La catalanización en la enseñanza que los sindicatos de la izquierda no quieren ver disminuir

La polémica sobre la “catalanización” de la enseñanza valenciana no nació ayer. Para sus críticos, es el resultado de un proceso político, académico e institucional iniciado hace décadas y que ha ido desplazando progresivamente el valenciano tradicional hacia un modelo lingüístico cada vez más próximo al catalán estándar. Un proceso que hoy vuelve a estallar con la huelga educativa y las acusaciones de que determinados sindicatos pretenden aprovechar el conflicto para blindar todavía más ese modelo en las aulas.

Muchos sitúan uno de los primeros grandes puntos de inflexión en la desaparición de la antigua cátedra específica de lengua valenciana y la progresiva integración de los estudios valencianos dentro de los departamentos de filología catalana en las universidades. Para sectores regionalistas y valencianistas no catalanistas, aquello supuso el inicio de una pérdida de autonomía académica del valenciano y el triunfo de las tesis que defendían la unidad lingüística con el catalán.

Durante la Transición, el conflicto identitario explotó con la Batalla de Valencia. Mientras el valencianismo fusteriano defendía que valenciano y catalán eran una misma lengua con variantes territoriales dentro de unos imaginarios “Países Catalanes” defendidos por la izquierda valenciana, el regionalismo valenciano reclamaba una identidad lingüística diferenciada. Aquella batalla cultural marcó toda la política educativa posterior.

Con la llegada de la autonomía, las leyes de normalización lingüística impulsaron la recuperación del valenciano en la escuela tras décadas de retroceso social. Sin embargo, para sus detractores, esa recuperación se hizo bajo parámetros cada vez más próximos al catalán normativo. El paso decisivo llegó con la creación de la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL) curiosamente creada por la derecha, el PP, como condición de Pujol para que Aznar fuera presidente de España, cuya normativa asumió oficialmente la unidad lingüística entre valenciano y catalán, aunque manteniendo denominaciones y particularidades valencianas.

Desde entonces, sectores críticos denuncian varios mecanismos de “catalanización” del sistema educativo:

La utilización de materiales escolares basados en estándares lingüísticos alejados del valenciano coloquial.

La presencia predominante de editoriales catalanas en los libros de texto.

La obligatoriedad del valenciano normativo AVL en oposiciones y titulaciones.

La marginación de las llamadas “Normes del Puig”, defendidas por la Real Acadèmia de Cultura Valenciana y Lo Rat Penat, entidades que los catalanistas llaman “secesionistas”.

La influencia de sindicatos y movimientos pedagógicos vinculados históricamente al valencianismo de izquierdas y al entorno cultural fusteriano, como los promotores actuales de la huelga en la enseñanza.

Durante los gobiernos del Botànic, formados por PSPV y Compromís, esta percepción se intensificó. Las políticas plurilingües impulsadas desde la Conselleria d’Educació controlada por Compromís con el beneplácitos del PSOE aumentaron el peso del valenciano en múltiples etapas educativas. Sus defensores afirmaban que era necesario para garantizar la supervivencia social de la lengua. Sus críticos denunciaban, en cambio, que el castellano quedaba arrinconado y que se imponía un modelo ideológico próximo al pancatalanismo.

La huelga educativa actual ha reabierto el conflicto con toda su fuerza. Aunque oficialmente las reivindicaciones sindicales se centran en mejoras laborales y educativas, sectores contrarios a la protesta sostienen que parte de los sindicatos intenta utilizar el conflicto para frenar cualquier retroceso del valenciano normativo en las aulas y consolidar el modelo lingüístico construido durante décadas. Desde posiciones regionalistas se acusa directamente a estos colectivos de defender más el catalán académico que el valenciano popular hablado históricamente por gran parte de la sociedad valenciana.

Al otro lado, sindicatos y entidades lingüísticas niegan cualquier intento de “imposición catalana” y sostienen que lo que defienden es simplemente la normalización y protección de una lengua minorizada frente al predominio social del castellano. Cosa que es totalmente falsa.

Así, la escuela valenciana sigue atrapada en una batalla que va mucho más allá de la educación: una disputa sobre identidad, lengua, cultura y modelo de sociedad que continúa dividiendo profundamente a la Comunitat Valenciana casi medio siglo después de la Transición cuyos promotores no está dispuestos a perder el control la doctrina catalanista.

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