La crisis educativa sigue creciendo y, mientras el profesorado mantiene una movilización histórica, cada vez son más las voces que cuestionan el papel de los sindicatos en la negociación con Conselleria. El malestar no se dirige únicamente hacia la administración, sino también hacia unas organizaciones sindicales que muchos docentes consideran incapaces de gestionar el conflicto y defender con firmeza los intereses del colectivo.
Desde hace semanas, miles de profesores continúan secundando huelgas, participando en concentraciones y llenando asambleas. La unión del profesorado es, para muchos, algo nunca visto en años. Las consignas sindicales se siguen, las convocatorias se respaldan y el apoyo de las bases permanece intacto. Sin embargo, esa fuerza no se está traduciendo en avances reales en las negociaciones.
La sensación generalizada entre numerosos docentes es que Conselleria lleva completamente las riendas del proceso. “Hace y deshace a su antojo”, comentan algunos profesores, mientras observan cómo las reuniones terminan sin acuerdos sólidos, sin cambios de estrategia y sin señales de firmeza por parte sindical.
Las críticas apuntan directamente a la falta de liderazgo y capacidad negociadora. Muchos consideran incomprensible que, tras semanas de bloqueo, los sindicatos no hayan cambiado interlocutores ni hayan explicado públicamente qué está fallando en la mesa de negociación. Tampoco se percibe autocrítica ni asunción de responsabilidades.
“El profesorado está respondiendo como nunca. La implicación es absoluta, pero los sindicatos no están aprovechando esa fuerza”, señalan docentes movilizados. La percepción es que, día tras día, se pierde capacidad de presión mientras Conselleria gana tiempo y terreno político.
En medio de este desgaste, crece una pregunta incómoda dentro del propio colectivo: ¿por qué no dar paso a personas con mayor capacidad de gestión y negociación? ¿Por qué mantener estrategias que no están funcionando mientras aumenta el esfuerzo del profesorado?
La indignación no nace de una falta de apoyo a la movilización, sino precisamente de lo contrario. Nunca antes tantos docentes se habían sentido tan unidos ni tan comprometidos con una causa común. Pero esa unidad empieza a chocar con una dirección sindical que, según numerosas opiniones, no está a la altura del momento histórico que vive la educación pública.
Mientras la crisis continúa abierta, el profesorado sigue sosteniendo el conflicto en la calle. La duda es cuánto tiempo podrá mantenerse esa fuerza colectiva si quienes deben liderarla continúan sin mover ficha.



