La figura de Joan Lerma ocupa un lugar decisivo en la historia política de la Comunitat Valenciana contemporánea. Fue el primer presidente de la Generalitat Valenciana elegido democráticamente tras la Transición española y gobernó entre 1982 y 1995 bajo las siglas del PSPV-PSOE. Sin embargo, para una parte importante del valencianismo cultural y lingüístico, su legado político continúa siendo profundamente polémico, especialmente por el rumbo que tomó durante aquellos años la política lingüística, educativa y cultural valenciana.
Nacido en Valéncia el 15 de julio de 1951, Lerma estudió Ciencias Económicas y Empresariales en la Universitat de Valéncia y pronto inició una intensa carrera política dentro del socialismo valenciano. En 1979 fue elegido secretario general del PSPV-PSOE y diputado en el Congreso, consolidándose como una de las figuras emergentes del nuevo panorama autonómico surgido tras la Constitución de 1978. Apenas tres años después, en 1982, accedía a la presidencia de la Generalitat Valenciana, cargo que mantendría durante trece años consecutivos gracias a sucesivas victorias electorales.
Pero más allá de la gestión económica o institucional, el mandato de Joan Lerma quedó marcado por un conflicto que todavía hoy sigue abierto en la sociedad valenciana: la batalla por la identidad lingüística y cultural del pueblo valenciano.
Uno de los episodios más recordados por el valencianismo no catalanista se produjo precisamente en 1982, poco antes de la llegada definitiva del PSPV al poder autonómico. Ese año, siendo consellera de Cultura y Educación Amparo Cabanes, se oficializó para el ámbito educativo la normativa lingüística elaborada por los filólogos valencianos de la Real Academia de Cultura Valenciana, heredera del histórico Centro de Cultura Valenciana fundado en 1915 por la Diputación de Valencia.
Aquella normativa pretendía, según sus defensores, desarrollar un modelo lingüístico adaptado a la tradición, a la evolución histórica y a la realidad social del valenciano. Para muchos sectores valencianistas, aquel momento representaba una oportunidad histórica para construir una normalización lingüística propia, diferenciada y pacificadora.
Sin embargo, todo cambió tras las elecciones autonómicas de 1983, en las que el socialismo obtuvo una victoria aplastante. Apenas unas semanas después de la entrada en vigor de aquella normativa, el nuevo gobierno presidido por Joan Lerma y dirigido en Educación por Ciprià Císcar inició un giro radical en la política lingüística valenciana.
Los títulos de valenciano expedidos y reconocidos bajo la etapa anterior fueron invalidados. Muchos profesores seleccionados por la anterior Conselleria fueron apartados. La normativa impulsada por la RACV desapareció progresivamente de la administración, de los centros educativos y de los organismos oficiales. Y, según denuncian desde entonces numerosos sectores valencianistas, comenzó la implantación masiva de la normativa inspirada en el Institut d’Estudis Catalans sin un verdadero consenso social ni una aprobación específica en las Cortes Valencianas.
Para los críticos de aquella etapa, aquello supuso el inicio de un proceso de catalanización institucional de la lengua valenciana impulsado desde el propio aparato autonómico. Un proceso que, según sostienen, afectó progresivamente a la educación, los medios de comunicación públicos, la universidad, la administración y buena parte de la vida cultural valenciana.
La aprobación en 1983 de la Llei d’Ús i Ensenyament del Valencià consolidó aún más ese modelo. Y años después, la creación del Institut Interuniversitari de Filologia Valenciana fue interpretada por muchos sectores como un intento de reforzar académicamente una visión lingüística alineada con las tesis de la unidad lingüística catalano-valenciana, relegando el peso histórico y científico de la Real Academia de Cultura Valenciana.
Desde el valencianismo crítico con el pancatalanismo, se considera que durante los gobiernos de Lerma se produjo una profunda transformación ideológica del sistema educativo valenciano. No se trataría únicamente de una cuestión normativa o filológica, sino de una auténtica reorientación cultural impulsada desde las instituciones públicas.
Muchos recuerdan también que, paralelamente, Radio Televisión Valenciana fue utilizada como instrumento de difusión de ese nuevo marco cultural y lingüístico, mientras cuestiones económicas fundamentales para la Comunitat Valenciana como la crisis industrial, la reconversión de Sagunto o los problemas del sector citrícola frente a Europa quedaban, según sus detractores, en un segundo plano político.
La polémica lingüística no terminó con Lerma. Sus críticos consideran que los gobiernos posteriores tampoco corrigieron aquel rumbo. Especialmente señalado ha sido Francisco Camps, a quien muchos valencianistas reprochan haber consolidado institucionalmente la Acadèmia Valenciana de la Llengua mediante la reforma estatutaria, blindando jurídicamente un organismo que consideran profundamente alejado del valenciano tradicional e histórico.
En definitiva, la figura de Joan Lerma sigue despertando visiones completamente opuestas dentro de la sociedad valenciana. Para unos, fue el presidente que consolidó la autonomía valenciana y modernizó las instituciones tras la Transición. Para otros, fue el dirigente que abrió la puerta a una política lingüística y cultural que diluyó progresivamente la singularidad histórica de la lengua valenciana dentro de un modelo cada vez más próximo al catalanismo académico y político.
Y precisamente por eso, más de cuarenta años después, el debate sigue plenamente vivo. Porque para miles de valencianos no se trata únicamente de normas ortográficas o de filología. Se trata de identidad, de memoria histórica, de cultura propia y de la sensación de que, durante décadas, una parte de la personalidad colectiva valenciana fue sustituida desde las instituciones por un modelo que muchos jamás sintieron como suyo.
Pedro Fuentes Caballero
Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana correspondiente por Dénia
Presidente de la Asociación Cultural Roc Chabàs de Dénia








