La Feria de Julio volvió a dejar este sábado una tarde de emociones en la Plaza de Toros de Valencia. Mientras los focos se centraban en Diego Urdiales, Daniel Luque y el valenciano Samuel Navalón frente a los toros de El Torero, hubo una testigo privilegiada que vivió cada instante desde el mismo ruedo. Rocío Mir, alguacililla de la plaza, volvió a abrir el paseíllo apenas veinticuatro horas después de la corrida del viernes y, una vez finalizado el festejo, comparte sus impresiones de una tarde marcada por la seriedad del encierro y el respaldo incondicional de la afición a uno de los suyos.
«Desde el principio se notaba que era una corrida muy bien presentada y muy seria», explica. Una sensación que, asegura, se trasladó a todo el desarrollo del festejo. «Eso estaba presente en el ambiente y hacía que se diera mayor importancia a todo lo que ocurría en el ruedo, tanto durante las faenas como en el propio paseíllo».
Si hubo un nombre propio en los tendidos, ese fue el de Samuel Navalón. Rocío percibió desde el primer momento el cariño de la afición valenciana hacia el joven matador. «Se notó una Valencia volcada con uno de sus toreros, esperando que la tarde fuese redonda para él y para su afición». Aunque los aplausos acompañaron la salida de los tres espadas durante el paseíllo, reconoce que el respaldo al diestro de la tierra tenía un matiz especial. «Durante toda su actuación se valoró todo lo que hizo de principio a fin».
Antes incluso de que sonara el clarín, el ambiente ya anunciaba la importancia de la cita. La alguacililla recuerda con especial intensidad los minutos previos en el patio de cuadrillas. «Se respiraba que era una tarde importante para los tres matadores y de mucha responsabilidad». Un instante que, desde su posición, permite percibir la concentración con la que los protagonistas afrontan el compromiso.
La corrida también dejó momentos de tensión que Rocío vivió muy de cerca. Destaca especialmente la salida del cuarto toro, «que remató prácticamente en todos los burladeros, con mucha potencia y peligro», generando instantes de incertidumbre en el ruedo. También recuerda la emoción del último toro de la tarde, cuando Samuel Navalón decidió recibirlo a portagayola. «Fue un momento de mucha tensión porque el serio toro de El Torero le apretó desde el primer instante».
Uno de los momentos más especiales para la alguacililla llegó con la concesión del trofeo a Navalón. Fue ella la encargada de entregarle la oreja obtenida en su primer toro. «Ha sido un momento muy bonito, porque era un trofeo merecido y además se lo entregaba a un paisano». Un gesto protocolario que, sin embargo, también tiene una importante carga emocional para quien forma parte del desarrollo del festejo.
Comparando ambas jornadas de la Feria de Julio, Rocío considera que la principal diferencia estuvo en el comportamiento del ganado. «La corrida del sábado ha sido muy bien presentada y ha dado más juego. Se han visto toros bravos que han hecho disfrutar y emocionar al aficionado», resume.
Aunque el paseíllo siga un protocolo perfectamente establecido, cada tarde deja detalles diferentes. En esta ocasión, Rocío protagonizó un cambio poco habitual. «Realicé el despeje de plaza por el lado izquierdo, cuando normalmente tenía la costumbre de hacerlo por el derecho». Un pequeño detalle que, asegura, no pasó desapercibido para un público especialmente atento al ceremonial que precede al inicio del festejo.
Más allá de la vistosidad del uniforme y del caballo, la labor del alguacilillo exige una atención constante. Rocío explica que, cuando una faena apunta al triunfo, la responsabilidad aumenta todavía más. «Tras la estocada debemos estar muy pendientes de que las cuadrillas cumplan correctamente su función, tanto ayudando a que el toro caiga en las llamadas ‘vueltas’ como vigilando que el apuntillado y el arrastre se realicen sin demoras». Una labor silenciosa, pero esencial para el correcto desarrollo de la corrida.
Concluidas las dos primeras tardes de la Feria de Julio, el balance es claro. «Han sido dos días de mucha responsabilidad, de muchas sensaciones y, sobre todo, de mucha entrega para que todo se hiciera como corresponde en una plaza de primera categoría». Además, destaca un hecho que quedará en su recuerdo: «He podido entregar dos trofeos de mucho peso a dos figuras actuales».
Si tuviera que quedarse con una sola imagen de esta corrida, Rocío no duda. No elige una faena ni un trofeo, sino el instante previo al comienzo de todo. «Me quedo con el momento en el que termino el despeje de plaza y me sitúo frente al patio de cuadrillas. Allí veo aparecer a los tres matadores con el capote de paseo, asomando al ruedo mientras el público rompe en aplausos, agradeciendo la entrega que van a realizar esa misma tarde». Una imagen que resume la esencia de la tauromaquia: tradición, respeto y emoción incluso antes de que salga el primer toro.
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