- Una huelga totalmente ideológica y sectaria de los sindicatos que lo que de verdad les molesta es que gobierne la derecha, ellos están muy calladitos con la izquierda en el poder
- Les preocupa más no poder expandir el catalán que la calidad de la enseñanza a los niños
La educación valenciana vuelve a convertirse en un campo de batalla político y sindical. A partir del 11 de mayo, los sindicatos docentes han convocado una huelga indefinida en la enseñanza pública no universitaria de la Comunidad Valenciana, tras romperse las negociaciones con la Conselleria de Educación. Oficialmente, las reivindicaciones hablan de salarios, reducción de ratios, menos burocracia y mejora de infraestructuras. Pero el conflicto ha adquirido rápidamente un marcado tono ideológico y sectario que desborda las cuestiones laborales.
Los sindicatos mayoritarios —STEPV, CCOO, UGT, CSIF y posteriormente ANPE— han rechazado la última propuesta del Consell: una subida lineal de 75 euros mensuales repartida entre 2027 y 2029. Consideran la oferta “irrisoria” y mantienen el pulso contra la Generalitat. Por cierto, los tres primeros sindicatos que además se levantaron de la mesa, son de Compromís, comunistas y del PSOE. Con esto lo digo todo.
No hay que obviar el tono y la dureza empleada por los representantes sindicales que se levantaron de la mesa de negociación haciendo declaraciones muy duras que, a nadie la cabe la menor duda, nunca hubieran sido así en caso de gobernar el Botánic.
Solo hay que ver en la foto el color de las camisetas de los representantes de Comisiones Obreras.
Aparte de esto, la forma de expresarse echando toneladas de odio por la boca, en un perfecto catalán, demuestran que lo que de verdad les molesta es que no gobiernen los suyos, la izquierda.
Por cierto, se ofrece una subida salarial de 75€, es poco, pero no olvidemos que es 75 euros más que lo que subió el Botànic y entonces los sindicatos no se pusieron como ahora se han puesto, a pesar de las cinco negativas de Marzà (Compromís).
Sin embargo, buena parte del discurso de las plataformas movilizadas va más allá de las condiciones laborales. Entre las consignas más repetidas aparece la oposición frontal a la llamada “ley de libertad educativa” impulsada por el Gobierno valenciano, especialmente por su impacto sobre el uso del valenciano en las aulas. Diversos colectivos han convertido la huelga en una movilización política contra las políticas lingüísticas del actual Ejecutivo autonómico. Detalle que demuestra lo que de verdad les preocupa, el freno a la expansión del catalán en las aulas, catalán que ellos llaman “valenciano”.
En numerosas asambleas y actos reivindicativos celebrados estos días en localidades como Jàtiva, Canals o Gandía, se mezclan reivindicaciones salariales con mensajes de defensa identitaria y oposición ideológica al Consell. La huelga, nacida como protesta laboral, se ha transformado en un movimiento de resistencia política donde participan organizaciones culturales y plataformas vinculadas al nacionalismo lingüístico valenciano, es decir, al catalanismo excesivamente difundido en el profesorado.
NO hay más que ver los insultos que recibí en los dos anteriores artículos, muchos de ellos con textos en perfecto catalán.
Desde la Generalitat acusan a los sindicatos de instrumentalizar la escuela pública y utilizar el final de curso como mecanismo de presión política. La Conselleria insiste en que ha habido propuestas de negociación y advierte de que el alumnado —especialmente el de Bachillerato y Selectividad— no puede convertirse en rehén de un conflicto sindical.
Los convocantes, por su parte, sostienen que el deterioro de la enseñanza pública es estructural y responsabilizan al Gobierno valenciano de haber tensado deliberadamente el sistema educativo mediante recortes, cambios lingüísticos y falta de inversión. La típica estrategia goebbeliana de culpar al contrario de sus propios errores. Ya no tragamos.
La realidad es que la huelga llega en un clima político extremadamente polarizado. La educación vuelve a funcionar como trinchera ideológica: de un lado, quienes denuncian un intento de “desvalencianización” (cuando la realidad es una “descatalanización”) y privatización encubierta; del otro, quienes consideran que parte del aparato sindical y educativo utiliza la escuela como instrumento de militancia política permanente. Con la actitud de estos días, los sindicatos se han desnudado ideológicamente
Mientras tanto, miles de familias observan con preocupación cómo el final del curso queda atrapado entre consignas, banderas y cálculos políticos. Porque, más allá del relato de unos y otros, los principales afectados volverán a ser los alumnos. Los principales rehenes de la situación son los alumnos, Y a los sindicatos esto no les preocupa.












