Al anochecer en Valencia, si viajáramos al pasado, sería el momento de encontrarnos con algunos trabajadores nocturnos que a día de hoy ya han desaparecido. Hoy hablamos de algunos de ellos, como son el farolero, el sereno y el “femater”.
El farolero
Hasta mediados del siglo XVIII, la actividad urbana de Valencia se concentraba en las horas de luz, pues no existía un alumbrado público que permitiese que el ocio se extendiera un poco más. Por tanto, la noche en las calles se convertía en un momento peligroso y de mucha delincuencia.
Para poner solución a esto, en 1763 en Valencia se impulsó el primer alumbrado de las calles, basado en faroles de aceite. Su mecanismo era sencillo: cada farola tenía un depósito donde se colocaba aceite vegetal, principalmente de oliva. En su interior había una mecha que se impregnaba de este aceite, creando una pequeña luz al encenderla.
En un principio se sufragaban y se encendían por los propios vecinos, pero con el tiempo el alumbrado pasó a estar bajo responsabilidad municipal y apareció la figura del farolero. El farolero, siempre acompañado de su escalera, se encargaba de encender los faroles al anochecer, apagarlos al amanecer y mantenerlos en condiciones, incluyendo la limpieza y el cuidado de las mechas y el combustible.
Sin embargo, el alumbrado de aceite era muy caro, siendo un servicio elitista que solo se podía mantener en barrios de clases altas, por lo que a partir de 1844 se impulsaría el alumbrado de gas, desde la conocida fábrica Lebón. Con esto, el oficio del farolero no desapareció, sino que se adaptó a esta nueva tecnología.

El sereno
Los conocidos serenos fueron vigilantes nocturnos encargados de velar por la seguridad y el cuidado de las calles, abrir los portales a los vecinos, avisar en caso de emergencias e incluso anunciar la hora y el estado del tiempo atmosférico. El tiempo, casi siempre despejado o «sereno», acabó dando nombre al oficio.
Aunque también existieron en otras ciudades españolas, este cuerpo de vigilancia fue creado en Valencia en 1777, impulsado por el alcalde de barrio y sedero Joaquín Manuel Fos, para dar trabajo a los coheteros que se habían quedado sin empleo tras la prohibición de las prácticas pirotécnicas ese mismo año.
Entre los elementos distintivos de los serenos estaban los silbatos, con los que podían comunicarse entre ellos y dar la voz de alarma, y el característico chuzo, un asta de madera terminada en una punta metálica que utilizaban para defenderse. También llevaban un farol para iluminarse durante sus rondas nocturnas.
El femater
Los fematers se encargaban de recoger la basura de los vecinos, normalmente durante las primeras horas de la mañana. La diferencia con la actualidad es que estos hombres eran agricultores que se llevaban los desperdicios hasta sus huertas, donde aprovechaban los restos orgánicos para abonar sus tierras y alimentar a sus animales. De esta manera, lo que para los vecinos era basura se convertía para ellos en un recurso muy valioso.
El femater no cobraba por este servicio, ya que se trataba de una especie de intercambio en el que ambas partes salían ganando: los vecinos se deshacían de sus desperdicios y los agricultores obtenían materia orgánica para sus huertas. Además, en ocasiones los fematers agradecían a las amas de casa que les guardaban la basura con algún producto de sus propias cosechas.
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