- La Associació Cultural Roc Chabàs de Dénia rechaza que una iniciativa promovida desde una entidad privada pretenda proyectar internacionalmente a la Comunitat Valenciana bajo una denominación lingüística ajena a la que establece su propio marco estatutario
Desde la Associació Cultural Roc Chabàs de Dénia queremos expresar nuestra profunda preocupación ante una cuestión que va mucho más allá de una discusión terminológica. Lo ocurrido en el 70.º Congreso de la Federal Union of European Nationalities (FUEN), celebrado recientemente en Helsinki, vuelve a poner sobre la mesa una práctica que consideramos profundamente equivocada: hablar de los valencianos en foros internacionales sin respetar el nombre con el que los valencianos denominamos oficialmente nuestra lengua.
Los hechos básicos no son una interpretación nuestra. Plataforma per la Llengua reconoce públicamente haber promovido una resolución aprobada por 193 votos en el congreso de FUEN. La iniciativa solicita medidas a los gobiernos de Cataluña, Comunitat Valenciana y Baleares, además del Gobierno de España, para garantizar en el ámbito sanitario lo que presenta conjuntamente como derechos de los «catalanohablantes». Para la Comunitat Valenciana reclama, entre otras medidas, legislación que garantice explícitamente la atención sanitaria «en catalán», disponibilidad de profesionales que conozcan esa lengua y extensión de determinadas garantías a la sanidad privada.
Y ahí se encuentra precisamente el problema.
¿Por qué una reivindicación dirigida a las instituciones valencianas tiene que presentarse internacionalmente bajo el nombre de «catalán» y no bajo el nombre estatutario de valenciano?
No discutimos aquí el derecho de ningún ciudadano a expresarse en valenciano ante un médico. Todo lo contrario. Defender que un valencianohablante pueda utilizar su lengua en la sanidad es perfectamente legítimo y merece protección.
Lo que rechazamos es que ese derecho sea utilizado como vehículo para introducir una concepción territorial y lingüística que engloba a valencianos, catalanes y baleares bajo una única representación colectiva denominada exclusivamente «catalana».
El valenciano desaparece precisamente cuando se pretende defenderlo
La contradicción resulta difícil de ignorar.
Se dice defender los derechos lingüísticos de los valencianos, pero cuando la reivindicación sale de nuestras fronteras desaparece el nombre «valenciano».
No es una interpretación exagerada. La propia información difundida por Plataforma per la Llengua habla de «territorios catalanohablantes», presenta a la organización como la única entidad de esos territorios integrada en FUEN y explica las reclamaciones dirigidas a las instituciones valencianas utilizando sistemáticamente la denominación «catalán».
Además, la propia organización explica que trabaja en Cataluña, Cataluña Norte, «País Valencià», Baleares y Alguer con el objetivo de promover la lengua catalana. Es perfectamente legítimo que una asociación privada defienda ese planteamiento. Pero también es perfectamente legítimo que desde la sociedad civil valenciana rechacemos que dicho planteamiento se presente internacionalmente como representación indiscutida de nuestra realidad lingüística.
Una organización privada puede sostener la concepción lingüística que considere conveniente. Lo que no puede pretender es que esa concepción deje automáticamente de ser discutible por haber conseguido que una organización internacional apruebe una resolución.
193 votos no cambian el nombre estatutario de nuestra lengua.
Una cosa es proteger al paciente y otra redefinir lingüísticamente a los valencianos
Conviene separar deliberadamente dos debates que algunos parecen interesados en mezclar. El primero es sanitario: garantizar que un ciudadano pueda comunicarse adecuadamente con los profesionales que lo atienden. El segundo es identitario y político-lingüístico: decidir con qué denominación se representa internacionalmente la lengua propia de los valencianos. La primera cuestión merece diálogo, sensatez y soluciones prácticas. La segunda no puede introducirse de contrabando aprovechando la primera.
Porque resulta particularmente significativo que una resolución sobre atención sanitaria termine convirtiéndose también en una petición de cambios legislativos, requisitos lingüísticos, extensión de obligaciones a la sanidad privada, valoración lingüística en la formación especializada y posibilidad de realizar el MIR en catalán. Estas peticiones aparecen expresamente en la información publicada por la propia entidad promotora.
Por tanto, no estamos únicamente ante una campaña de sensibilización. Estamos ante una iniciativa que pretende influir en políticas públicas y legislación, también en la Comunitat Valenciana. Y precisamente por eso debemos exigir un respeto escrupuloso a nuestra realidad institucional.
No necesitamos que desde fuera nos cambien el nombre
La cuestión esencial puede formularse de manera muy sencilla: sí una resolución pretende proteger los derechos lingüísticos de los valencianos, ¿qué dificultad existe para escribir «valenciano» cuando se refiere a la Comunitat Valenciana?
¿Por qué esa resistencia permanente a reconocer nuestro nombre? No estamos pidiendo que en Cataluña dejen de llamar catalán a su lengua. Tampoco pretendemos imponer a los catalanes la denominación valenciana.
Pedimos exactamente la reciprocidad que cualquier sociedad merece: que cuando se hable de la Comunitat Valenciana se respete la denominación y su lengua propia del valenciano.
Ni más ni menos. Y defender esto no significa estar contra ninguna lengua ni contra ningún pueblo. Tampoco significa negar que existen relaciones lingüísticas, históricas y culturales entre territorios vecinos. Significa sostener algo elemental: las relaciones lingüísticas no otorgan a una entidad privada el derecho a sustituir la identidad lingüística institucional de todo un territorio.
Europa no puede convertirse en un atajo
También conviene evitar una impresión que puede producirse cuando se habla de una «red europea».
FUEN es una organización internacional dedicada a las minorías nacionales y lingüísticas; la propia información sobre el congreso habla de representantes de organizaciones procedentes de más de treinta Estados. Pero una resolución de una organización asociativa internacional no sustituye al ordenamiento jurídico español ni al autogobierno valenciano.
Europa no debería utilizarse como escenario para intentar obtener en un congreso internacional una legitimidad que posteriormente pueda presentarse ante la sociedad valenciana como un hecho consumado. Una asociación presenta una propuesta; una organización internacional la aprueba; después esa aprobación se exhibe ante las instituciones valencianas como respaldo internacional de una determinada concepción lingüística.
Ese recorrido merece, como mínimo, una discusión pública seria.
Porque el problema no consiste en que alguien defienda sus ideas. El problema comienza cuando una determinada concepción ideológica se presenta como si representara inequívocamente a todos los valencianos. No nos representa.
La lengua valenciana también sirve para la ciencia y la medicina
Resulta además especialmente desafortunado insinuar que para garantizar una terminología sanitaria moderna sea necesario diluir la denominación valenciana. El valenciano puede y debe estar presente en la medicina, la universidad, la investigación, la administración, la tecnología y cualquier otro ámbito especializado.
Defender su personalidad no significa encerrarlo en el folclore. Precisamente una lengua demuestra su vitalidad cuando es capaz de desarrollar terminología científica y profesional propia, producir diccionarios especializados, generar publicaciones y estar presente en los ámbitos técnicos de la sociedad contemporánea.
Por eso resulta falsa la disyuntiva entre modernidad o valencianidad. Podemos defender simultáneamente una atención sanitaria respetuosa con los valencianohablantes y que esa lengua sea denominada valenciano. No existe contradicción alguna.
Los valencianos no somos una nota a pie de página
Desde la Associació Cultural Roc Chabàs de Dénia, bajo de su presidente Pedro Fuentes Caballero, consideramos especialmente preocupante la tendencia a presentar internacionalmente a la Comunitat Valenciana como una simple pieza de un espacio lingüístico y cultural definido desde parámetros ajenos a nuestra personalidad histórica.
Dénia conoce perfectamente lo que significa conservar la memoria. Roc Chabàs nos enseñó precisamente el valor del documento, de la investigación y del rigor frente a las construcciones interesadas. Su método constituye una enseñanza plenamente vigente: antes de imponer un relato hay que escuchar las fuentes, la historia y la realidad de cada pueblo.
Y la realidad valenciana posee nombre propio. Tenemos historia propia, instituciones propias, patrimonio propio y una denominación estatutaria para nuestra lengua. Eso no nos enfrenta a nadie. Nos define.
Defender el valenciano significa empezar por llamarlo valenciano
Por eso nuestra crítica no se dirige contra la protección de los derechos lingüísticos en la sanidad. Se dirige contra la instrumentalización de una reivindicación legítima para proyectar internacionalmente una concepción lingüística que absorbe la denominación valenciana bajo la exclusiva denominación de catalán.
Quien verdaderamente quiera defender los derechos lingüísticos de los valencianos tiene una oportunidad extraordinariamente sencilla de demostrar respeto hacia ellos: que empiece por respetar el nombre de su lengua.
No necesitamos tutelas identitarias. No necesitamos que una organización privada decida desde fuera cómo debemos ser presentados internacionalmente. Y mucho menos necesitamos que una reivindicación sanitaria termine convertida en un caballo de Troya para introducir una determinada concepción supraterritorial de nuestra identidad.
La colaboración entre pueblos es positiva. La protección de las lenguas también. Y el derecho de los pacientes a expresarse en su lengua merece respeto.
Pero cooperación no significa absorción, protección no significa sustitución e internacionalización no significa tener carta blanca para borrar denominaciones históricas e institucionales.
Desde Dénia lo decimos con claridad: la lengua propia de los valencianos tiene nombre: valenciano.
Puede estudiarse su relación con otras lenguas y variedades. Puede debatirse científicamente sobre su clasificación. Puede cooperarse culturalmente con cualquier territorio. Pero cuando se habla en nombre de los valencianos, el valenciano no puede desaparecer del nombre de su propia lengua.
Porque defender una lengua empieza por algo tan sencillo como respetar a quienes la hablan y respetar el nombre con el que su tierra la reconoce.
Pedro Fuentes Caballero
Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana correspondiente por Dénia
Presidente de la Asociación Cultural Roc Chabàs de Dénia
Agregado colaborador de la Sección de Cronistas Oficiales del Reino de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana






















