Este primer artículo me gustaría que sirviera para presentarme y exponer mi concepto de la monta y el trabajo que hago con mis caballos. Intentaré ser breve, pues es un recorrido de muchos años. Empecé a montar alrededor de los 5 o 6 años de edad, siguiendo más la tradición de la monta española. Esos principios fueron poco académicos, pero con la suerte de contar con caballos muy nobles y con una buena base. Las instrucciones pocas, breves, y claras. El resto disfrutar de los paseos, la imaginación, y con el tiempo por delante para poder prestarle atención al caballo, y estudiarlo. Siempre me gustó la monta de campo. Al ir creciendo también creció la curiosidad por descubrir otros lugares, otras formas. No fué hasta principios de los noventa que pude viajar a Estados Unidos por primera vez, y ver en vivo otras formas de monta, estilos y disciplinas diferentes. Siempre me intrigó comprender cómo se iniciaba un caballo, cómo aprendía las bases de la equitación, y cómo se iba formando esa comunicación con la persona, paso a paso. Después de mi primer viaje a Estados Unidos conocí en un curso en España a quien hoy día es mi compadre, Alfonso Aguilar, y con quien empecé a introducirme a nuevos conceptos y formas de trabajar con los caballos. De eso hace ya más de 25 años, y actualmente seguimos en contacto.
Mis viajes a Estados Unidos se repetían cada año y así podía seguir incorporando y asimilando conceptos y formas de trabajar que eran nuevas para mí. Mi interés principal estaba en el inicio de potros, y los caballos con problemas, fuera cual fuera la disciplina. Con esa idea y ese objetivo me fui adentrando en el mundo del Horsemanship, y a partir del 2007 me fui a vivir a Estados Unidos. Al cabo de unos años conseguí mi residencia y posteriormente la ciudadanía a través de la EB-1(Green Card basada en habilidades extraordinarias), que se otorga a un número muy reducido de personas que se encuentran en la cima de su campo, en este caso Horsemanship. Hay un largo recorrido, y años de trabajo antes de haber podido llegar a este punto.
Como en muchas otras materias, en la equitación existen especialistas dentro de las distintas ramas. Así pueden serlo profesionales en Doma Vaquera, o en salto, o dressage, o reining, etc. Mi ilusión fue siempre especializarme en horsemanship. Creo que el especialista en horsemanship puede ser una figura muy beneficiosa para cualquiera de las otras disciplinas. En Estados Unidos, por ejemplo, muchos de estos especialistas se han ganado el respeto de los profesionales de las otras disciplinas, que han reconocido la importancia del horsemanship en la base del entrenamiento de cualquier caballo, y a lo largo de su carrera profesional o deportiva. En mi carrera he tenido la suerte de poder conocer y trabajar con quien considero algunos de los mejores horsemen, como Martin Black, Buster McLaury, Mike Sears, Wade Black, Chris Cox, Craig Cameron, y David Alonso. Martin Black es hasta el día de hoy quien, más ha influido en mi forma de entender y trabajar con los caballos. Mantenemos una amistad por más de 10 años, y sigo trabajando con él periódicamente. Cada vez descubro un ángulo de visión distinto sobre algo que consideraba que ya había visto, lo cual me resulta fascinante.

El horsemanship contempla al caballo desde un punto de vista mucho más amplio que el de una disciplina ecuestre en concreto. El horsemanship se enfoca en comprender cómo funciona la mente del caballo, cómo su cerebro aprovecha la estructura que su naturaleza le proporciona para configurar su conducta a partir de nuevas experiencias. A partir de ahí podemos aprender como alterar o influir en su conducta de forma positiva a la hora de manejar o entrenar un caballo, y buscar esa sintonía entre el humano y el caballo a la hora de compartir un tiempo juntos. El horsemanship hace que te preguntes si realmente estás influyendo sobre la mente del caballo o simplemente forzando su cuerpo a hacer unos ejercicios.
Cuanto más tengo la oportunidad de montar y trabajar con caballos, más me doy cuenta de qué tan importante es comprender cómo crear y mantener un tacto que el caballo pueda comprender, y le de tranquilidad y confianza. Deberíamos dar más crédito al caballo por sus acciones y comprender su instinto de supervivencia. Sólo de esta forma podremos dirigir y acompañar una respuesta positiva del caballo.


