Cae el decreto «Mari Carmen», Sánchez gana su apuesta más importante. Por Rafa Gorgues

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PorRafa Gorgues

octubre 2, 2026

El Consejo de Ministros lo aprobó el martes. Hoy, cuando Junts ha votado en contra en el Congreso, el decreto Mari Carmen cae. Y esto es lo irónico: cuando cae, Sánchez gana.

Porque el decreto no era para María del Carmen. Era para Sánchez.

Mira el estado real del Gobierno en estos momentos. Ceuta colapsada bajo la presión migratoria. El presidente de vacaciones en La Mareta mientras la frontera se desmoronaba, zodíacs de la Guardia Civil escoltando su ocio en Lanzarote. Corrupción de Ábalos documentada, financiación irregular del PSOE en los juzgados, el procesamiento de Begoña Gómez pendiendo sobre la cabeza del Ejecutivo. Una legislatura tan deshecha que ha perdido votación tras votación en el Congreso. Una mayoría parlamentaria que dejó de existir hace meses. Socios que se mueven según vientos políticos de última hora. El Gobierno estaba ahogándose. De verdad ahogándose. Había que hacer algo. Había que cambiar de forma radical dónde miraba la opinión pública.

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La movilización de la izquierda y el cambio de agenda

Entonces llegó María del Carmen. El desahucio. La anécdota perfecta. Una anciana de 87 años que había vivido 70 años en el mismo piso, «echada a la calle por el capitalismo». La izquierda se movilizó instantáneamente. Podemos salió a la calle. Los medios afines encontraron el titular perfecto. De repente, Ceuta desapareció de las conversaciones. La corrupción se esfumó de los debates. Las vacaciones de Sánchez en Lanzarote se olvidaron como si nunca hubieran existido. Todos hablaban de María del Carmen. Todos hablaban de vivienda. Todos hablaban de lo que el Gobierno se proponía hacer, no de lo que el Gobierno había hecho.

El decreto fue aprobado en Consejo de Ministros el martes. Fue una estrategia de movilización pura. Activar a Podemos. Mostrar que el Gobierno «defiende a la gente» aunque legalmente María del Carmen no tuviera razón. Crear ruido mediático masivo. Cambiar la agenda nacional.

Pero aquí es donde la estrategia se vuelve aún más sofisticada y casi genial en su cinismo. Sánchez sabe perfectamente que no tiene mayoría parlamentaria. Sabía que Junts diria que no. Sabía que el decreto caería hoy. Y aquí es donde comienza el verdadero juego. Cuando un decreto cae en el Congreso, cuando se derrota en la convalidación, el Gobierno tiene exactamente la excusa que necesita para esgrimirse como víctima de una coalición rota y una mayoría inexistente.

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Una derrota convertida en justificación política

«Veis», puede decir entonces ante las cámaras. «Intentamos proteger a María del Carmen. Intentamos garantizar sus derechos. Pero esta coalición de Gobierno no funciona. Junts nos bloquea cada iniciativa. Nuestros supuestos socios nos sabotean el decreto. No tenemos mayoría para nada. No podemos ni defender a una anciana desahuciada porque los separatistas anteponen sus intereses al bienestar de la gente. Necesitamos nuevas elecciones. Necesitamos un mandato claro de los españoles.»

Es brillante porque convierte lo que debería ser una derrota en una justificación perfecta para escapar. El decreto no necesitaba pasar. Necesitaba parecer que Sánchez lo intentaba mientras que otros lo bloqueaban. Necesitaba activar a Podemos el tiempo suficiente como para que votaran a favor (o al menos pareciera que lo consideraban) mientras que Junts lo hundía. El resultado final es una coalición fracturada, un Gobierno sin mayoría, una prueba visual de que la legislatura es ingobernables.

Lo que Sánchez está haciendo en realidad es negociar con el futuro mientras habla en presente. Necesita que Podemos vea que intenta defender a María del Carmen. Necesita que la izquierda se sienta escuchada aunque sea por un momento. Pero también necesitaba que Junts bloqueara el decreto. Necesita que fracasen visiblemente. Porque cuando todo colapsa, tiene la coartada perfecta para convocar elecciones.

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Porque aquí está el cálculo real. Sánchez está decidiendo si es mejor permanecer en Moncloa como un Gobierno débil que debe negociar cada votación, rodeado de socios que lo boicotean y enemigos que lo rodean. O si es mejor convocar elecciones donde es el narrador de la historia. En elecciones, Sánchez controla la campaña. En elecciones, puede redefinir la narrativa. En elecciones, puede convertir la debilidad en víctima. En elecciones, el foco está completamente donde él quiere.

Y después de meses de legislatura quemada, de votaciones perdidas, de intentos fallidos, de una mayoría que desapareció, las elecciones se ven cada vez más como una escapada honrada. Un Gobierno que dice: no podemos gobernar así, déjanos volver al pueblo.

Lo que parecía ser una derrota (que el decreto caiga) se convierte en victoria (elecciones que le permiten escapar del ahogamiento actual). Y mientras tanto, ¿dónde desaparecen los verdaderos problemas? Ceuta sigue colapsando pero ya nadie lo menciona. La corrupción de Ábalos está en los juzgados pero la campaña electoral lo desentierra. Las vacaciones de Sánchez en La Mareta se olvidan como si pertenecieran a otra vida. El procesamiento de Begoña Gómez se ve ahora como un ataque político.

María del Carmen no sabe que es la pieza de ajedrez más importante en este momento. No sabe que el Gobierno la utilizó para movilizar a sus bases emocionales mientras que sus propios socios de coalición la desahuciarían votando en contra del decreto. No sabe que cuando cae ese decreto hoy, ella será olvidada completamente en medio de la convocatoria electoral que Sánchez necesita para salvarse.

Porque eso es lo que sucede cuando tienes que elegir entre un Gobierno débil que sigue en Moncloa negociando con quien sea, pidiendo votos prestados, viviendo día a día. O elecciones donde tienes una oportunidad real de limpiar la pizarra, de redefinir alianzas, de cambiar el relato. Sánchez siempre elige elecciones. Porque en elecciones es cuando Sánchez es Sánchez. Es cuando el narrador controla la narrativa.

Sánchez ha jugado la partida perfecta. No porque protegió a María del Carmen, sino porque utilizó su caso para justificar exactamente lo que necesitaba: una salida de emergencia de un Gobierno en caída libre hacia la arena de las elecciones, donde el narrador es él y el público está atrapado en la campaña.

Ceuta esperará. La corrupción esperará. Las vacaciones ya pasaron. Lo que no puede esperar es la supervivencia política. Y si tienes que sacrificar un decreto para salvarte a ti mismo, sacrificas el decreto.

María del Carmen seguirá sin hogar. Pero Sánchez seguirá en campaña electoral. Y esa es la ventana de oportunidad que buscaba.

Postdata apunten una fecha 29 de noviembre.

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