunidad y la restauración de edificios religiosos. Bajo su dirección, el convento recuperó vitalidad y se convirtió en un referente religioso de la ciudad.
En 1575 fue confirmado como prior de los Predicadores de Valencia, cargo que desempeñó hasta 1578. Sin embargo, el esfuerzo acumulado durante años de viajes, predicación y misiones comenzó a pasar factura a su organismo. A pesar de la debilidad física, continuó predicando y dedicando tiempo a la oración y al acompañamiento espiritual.
Una muerte en olor de santidad y un legado universal
El 9 de octubre de 1581 falleció en Valencia rodeado de su comunidad religiosa. Su muerte fue sentida profundamente por el pueblo valenciano, que ya lo consideraba un ejemplo de santidad. Décadas después, fue beatificado por el papa Paulo V en 1608 y canonizado en 1671 por Clemente X, consolidando su figura como uno de los grandes santos valencianos.
La tradición recoge numerosos episodios milagrosos asociados a su vida, desde curaciones hasta relatos simbólicos que reforzaron su imagen espiritual. También se recuerda que predicaba en lengua valenciana, incluso fuera de su tierra, una muestra más de la fuerte identidad cultural que lo acompañó siempre.
Hoy, San Luis Bertrán es recordado como un puente entre Valencia y América, un hombre que llevó el nombre de su tierra más allá del océano y que supo unir fe, cultura y vocación misionera en una época de grandes cambios. Sulegado permanece vivo en la memoria histórica valenciana como ejemplo de entrega, convicción y compromiso universal.
Pedro Fuentes Caballero
Acadèmic de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana corresponent per Dénia
President de l’Associació Cultural Roc Chabàs de Dénia
















