Nuestros personajes valencianos: Padre Tomás Vicente Tosca. Por Pedro Fuentes

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PorPedro Fuentes Caballero

noviembre 3, 2026
  • El matemático valenciano que dibujó una ciudad entera y abrió las puertas de la ciencia moderna

Hay personajes cuya obra acaba siendo mucho más conocida que el hombre que la hizo posible. En Valencia ocurre algo parecido con Tomás Vicente Tosca y Mascó, el popular Padre Tosca. Su célebre plano de la ciudad se ha reproducido innumerables veces en libros, exposiciones y estudios históricos. Gracias a él podemos recorrer con la mirada la Valencia de comienzos del siglo XVIII, seguir sus calles, localizar conventos e iglesias, reconocer sus murallas y aproximarnos a una ciudad que desapareció en buena medida con las transformaciones urbanísticas de los siglos posteriores.

Pero Tosca fue muchísimo más que el autor de un plano. Fue sacerdote, matemático, filósofo, arquitecto, cartógrafo, estudioso de la física, la astronomía, la música y la ingeniería. Formó parte de aquella generación de intelectuales valencianos que hoy conocemos como los novatores, hombres empeñados en renovar el conocimiento científico cuando buena parte de la enseñanza tradicional todavía permanecía aferrada a planteamientos escolásticos.

La Universitat de València lo recuerda como presbítero de la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri, profesor de Matemáticas, autor del Compendio Mathemático y del Compendium philosophicum, además de responsable del extraordinario plano de Valencia en perspectiva caballera. También ocupó responsabilidades de gobierno universitario entre 1717 y 1720.

Su vida representa, en muchos sentidos, el tránsito entre dos épocas. Nació en una Valencia todavía profundamente barroca. Murió cuando las ideas científicas que anunciaban la Ilustración comenzaban a transformar Europa. Y él estuvo precisamente en medio de aquel cambio.

Valencia, 1651: nace un hombre con una curiosidad extraordinaria

Tomás Vicente Tosca y Mascó nació en Valencia el 21 de diciembre de 1651.

Procedía de una familia relacionada con el mundo universitario y médico. Su padre, Calixto Tosca de los Ares, era médico y había estado vinculado a la enseñanza de la medicina; su madre fue Francisca Mascó. La antigua biografía sitúa la casa familiar en las proximidades de la calle Serranos, uno de los espacios más representativos de la Valencia histórica. Imaginar aquella ciudad ayuda a comprender al personaje.

Tosca nació dentro de una Valencia todavía encerrada entre murallas. La vida urbana se articulaba alrededor de parroquias, conventos, mercados, talleres artesanales, palacios nobiliarios y calles estrechas. Sobre el perfil urbano sobresalían campanarios y cúpulas. Décadas después, aquel niño nacido dentro de sus murallas acabaría realizando la representación más extraordinaria que conservamos de esa Valencia.

De la Universidad a la ciencia

Tosca estudió en la Universitat de València, una institución que llevaba funcionando desde comienzos del siglo XVI y que desempeñaba un papel fundamental en la vida intelectual de la ciudad. La propia Universidad lo incluye actualmente entre las figuras históricas destacadas que estudiaron o enseñaron en sus aulas.  Su formación fue extraordinariamente amplia. Estudió Artes y Teología, pero su curiosidad intelectual desbordó pronto las fronteras de una sola disciplina.

Matemáticas. Geometría. Astronomía. Arquitectura. Mecánica. Óptica. Cartografía. Música. Filosofía natural. Para Tosca, aquellos saberes no constituían mundos independientes. Formaban parte de una misma voluntad: comprender racionalmente la realidad. Y precisamente ahí se encontraba la gran transformación científica de su época.

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Los «novatores»: cuando Valencia quiso mirar hacia Europa

Para comprender la importancia del Padre Tosca hay que situarlo dentro de un movimiento intelectual mucho más amplio. Durante la segunda mitad del siglo XVII apareció en distintos lugares de España una generación de estudiosos que comenzó a interesarse por las novedades científicas que llegaban de Europa. En Valencia aquel movimiento adquirió especial relevancia.

A estos hombres se les acabaría conociendo como novatores. No constituían una academia perfectamente organizada ni compartían necesariamente todas las mismas ideas. Lo que los unía era la voluntad de conocer las nuevas corrientes científicas y superar determinados esquemas intelectuales heredados.

Entre las figuras valencianas relacionadas con aquella renovación aparecen José Zaragoza, Juan Bautista Corachán, Baltasar Íñigo y el propio Tosca. Estudios de la Universidad de València sitúan precisamente a Tosca entre los continuadores de aquella renovación de las ciencias fisicomatemáticas iniciada durante las décadas anteriores.  Aquellos hombres discutían sobre astronomía, matemáticas, física, óptica y mecánica.

Leían. Traducían. Experimentaban. Enseñaban. Y trataban de incorporar al ambiente intelectual valenciano conocimientos que estaban transformando Europa.

Ciencia fuera de las aulas

Una de las facetas más interesantes de Tosca fue su dedicación a la enseñanza científica incluso fuera de los programas universitarios oficiales. En una época en la que las estructuras académicas podían mostrarse resistentes ante determinadas novedades, las reuniones privadas y las academias informales desempeñaron un papel fundamental.

Tosca participó activamente en ese ambiente. Las fuentes universitarias destacan precisamente la importancia de sus enseñanzas sobre materias como astronomía, óptica y mecánica, impartidas al margen de algunos programas tradicionales.  Es una faceta fundamental para comprenderlo. No fue simplemente un hombre que acumulaba conocimientos.

Quería transmitirlos.

El sacerdote científico

Su vocación intelectual convivió con la religiosa. En 1678 ingresó en la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri, institución religiosa fundada en Roma por san Felipe Neri y caracterizada por una notable actividad espiritual, cultural y educativa. Aquello no supuso abandonar las matemáticas. Ocurrió justamente lo contrario.

Tosca convirtió el estudio científico en una parte esencial de su vida. Esta combinación puede sorprender desde una perspectiva contemporánea, pero no era excepcional en la Europa de los siglos XVII y XVIII. Muchos de los científicos, astrónomos y matemáticos de aquel periodo fueron también eclesiásticos. Para Tosca, religión y estudio de la naturaleza podían convivir.

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Un arquitecto entre compases y cálculos

La arquitectura ocupó igualmente una parte importante de sus intereses. El texto biográfico tradicional le atribuye participación o asesoramiento en diferentes obras valencianas, entre ellas actuaciones relacionadas con la Catedral y otros edificios religiosos y universitarios.

Aquí, sin embargo, conviene introducir una precaución. Las biografías antiguas tendieron a atribuirle numerosas intervenciones arquitectónicas basándose en tradiciones locales o testimonios posteriores. Algunas tienen mayor respaldo documental que otras.

Lo indudable es que Tosca poseía profundos conocimientos arquitectónicos y escribió específicamente sobre arquitectura civil y militar. Un estudio de la Universitat de València lo define como prestigioso arquitecto y vincula su actividad a edificios valencianos, además de destacar su Tratado de Arquitectura Civil.

Su arquitectura no puede separarse de sus matemáticas. Para él, construir significaba medir. Calcular. Comprender proporciones. Resolver problemas geométricos. Era una concepción profundamente racional del oficio.

El gran proyecto: dibujar Valencia

Y entonces llegó la obra que convertiría su nombre en inmortal. Entre 1703 y 1704, Tosca realizó un extraordinario plano topográfico de Valencia. No era simplemente un esquema de calles.

Era prácticamente el retrato de una ciudad. Representó Valencia mediante una perspectiva caballera que permitía observar edificios, manzanas, plazas, iglesias, conventos, murallas, puertas, jardines y numerosos detalles de la estructura urbana.

La investigación moderna sitúa precisamente la realización del gran plano manuscrito entre 1703 y 1704. Posteriormente, una versión grabada por José Fortea permitió una difusión mucho mayor de aquella imagen urbana.  Su importancia es extraordinaria. Gracias al Padre Tosca podemos observar hoy una Valencia que ya no existe.

Una ciudad detenida en el tiempo

Hay algo profundamente humano en aquel plano. Tosca no podía imaginar que estaba construyendo una máquina del tiempo. Cuando dibujaba una calle, probablemente veía simplemente una calle. Cuando representaba una muralla, aquella muralla todavía protegía y delimitaba la ciudad. Cuando dibujaba un convento, nadie podía imaginar que algunos desaparecerían. Cuando señalaba determinadas casas, plazas o torres, estas formaban parte de la vida cotidiana.

Pero tres siglos después todo cambió. Muchos edificios desaparecieron. Las murallas fueron derribadas. Calles enteras se transformaron. El paisaje urbano cambió radicalmente. Y el plano quedó.

Por eso hoy los historiadores recurren constantemente a él para estudiar la evolución de Valencia. Investigaciones contemporáneas de la propia Universitat continúan utilizando detalles del plano de Tosca para reconstruir edificios y sectores desaparecidos de la ciudad.  Pocas obras científicas valencianas han conseguido algo parecido.

El «capellà de les ralletes»

La tradición popular acabó proporcionando a Tosca un sobrenombre entrañable: el capellà de les ralletes. El sacerdote de las rayitas. La expresión aludía a su permanente actividad como dibujante, geómetra y estudioso. Podemos imaginarlo inclinado sobre papeles, reglas y compases, trazando líneas que para cualquier otra persona podían parecer incomprensibles.

Pero aquellas «ralletes» contenían geometría. Arquitectura. Cartografía. Perspectiva. Matemáticas. Y detrás de todas ellas había una manera nueva de observar el mundo.

Nueve volúmenes para explicar las matemáticas

Si el plano de Valencia constituye su obra más popular, su gran empresa intelectual fue mucho más ambiciosa. Entre 1707 y 1715 apareció su monumental Compendio Mathemático, publicado en nueve volúmenes. La propia investigación universitaria destaca que alcanzó una importante difusión y llegó a conocer varias ediciones.  La amplitud temática resulta impresionante.

Tosca abordó diferentes ramas de las matemáticas y sus aplicaciones prácticas. En aquellos volúmenes aparecían cuestiones relacionadas con geometría, astronomía, óptica, arquitectura, mecánica y otras disciplinas fisicomatemáticas.

Hay que entender qué significaba escribir una obra semejante a comienzos del siglo XVIII. No existía la especialización científica contemporánea.

Un matemático podía estudiar arquitectura. Un arquitecto necesitaba geometría. La astronomía requería matemáticas. La cartografía necesitaba perspectiva y medición. La música podía analizarse matemáticamente. Todo estaba relacionado. Tosca trató de organizar aquel enorme universo de conocimientos.

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Hasta la música podía explicarse con números

Uno de los aspectos menos conocidos del Padre Tosca es precisamente su interés por la música. No la estudió solamente como arte. También la estudió como ciencia.

En su Tratado de la música especulativa y práctica abordó cuestiones relacionadas con intervalos, afinaciones y proporciones. Investigaciones de la Universitat de València han destacado sus observaciones sobre la división de la octava en doce partes iguales y sus referencias a la guitarra española.  Es un magnífico ejemplo de su mentalidad. Donde otros escuchaban únicamente sonidos, Tosca encontraba también relaciones matemáticas.

Filosofía para comprender la naturaleza

Su enorme producción intelectual no terminó con el Compendio Mathemático. También redactó el Compendium philosophicum, obra igualmente conocida y difundida. Tosca pertenecía todavía a una época en la que la palabra «filosofía» incluía ámbitos que hoy colocaríamos dentro de las ciencias naturales.

Estudiar filosofía significaba también preguntarse por la materia, el movimiento, los fenómenos atmosféricos o la estructura del mundo físico. Y precisamente ahí se estaba produciendo uno de los grandes conflictos intelectuales de su tiempo.

Las explicaciones tradicionales comenzaban a enfrentarse a nuevos modelos científicos. Tosca participó de esa transición. No fue un científico moderno en el sentido actual del término. Pero tampoco puede entenderse únicamente desde el mundo escolástico anterior.

Fue un hombre situado en el puente entre ambos mundos.

Tosca y la Universidad de Valencia

Su prestigio intelectual terminó reflejándose también en la vida universitaria. La Universidad de València conserva incluso un retrato histórico suyo en el Paraninfo. En él aparece sentado ante su escritorio, rodeado de libros y sosteniendo una pluma: una imagen perfectamente coherente con la memoria que dejó.

La Universidad lo sitúa como responsable de su gobierno entre 1718 y 1720, aunque determinadas referencias utilizan el término vicerrector para describir su posición. La relación histórica oficial de rectores de la institución incluye expresamente a Tomás Vicente Tosca para el periodo 1718-1720.

Esto obliga a matizar ligeramente la cronología ofrecida por la antigua lámina, que habla de 1717-1720. Más importante que esa pequeña diferencia cronológica es lo que representa. El hombre que había dedicado su vida al conocimiento terminó ocupando una posición destacada en la institución donde se había formado.

El final de una vida dedicada al conocimiento

Tomás Vicente Tosca murió en Valencia el 17 de abril de 1723. Tenía 71 años. Había vivido prácticamente toda su existencia rodeado de libros, instrumentos, planos, cálculos y estudiantes. Había conocido una Valencia todavía heredera del siglo XVII y había asistido a las enormes convulsiones políticas provocadas por la Guerra de Sucesión.

Había visto desaparecer un mundo. Y había ayudado a preparar otro. Su muerte no borró su nombre. Todo lo contrario. Con el paso del tiempo, su figura se convirtió en una referencia imprescindible para estudiar la ciencia valenciana anterior a la Ilustración.

El hombre que nos permitió volver a caminar por la Valencia de 1704

Probablemente Tosca nunca sospechó cuál de todas sus obras acabaría emocionándonos más tres siglos después. Quizá hubiera pensado en sus nueve volúmenes matemáticos. Tal vez en sus estudios filosóficos. O en sus trabajos de arquitectura.

Pero para el valenciano contemporáneo existe algo especialmente fascinante en aquel enorme plano. Mirarlo significa abrir una ventana. Allí está Valencia. Todavía amurallada. Con sus puertas. Sus campanarios. Sus conventos. Sus calles estrechas. Sus huertos. Sus casas.

Una ciudad que ya no podemos visitar físicamente, pero que Tosca dejó dibujada con una minuciosidad extraordinaria.

Un valenciano adelantado a su tiempo

Tomás Vicente Tosca merece ocupar un lugar destacado entre nuestros grandes personajes porque representa algo más que una brillante trayectoria individual. Representa la voluntad valenciana de participar en la renovación científica europea.

Mientras todavía existían resistencias frente a las nuevas ideas, hombres como Tosca, Corachán, Íñigo o Zaragoza estudiaban matemáticas, astronomía, física y mecánica e intentaban acercar aquellos conocimientos a sus discípulos.

Tosca no necesitó abandonar Valencia para mirar hacia Europa. Lo hizo desde aquí. Desde sus libros. Desde sus clases. Desde sus cálculos. Desde sus instrumentos. Y desde aquellas famosas «ralletes» que terminaron dibujando una ciudad entera. Tres siglos después, seguimos recurriendo a ellas para saber cómo era Valencia. Ese quizá sea su legado más hermoso.

El Padre Tosca quiso comprender matemáticamente el mundo que tenía delante y, sin pretenderlo, consiguió que los valencianos del futuro pudiéramos volver a contemplar el suyo.

 

Pedro Fuentes Caballero
Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana correspondiente por Dénia
Presidente de la Asociación Cultural Roc Chabàs de Dénia
Agregado colaborador de la Sección de Cronistas Oficiales del Reino de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana

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