El Museo de Bellas Artes de Valencia acoge una ambiciosa propuesta expositiva titulada ‘Magdalena. Ni santa ni pecadora’, un recorrido histórico y artístico abierto hasta el 14 de febrero de 2027. La muestra examina la compleja construcción cultural en torno a este personaje evangélico a través de cerca de setenta piezas de primer nivel.
Comisariado por el director de la pinacoteca, Pablo González Tornel, el proyecto reúne pinturas, esculturas y obras sobre papel prestadas por más de una veintena de instituciones de España e Italia. Grandes nombres del arte barroco comparten espacio con fondos propios del museo para reflexionar sobre los códigos visuales de aquella época.
Préstamos singulares y diálogo entre maestros europeos
La selección artística integra fondos cedidos por pinacotecas como el Museo del Prado, el Thyssen-Bornemisza, los Musei Capitolini de Roma o la Pinacoteca Nazionale de Bolonia. Destacan aportaciones escultóricas como la célebre penitente tallada por Pedro de Mena y una talla de Pedro Duque Cornejo procedente de la Cartuja de Granada, restaurada expresamente para la ocasión.
En el terreno pictórico, dialogan lienzos de José de Ribera, Luca Giordano, Domenico Tintoretto y Francisco Ribalta. Cobra especial protagonismo el lienzo ‘Magdalena como la Melancolía’ de Artemisia Gentileschi, cuya presencia permite visibilizar el papel de las mujeres artistas durante el siglo XVII dentro del circuito cultural europeo.
Evolución de un símbolo entre la penitencia y el conocimiento
El itinerario analiza cómo la leyenda de la santa se nutrió durante siglos de relatos diversos, desde episodios bíblicos plasmados por Van Dyck hasta la difusión medieval de la ‘Leyenda Dorada’. Esta acumulación de significados culminó durante la Contrarreforma católica, cuando su imagen sirvió como encarnación por excelencia del arrepentimiento humano y el libre albedrío frente al dogma.
El tramo final de la exhibición en el Museo de Bellas Artes de Valencia propone una mirada orientada a la sabiduría y el pensamiento independiente. A través de composiciones firmadas por Guercino, Albani o Juan Bautista Maíno, la figura trasciende la culpa tradicional para mostrarse como una intelectual entregada a los libros, la contemplación y la filosofía.
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