Mensaje a Feijóo: La aritmética no es una coartada. Por Rafa Gorgues

PorRafa Gorgues

julio 2, 2026

Hay un argumento que el líder de la oposición repite como un mantra cada vez que se le pregunta por la moción de censura: que no le dan los números. Y en lo aritmético lleva razón. Le faltan. Pero convertir esa evidencia en coartada para no moverse es, precisamente, su error de cálculo.

Porque ahora mismo los números son lo de menos. Conviene recordar para qué sirve una moción de censura cuando sabes de antemano que no vas a ganarla en el papel. No sirve solo para desalojar a un Gobierno: sirve para obligar a cada diputado a retratarse. Y ese retrato, en el momento político actual, vale más que cualquier encuesta.

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El contexto es demoledor para Sánchez. El Tribunal Supremo ha condenado por unanimidad a quien fue su ministro y su mano derecha en la organización del partido a una de las penas de cárcel más altas que ha recibido un cargo público en democracia. La sombra judicial alcanza ya incluso a figuras que el sanchismo presentaba como referentes morales. En ese escenario, la pregunta relevante no es si Feijóo reúne 176 votos.

La pregunta es por qué no obliga a todos los demás a decir, con su voto, de qué lado están. Porque la moción, en España, exige presentar un candidato. Pues que sea él. Que dé la cara. Y que lo haga con un compromiso explícito y por escrito: si la moción prospera, su único programa de gobierno será disolver las Cortes y devolver de inmediato la palabra al pueblo español. No instalarse en La Moncloa por la puerta de atrás, sino usar la herramienta constitucional para lo único decente que cabe hacer con un Ejecutivo acorralado por los tribunales: convocar elecciones y dejar que decidan los ciudadanos.

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A partir de ahí, los dos únicos desenlaces posibles son favorables. Si la moción sale —por improbable que sea—, España se quita de encima a un Gobierno rodeado de causas judiciales y abre las urnas. Y si no sale, que es lo más probable, entonces cada socio de Sánchez que vote en contra queda fotografiado para siempre. Junts, PNV, ERC, Bildu y el resto de la mayoría de investidura tendrían que elegir, uno a uno, entre tumbar la corrupción o sostenerla.

No con un tuit, no con una declaración ambigua en una radio: con un voto nominal que queda escrito en el Diario de Sesiones. Eso es exactamente lo que teme el bloque que sostiene al Gobierno, y es justo lo que Feijóo les está ahorrando al no presentar la moción.

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Mientras el PP se limita a exigir que se muevan los socios, le cede la iniciativa al adversario. Y Sánchez ha entendido el juego mejor que nadie: reta a Feijóo a presentar la moción sabiendo que no se atreve, y convierte la prudencia del PP en prueba de su propia debilidad. El líder de la oposición lleva meses repitiendo que la presentaría mañana mismo si tuviera los votos. Pero la talla política no se mide jugando solo las partidas ganadas de antemano.

Es legítimo el temor de Génova: aparecer dependiendo de los votos del independentismo al que lleva años combatiendo, o regalarle a Sánchez la foto del presidente que «sobrevive» a una censura. Son riesgos reales. Pero son riesgos de táctica, y enfrente hay una cuestión de fondo: la oposición existe para ofrecer una alternativa, no para administrar la espera hasta 2027.

Feijóo puede seguir escudándose en la calculadora. O puede entender, de una vez, que hay votaciones que se ganan perdiéndolas. La moción de censura es una de ellas

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