El “Pendón de la Conquista”: entre la tradición, el símbolo y las dudas históricas

A lo largo de la historia, los pueblos han construido su memoria colectiva a través de símbolos. Algunos nacen de hechos documentados; otros, con el paso del tiempo, se envuelven en relatos, interpretaciones y tradiciones que acaban otorgándoles un significado que va más allá de su origen.

En el caso de Valencia, uno de esos símbolos es el conocido como “Pendón de la Conquista”, una pieza que, durante generaciones, ha sido presentada como el estandarte vinculado a la entrada de Jaime I en la ciudad en 1238.
Sin embargo, cuando se observa con detenimiento, cuando se analizan las fuentes y se contrastan los datos, este objeto histórico plantea más preguntas que respuestas. Y es precisamente ahí donde comienza lo verdaderamente interesante: en el punto donde la historia deja de ser relato
y pasa a ser investigación.


Un símbolo profundamente arraigado
La versión más extendida cuenta que, el 28 de septiembre de 1238, en el momento de la rendición de la ciudad musulmana de Balansiya, un estandarte fue izado en una de las torres de la muralla como señal de
capitulación ante Jaime I. Ese gesto habría simbolizado el fin del dominio islámico y el inicio de una
nueva etapa bajo el poder cristiano. Con el tiempo, aquel supuesto estandarte pasaría a ser identificado como el “Pendón de la Conquista”, conservado como una reliquia histórica.


El objeto que hoy se conoce como tal presenta una apariencia humilde: tres tiras de tela cosidas de forma sencilla, con cuatro barras rojas sobre un fondo originalmente blanco. El paso del tiempo ha dejado su huella: el tejido está deteriorado, amarilleado, marcado por los siglos.
A simple vista, podría parecer una pieza auténtica de gran antigüedad. Pero la historia no se escribe con apariencias, sino con pruebas.

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¿Un símbolo de victoria… o de rendición?
Uno de los primeros aspectos que despiertan dudas es el propio significado del pendón.
Las crónicas tradicionales indican que no habría sido un estandarte utilizado por las tropas conquistadoras, sino por los defensores musulmanes como señal de rendición. Es decir, no sería un símbolo de victoria, sino de capitulación.
Este detalle, lejos de ser menor, cambia completamente la interpretación del objeto.
Si esto es así, ¿tiene sentido llamarlo “Pendón de la Conquista”?


¿O estamos ante una denominación posterior que transforma su significado original?
Algunos historiadores consideran que esta reinterpretación forma parte de un proceso habitual: el paso del tiempo convierte símbolos de contexto concreto en emblemas cargados de nuevas lecturas.
La inscripción que no encaja Otro elemento que ha generado debate es la inscripción que aparece en la
pieza: “Año 1238”.
A primera vista, parecería una prueba definitiva de su origen. Pero, paradójicamente, es uno de los aspectos que más dudas plantea.
En el siglo XIII, la documentación oficial de la Corona de Aragón se realizaba mayoritariamente en latín, y las lenguas romances de la época presentaban formas muy distintas a las actuales.
Por eso, el uso de una expresión en castellano moderno levantainterrogantes entre los especialistas.
¿Fue añadida posteriormente?
¿Es una reinterpretación de épocas posteriores?
¿Responde a una intervención para reforzar su valor simbólico?
No hay una respuesta concluyente, pero la duda permanece.


El debate historiográfico
A lo largo del tiempo, numerosos investigadores han analizado el pendón desde distintas perspectivas.
Algunos han defendido su autenticidad tradicional, mientras que otros han mostrado reservas sobre su datación o sobre su relación directa con los acontecimientos de 1238.
Historiadores como Roc Chabàs, Ricart García Moya, Antoni Atienza, Òscar Rueda o Joan Ignaci Culla han señalado aspectos que invitan a la prudencia: características del tejido, técnicas de confección, estado de
conservación, elementos añadidos.
Todo ello sugiere que la pieza podría haber sufrido transformaciones o reinterpretaciones a lo largo del tiempo.
En los años noventa incluso se planteó la posibilidad de realizar pruebas científicas como análisis de carbono-14 para determinar su antigüedad real.
Sin embargo, estos estudios nunca se llevaron a cabo.
Y en historia, cuando faltan pruebas concluyentes, el debate permanece abierto.

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Tres siglos de silencio documental
Otro de los aspectos clave es la ausencia de referencias tempranas.
La primera mención escrita al llamado Pendón de la Conquista aparece en 1538, en la obra del cronista Pere Antoni Beuter.
Esto implica un desfase de aproximadamente trescientos años entre el supuesto acontecimiento de 1238 y su primera referencia documentada.
En términos históricos, este vacío es significativo.
No significa necesariamente que el objeto no existiera, pero sí dificulta enormemente confirmar su continuidad histórica sin interrupciones.
Y aquí surge otra posibilidad: que el pendón forme parte de una tradición construida con el tiempo, algo que no sería extraño en la historia europea, donde muchas ciudades han creado relatos simbólicos para reforzar su identidad.


La Senyera y el debate simbólico
El análisis del pendón también ha estado ligado a otro símbolo fundamental: la Real Senyera de Valencia, coronada y con franja azul.
Mientras algunos discursos han intentado presentar el pendón como la “verdadera” bandera histórica, la documentación muestra que la Senyera coronada tiene una presencia consolidada desde la Edad Media.
Aparece en representaciones, ceremonias y actos oficiales a lo largo de los siglos, lo que refuerza su carácter institucional y simbólico dentro del antiguo Reino de Valencia.
Esto no convierte al pendón en irrelevante, pero sí obliga a contextualizar su papel dentro de un conjunto más amplio de símbolos históricos.

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Entre la memoria y la historia
El caso del Pendón de la Conquista nos recuerda algo esencial: los símbolos no siempre son documentos históricos en sentido estricto.
Muchas veces son el resultado de una combinación de: hechos reales, tradiciones transmitidas, reinterpretaciones posteriores y necesidades simbólicas de cada época.
Eso no les resta valor. Al contrario: los convierte en piezas fundamentalespara entender cómo una sociedad construye su memoria.


Una lección para el presente
Más allá del debate concreto sobre el pendón, lo importante es la reflexión que provoca.
La historia no consiste en aceptar relatos sin cuestionarlos, ni en rechazar símbolos por sistema. Consiste en analizarlos, contrastarlos y comprenderlos en su contexto.
Valencia, como tantas otras ciudades europeas, es el resultado de siglos dehistoria, de encuentros culturales, de transformaciones políticas y de construcción simbólica.
Y precisamente por eso, su pasado no puede reducirse a una únicainterpretación.

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Preguntas que enriquecen la historia
El Pendón de la Conquista sigue siendo una pieza fascinante. Pero más allá
de lo que representa, su verdadero valor está en las preguntas que plantea.
Porque en historia, las preguntas no son un problema: son el inicio del
conocimiento.
Y quizá ahí reside la clave: entender que el pasado no es un relato cerrado,sino un campo abierto al estudio, al debate y a la reflexión.
Y en ese camino, cada símbolo como este pendón deja de ser una certeza absoluta para convertirse en algo aún más valioso: una puerta hacia la comprensión de nuestra historia.

Pedro Fuentes Caballero
Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana correspondiente por Dénia
Presidente de la Asociación Cultural Roc Chabàs de Dénia

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