Durante décadas se ha difundido una idea que, con el tiempo, ha terminado por convertirse en un lugar común dentro de determinados discursos historiográficos: que la base de la identidad valenciana y especialmente de su lengua se explicaría por una supuesta repoblación masiva de origen catalán tras la conquista del siglo XIII.
Según esta interpretación, el proceso habría sido tan intenso y prolongado que habría configurado no solo la estructura social del nuevo Reino de Valencia, sino también su realidad lingüística y cultural, hasta el punto de convertir a los colonos catalanes en el grupo predominante.
Sin embargo, cuando se analizan las fuentes históricas con detalle —y más recientemente, cuando se incorporan datos procedentes de la genética— esa imagen monolítica empieza a mostrar fisuras. Y lo que aparece en su lugar no es una explicación simple, sino una realidad mucho más compleja, rica y matizada.
Más allá del relato: lo que dicen los documentos
Antes de acudir a la ciencia, conviene detenerse en lo que ya nos ofrece la historia. Porque los documentos medievales no son interpretaciones modernas: son testimonios directos de su tiempo.
El Llibre del Repartiment, que recoge la distribución de tierras tras la conquista, y los Llibres d’Aveïnaments, donde se registran los nuevos pobladores en distintas localidades, han sido estudiados durante décadas por especialistas.
Historiadores como Menéndez Pidal, Antonio Ubieto Arteta o Amparo Cabanes Pecourt coincidieron en un punto esencial: la repoblación del Reino de Valencia no fue homogénea ni exclusiva, sino diversa.
En ella participaron gentes de múltiples procedencias: territorios de la Corona de Aragón, zonas castellanas, áreas occitanas e incluso otros espacios europeos
Lejos de una colonización uniforme, lo que se observa es un proceso plural, en el que confluyen distintas tradiciones humanas y culturales.
Y esto tiene una consecuencia directa: cuestiona la idea de una sustitución masiva de la población previa por un único grupo dominante.
Cuando la genética entra en escena
En los últimos años, el debate ha incorporado un nuevo elemento inesperado: la genética poblacional.
Lo que comenzó como un intento de confirmar determinadas hipótesis históricas ha terminado, en algunos casos, generando preguntas aún más incómodas.
Uno de los estudios más citados es el realizado por Francesc Calafell, investigador del Institut de Biología Evolutiva de la Universitat Pompeu Fabra. Su objetivo era analizar posibles vínculos genéticos entre las poblaciones actuales de Valencia y Cataluña.
Para ello se seleccionaron individuos con apellidos considerados tradicionalmente de origen catalán, buscando rastrear posibles huellas de esa supuesta repoblación medieval.
Sin embargo, los resultados no fueron concluyentes en el sentido esperado.
No se identificaron vínculos genéticos claros que pudieran atribuirse a una migración masiva capaz de transformar profundamente la estructura poblacional valenciana.
Este dato, lejos de cerrar el debate, lo abrió aún más.
¿Puede la genética rastrear el pasado?
Para entender la relevancia de estos estudios es útil recordar un ejemplo paradigmático: el caso de Ötzi, el hombre de hielo hallado en los Alpes con más de 5.000 años de antigüedad.
Gracias al análisis genético, los científicos han logrado identificar individuos actuales con vínculos lejanos con aquel individuo prehistórico.
Es decir, la genética es capaz de detectar relaciones poblacionales incluso a muy largo plazo.
Por eso surge una pregunta lógica: si hubiera existido una repoblación masiva, sostenida y dominante, ¿no debería dejar una huella genética clara y fácilmente identificable?
Y sin embargo, los resultados disponibles no parecen reflejar ese escenario.
Otros estudios y una imagen más compleja
No se trata de un único trabajo aislado. Diversas investigaciones han analizado la estructura genética de las poblaciones de la Península Ibérica.
En 2001, el investigador Carlos A. Flores presentó un estudio basado en el cromosoma Y, que permite seguir la línea paterna. Sus resultados mostraban que las distancias genéticas entre valencianos y catalanes no eran especialmente cercanas en comparación con otras poblaciones ibéricas.
Más recientemente, en 2018, un estudio conjunto de las universidades de Oxford y Santiago de Compostela aportó otra perspectiva: las diferencias genéticas en la Península se organizan principalmente en un eje norte-sur, más que este-oeste.
Este análisis identificaba bloques diferenciados, entre ellos: un eje aragonés-valenciano y otro catalán-balear
Lo que sugiere, nuevamente, una realidad más compleja que la de una simple continuidad poblacional directa.
Las objeciones: límites de la genética
Por supuesto, los defensores de la teoría tradicional plantean objeciones legítimas. Señalan que la genética no puede reconstruir por sí sola la historia completa de una sociedad.
Factores como: matrimonios mixtos, cambios de apellido, migraciones posteriores o dinámicas sociales internas pueden alterar la huella genética a lo largo de los siglos.
Y es cierto. La genética no sustituye a la historia. Pero tampoco puede ignorarse cuando sus resultados no encajan con determinados relatos.
Historia, ciencia e identidad
Lo que emerge de todo este conjunto de datos históricos y científicos no es una respuesta definitiva, sino una conclusión clara: la formación del pueblo valenciano no puede explicarse mediante una única causa.
Es el resultado de: poblaciones anteriores a la conquista, procesos de repoblación diversos, influencias culturales múltiples y una evolución histórica prolongada
Reducir todo ese proceso a una sola narrativa no solo es simplificar la historia, sino empobrecerla.
Un debate que sigue vivo
Lejos de cerrarse, el debate continúa abierto. Y quizá eso sea lo más positivo.
Porque obliga a contrastar fuentes, a revisar interpretaciones y a incorporar nuevas herramientas de análisis.
La genética no sustituye a los documentos.
Pero los documentos tampoco pueden ignorar lo que la ciencia sugiere.
Y en ese diálogo entre historia y ciencia es donde se construye un conocimiento más completo del pasado.
Una conclusión necesaria
Quizá la pregunta inicial no tenga una respuesta definitiva, pero sí una enseñanza importante: la identidad valenciana no es el resultado de una imposición puntual, sino de un proceso histórico complejo, plural y acumulativo.
Y precisamente por eso no puede reducirse a una sola explicación.
Porque la historia real la que resiste el paso del tiempo rara vez es simple.
Pedro Fuentes Caballero
Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana correspondiente por Dénia
Presidente de la Asociación Cultural Roc Chabàs de Dénia







