Diego García Saiz y el legado familiar del caballo PRE

En pleno entorno natural de Chulilla, entre paddocks, avena y potros curiosos que se acercan sin miedo a los visitantes, la finca Mas de Santamaría se ha convertido en uno de los referentes de la cría de Pura Raza Española en la Comunitat Valenciana. Detrás de este proyecto está Diego García Saiz Santamaría, propietario de la hípica Mas de Santamaría y de la yeguada Hermanos García Saiz, una ganadería que combina tradición familiar, deporte y bienestar animal.

“Todo empezó como un hobby de mi padre”, explica Diego mientras acaricia a una potra nacida este mismo año. “A finales de los 80 empezó haciendo rutas con caballos cruzados y poco a poco aquello fue creciendo hasta convertirse en lo que tenemos hoy”.

Actualmente, la yeguada está especializada casi por completo en la cría de caballos Pura Raza Española, una elección basada tanto en la pasión como en la funcionalidad. “Nos gusta por su belleza, su nobleza y su disposición al trabajo. Creemos que el caballo español todavía tiene mucho que demostrar en el deporte”.

La ganadería forma parte de la Asociación Nacional de Criadores de Caballos de Pura Raza Española (ANCCE) desde hace décadas, siendo una de las más veteranas de la Comunitat Valenciana. Diego representa ahora el relevo generacional de un proyecto que continúa creciendo. “Mi padre me metió este veneno en las venas”, reconoce entre risas.

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Una yeguada enfocada al caballo deportivo

Aunque las capas predominantes son tordas y castañas, en Hermanos García Saiz no seleccionan por color. “Nunca hemos seguido modas. Nosotros buscamos funcionalidad, morfología y mentalidad para el trabajo”, afirma Diego.

Ese criterio marca también la selección genética de la ganadería. Actualmente trabajan principalmente con el semental “Duero la Bellota”, un caballo elegido para reforzar la morfología clásica del PRE barroco sin perder cualidades deportivas.

“Buscábamos afianzar una buena cabeza para el trabajo, un caballo implicado con el jinete y con ganas de trabajar”, explica. Los primeros resultados ya están dando forma a una nueva generación de potras que servirán para renovar las líneas de la casa.

Entre los futuros protagonistas destaca también “Alarico II”, un caballo nacido en la propia finca y que actualmente compite en doma clásica en la categoría de seis años. “La idea es convertirlo en nuestro futuro semental”, señala Diego con orgullo.

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Potros criados en libertad

Uno de los aspectos que más llama la atención al recorrer la finca es la organización de los espacios y el sistema de cría. Los potros viven agrupados por edades en amplios paddocks donde crecen prácticamente en libertad.

“Para mí es fundamental que los potros se críen así. Les aporta una estabilidad mental enorme”, asegura Diego, que además es quien se encarga personalmente de la doma de muchos de ellos.

La diferencia, explica, es evidente respecto a sistemas más tradicionales basados en boxes. “Cuando empezamos estábamos en unas instalaciones más pequeñas y los potros crecían más encerrados. Ahora son mucho más equilibrados y luego el trabajo resulta mucho más fácil”.

La familiaridad de los animales sorprende desde el primer momento. Potras como Flavia, Flautista, Farándula o Furtiva —todas nacidas este año y siguiendo la tradición de nombrar cada generación con una letra del abecedario— se acercan constantemente buscando caricias.

“Están súper toqueteados y son muy zalameros”, comenta Diego mientras uno de los potros le empuja suavemente buscando atención.

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Una finca de 84.000 metros cuadrados

La finca Mas de Santamaría cuenta con 84.000 metros cuadrados donde conviven las instalaciones ecuestres, los paddocks y zonas de cultivo destinadas parcialmente a la alimentación de los caballos.

“Aunque no producimos todo el alimento que necesitan, sí sembramos avena y otras forrajeras para ayudarnos un poco con los costes”, explica.

La alimentación es precisamente otro de los pilares de la yeguada. “Nuestros caballos tienen forraje durante todo el día. El heno está siempre a libre disposición y luego suplementamos según el trabajo o la edad”.

Además de la cría, el complejo desarrolla una intensa actividad ecuestre: clases de equitación, doma de potros, competición en doma clásica y entrenamiento de caballos deportivos.

“Intentamos hacer un poquito de todo dentro del sector”, resume Diego.

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Caballos valencianos con proyección internacional

Aunque la producción es limitada, muchos de los caballos criados en Chulilla terminan encontrando hogar fuera de España. Francia, Alemania o incluso Canadá son algunos de los destinos de los ejemplares de Hermanos García Saiz.

“Criamos pocos potros, pero muchos clientes acaban encariñándose con ellos y algunos se quedan incluso aquí mismo, en el centro”, comenta.

La combinación entre manejo cercano, bienestar animal y selección deportiva parece haber encontrado un equilibrio que define perfectamente la filosofía de esta yeguada valenciana: criar caballos bellos, nobles y preparados para el trabajo, pero sin perder nunca el carácter familiar que dio origen a todo el proyecto.

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