María Ruiz, seis meses para vivir un sueño que no se parece a nada

PorPepe Herrero

octubre 5, 2026

«Suena muy increíble». Es la primera reacción de María Ruiz al intentar poner palabras a una realidad que todavía le cuesta asimilar. María, de la falla Vicente Sancho Tello – Chile y Avenida de Aragón, del sector Pla del Real-Benimaclet, ya forma parte de la Corte de Honor de las Falleras Mayores de València 2027 y afronta ahora la carrera hacia un sueño todavía mayor: convertirse en Fallera Mayor de València.

Pero si algo queda claro después de hablar con ella es que María no ha llegado hasta aquí pensando únicamente en el resultado. Su proceso ha estado marcado por la felicidad, la amistad y la ilusión de compartir cada instante con sus compañeras.

La noche del Roig Arena comenzó muchas horas antes de escuchar su nombre. María recuerda una jornada especialmente emotiva: se levantó tranquila, porque sentía que, pasara lo que pasara, ya había vivido una experiencia preciosa. Después llegaron el peinado, las lágrimas al verse preparada y un maquillaje compartido con su maquilladora entre emoción y emoción.

«Llora todo lo que quieras ahora, que cuando te pinte no quiero que llores nada», le dijo su maquilladora.

Y así, entre lágrimas, familia y nervios, llegó al Roig Arena.

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Allí descubrió una sensación difícil de explicar: sentirse pequeña y grande al mismo tiempo. Pequeña ante la inmensidad del recinto y, a la vez, protagonista de todas las miradas. Una contradicción que María resume con naturalidad: «Eres una hormiguita, pero todo el mundo te está mirando».

Entre aquel público consiguió localizar a su comisión. Tenerlos allí fue uno de sus grandes apoyos durante una noche que terminó convirtiéndose en inolvidable.

Y llegó el momento de las 73.

En el túnel, María compartió nervios y emoción con sus compañeras de sector, especialmente con aquellas a las que ya considera amigas para toda la vida. Allí, además, había una preocupación compartida: las candidatas infantiles de sus respectivas comisiones.

Cuando Paloma fue elegida para la Corte de Honor Infantil, María respiró y decidió que ya no quería pensar en el resultado. Quería disfrutar. Quería mirar las caras de sus compañeras y vivir el momento.

Y entonces ocurrió.

Se anunció el nombre de Paloma. María celebró la elección de su compañera y, prácticamente sin tiempo para reaccionar, escuchó el suyo.

O, mejor dicho, no lo escuchó.

Había varias Marías y varias Marías R. Tanto era así que su comisión había dado una instrucción clara: no celebrar hasta escuchar los apellidos completos.

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Fueron sus amigas María y Paula quienes tuvieron que decírselo: «Tía, que eres tú».

A partir de ahí, todo sucedió a una velocidad vertiginosa. El escenario, la música, los aplausos, el camino que tenía que recorrer y un único pensamiento: «Por favor, que no me equivoque».

Al encontrarse con el jurado, solo pudo dar las gracias. Y ya sobre el escenario, abrazada a Paloma y disfrutando de la elección del resto de sus compañeras, María comenzó a asumir que acababa de empezar un año completamente diferente.

Ahora, con seis meses por delante, tiene una prioridad muy clara: disfrutar.

María estudia sexto de Medicina, pero reconoce que, si fuera necesario, todo tendría que quedar en un segundo plano. «Es una vez en la vida», afirma. Este curso, además, le permite una cierta flexibilidad, ya que se encuentra realizando prácticas, pero tiene claro que el sueño fallero merece toda su atención.

Y entre todos los actos que están por llegar, hay uno que ocupa un lugar especial en su corazón: la exaltación de la Fallera Mayor de València. El momento de subir al Palau de la Música y recibir la banda es, para ella, uno de esos instantes que ya ha imaginado muchas veces.

Aunque hay otra fecha marcada en el calendario: el 13 de octubre.

Si ese día suena su teléfono, María sabe que responderá. Y si al otro lado llega la noticia que puede cambiar definitivamente su año, también tiene clara su respuesta. Sería una felicidad enorme, no solo para ella, sino para toda su familia y su gente, que están viviendo este sueño con la misma intensidad.

«No soy solo yo la que tiene este sueño», explica.

Una frase que define perfectamente su manera de entender esta aventura: como algo colectivo, compartido con quienes la han acompañado durante todo el camino.

Y precisamente para sus compañeras que no lograron entrar en la Corte, María guarda uno de sus mensajes más emotivos. Les da las gracias por alegrarse por ellas y por haber hecho que todo el proceso fuera todavía más especial. Porque, independientemente del resultado, hay algo que María considera su mayor premio: las amistades que se ha llevado.

«Sois lo mejor que nos llevamos», les dice.

Ahora comienza una nueva etapa. Seis meses frenéticos, llenos de actos, emociones y momentos que María ya empieza a imaginar. La estudiante de Medicina, la fallera y la amiga afronta el reto con una prioridad clara: vivirlo todo.

Sin perderse ni un minuto.

Porque si hay algo que María tiene claro es que oportunidades como esta solo aparecen una vez en la vida.

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