Las condiciones para que surja un partido valencianista inspirado en Aliança Catalana

PorPepe Herrero

octubre 19, 2026

Un debate surgido ayer en un grupo de Whatsapp sobre la política valenciana actual y los partidos valencianistas me ha inspirado una opinión que voy a desarrollar con detenimiento en las próximas líneas y que espero sea entendida desde la máxima amplitud de mente.

¿Es posible un partido valencianista al estilo de Aliança Catalana?

Mi respuesta inicial es que sí, podría ser posible, pero hay que distinguir tres cuestiones: que exista un espacio electoral potencial, que haya una ideología capaz de darle coherencia y que se pueda construir una organización con posibilidades reales de obtener representación.

Y hay una premisa fundamental: no bastaría con cambiar la palabra «catalán» por «valenciano». Habría que estudiar la historia, la identidad, los conflictos políticos, la lengua, la economía y las particularidades sociales valencianas para comprobar si ese proyecto tendría una base propia.

A. La primera pista: el espacio político existe, pero ¿está libre?

Aliança Catalana ha demostrado que existe un electorado para una combinación de nacionalismo identitario, discurso de orden y posiciones restrictivas en inmigración. En las elecciones catalanas de mayo de 2024 obtuvo dos escaños, con un 3,8 % de los votos en el conjunto de Cataluña.

Generalitat de Catalunya

El catalanismo político duro ya tiene una base electoral importante. En las autonómicas de 2023, Compromís obtuvo el 14,33 % y 15 escaños en las Corts Valencianes.

Corts Valencianes

No todo el valencianismo está vinculado a una misma ideología. Hay tradiciones regionalistas, nacionalistas, culturales, soberanistas y de izquierda, además de sensibilidades que ponen el acento en la identidad valenciana desde posiciones conservadoras.

Por tanto, la pregunta decisiva no es si hay valencianos con identidad propia o preocupaciones sobre inmigración, vivienda y seguridad. Es si esas preocupaciones pueden articularse en un proyecto valencianista diferenciado que no quede absorbido por Compromís, el PP o Vox.

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B. ¿Cómo sería ese partido?

Yo estudiaría cinco posibles pilares, sin dar por hecho todavía que todos deban formar parte del programa.

La expresión valenciana que reúne a la gente en fiestas y celebraciones y no entiende el resto de España

1. Valencianismo político propio

Defensa de la personalidad histórica, cultural, lingüística e institucional valenciana. Una identidad valenciana que no necesite definirse como parte de un proyecto nacional catalán, pero tampoco como una identidad regional subordinada políticamente a Madrid.

2. Soberanía y poder territorial

Mayor capacidad de decisión sobre financiación, infraestructuras, agua, agricultura, turismo, fiscalidad y servicios públicos. Habría que decidir si se trata de autonomismo exigente, federalismo, soberanismo o independentismo.

3. Prioridad económica valenciana

Defensa del campo, la industria, el comercio local, los autónomos y las pequeñas empresas; políticas de vivienda y medidas contra la pérdida de poder adquisitivo. La clave sería concretar qué significa priorizar los intereses valencianos y cómo hacerlo sin caer en el proteccionismo inviable.

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4. Cohesión social, inmigración y seguridad

Este sería uno de los terrenos más delicados. Se podría defender una política migratoria ordenada, el cumplimiento de la ley, la integración lingüística y cívica siempre del valenciano, nunca del catalán de la AVL, y la lucha contra la delincuencia, distinguiendo siempre entre conductas individuales y colectivos enteros.

5. Identidad cultural sin tutelas externas

Promoción del valenciano, las tradiciones, el patrimonio y los símbolos propios, con una posición lingüística definida desde la realidad valenciana y no desde la subordinación a agendas políticas externas.

Estos pilares son hipótesis de trabajo, no un programa cerrado. La cuestión es qué combinación los haría coherentes y atractivos

C. El gran obstáculo: ¿de dónde saldrían sus votantes?

Un partido nuevo no compite en el vacío. Tendría que explicar por qué alguien que hoy vota a otra formación debería cambiar su papeleta.

El principal reto sería unir identidad valenciana, reivindicación territorial y una propuesta social reconocible sin convertirse en una simple escisión de la derecha española ni en una réplica del independentismo catalán.

D. Mi hipótesis inicial

Yo no empezaría preguntándome cómo copiar Aliança Catalana, sino qué problema político valenciano no está resolviendo nadie satisfactoriamente.

Hay que comprobar, además, si la identidad valenciana propia constituye una motivación electoral suficiente por sí misma o si necesita apoyarse en cuestiones materiales como vivienda, financiación, agricultura, empleo y servicios públicos.

La investigación sobre el valencianismo y las tensiones entre identidad, inmigración y soberanía ofrece un punto de partida útil.

Pero antes de avanzar quiero fijar una sola cuestión fundamental, porque condicionará todo el análisis posterior.

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E. La orientación del partido

La orientación permite definir un objeto de estudio bastante concreto: un partido valencianista que defienda un autogobierno fuerte dentro de España, tenga una orientación social y popular y trate la lengua como parte de la realidad valenciana, pero no como el eje principal de su identidad política. Para analizarlo críticamente, conviene separar los hechos históricos y electorales de las hipótesis sobre sus posibilidades. No podemos dar por hecho que exista una demanda electoral organizada simplemente porque haya ciudadanos que compartan algunas de sus ideas.

1. Definición del espacio político

Perfil ideológico de partida

  • Territorial

Autonomismo valenciano exigente dentro de España. Defensa de la capacidad de decisión de las instituciones valencianas y de una financiación territorial suficiente.

  • Social y económico

Prioridad al acceso a la vivienda, los salarios, los servicios públicos, los trabajadores, los autónomos, el comercio local, el campo y la industria valenciana.

  • Identitario

Valencianismo propio, con símbolos, historia e instituciones valencianas. La identidad no dependería de la adscripción al catalanismo político ni de la negación de la diversidad interna valenciana.

  • Cultural y lingüístico

Enfoque pragmático, centrado en la convivencia, el uso social, la educación y el patrimonio cultural, sin convertir las controversias lingüísticas en la cuestión dominante.

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La distinción esencial es que estaríamos hablando de un partido territorialmente valencianista, económicamente social y políticamente autonomista, no de una organización independentista ni de una formación definida principalmente por la oposición al catalanismo.

Esto último importa: una identidad política puede diferenciarse de otra sin necesitar que su razón de existir sea combatirla.

2. El precedente de Aliança Catalana: qué sirve para comparar y qué no

Aliança Catalana es una referencia útil para estudiar la articulación entre identidad nacional, discurso de protección de la comunidad y conflicto político. Sin embargo, su programa de 2024 se basa en objetivos que no coinciden con los que has planteado: defiende la independencia catalana y una política migratoria fuertemente restrictiva, además de vincular la inmigración con la preservación cultural y lingüística.

La comparación debe hacerse por dimensiones, no por equivalencias automáticas.

La pregunta analítica es qué mecanismos políticos son comparables, no qué partes de su ideología deberían copiarse. La conexión entre identidad, representación territorial y sensación de falta de respuesta institucional puede estudiarse sin adoptar una política migratoria concreta ni un proyecto independentista.

3. La historia valenciana: el antecedente que no se puede ignorar

El proyecto tendría que enfrentarse a una historia política muy particular. El valencianismo no catalanista no es una corriente nueva, y el valencianismo social tampoco nació con los partidos actuales.

  • La Batalla de Valencia y la construcción de la identidad autonómica

Durante la Transición, las controversias sobre la bandera, la denominación del territorio y la relación entre valenciano y catalán se convirtieron en divisiones políticas importantes. La llamada Batalla de Valencia enfrentó distintas concepciones de la identidad valenciana y dejó una herencia que todavía condiciona parte del debate público.

Para el partido hipotético, la lección histórica es que defender una identidad valenciana propia no determina automáticamente una posición económica o social. La misma identidad puede combinarse con programas políticos muy diferentes.

  • Unió Valenciana: el precedente electoral más relevante

Unió Valenciana (UV) constituye un precedente imprescindible. En las elecciones autonómicas de 1991 consiguió 208.126 votos, el 10,5 % y siete escaños. En 1995 bajó a 165.956 votos, el 7,1 % y cinco escaños.

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Su trayectoria también revela un problema estructural: la competencia con el PP por el espacio regionalista de derechas. Un estudio de Anselm Bodoque sobre UV concluye que su nacimiento, evolución y declive estuvieron vinculados a la fortaleza del principal partido de la derecha valenciana. La tesis doctoral de Simón Alegre Jaén examina, además, el papel del liderazgo, la organización y la institucionalización del partido.

¿Qué significa esto para nuestro análisis?

  • La defensa de la identidad valenciana puede traducirse en representación parlamentaria.
  • Un partido de ámbito valenciano puede perder autonomía política si su electorado encuentra una alternativa estatal con mayor implantación.
  • Un liderazgo popular no sustituye la necesidad de una organización territorial estable.
  • La identidad, por sí sola, no garantiza una trayectoria electoral duradera.
  • El nuevo proyecto que estudiamos sería distinto de UV si colocase las políticas sociales y la economía productiva en el centro de su programa, en lugar de hacer de la cuestión identitaria su principal elemento diferenciador.
  • La evolución del valencianismo contemporáneo

El valencianismo de izquierdas también ha evolucionado. Un estudio publicado en Papers. Revista de Sociologia analiza el paso, en parte del valencianismo, de una concepción nacional articulada alrededor de la lengua y un marco compartido con Cataluña a otra centrada en la voluntad de constituir una comunidad política valenciana diferenciada.

Eso permite establecer una distinción importante:

No catalanista no significa necesariamente anticatalanista; valencianista no significa necesariamente conservador; y autonomista no significa necesariamente regionalista españolista.

Un partido podría defender la personalidad valenciana y un autogobierno intenso desde una perspectiva social, democrática y pragmática. La dificultad sería traducir esa definición a posiciones concretas, sin dejar que los debates simbólicos eclipsen sus prioridades materiales.

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4. La base material: financiación, vivienda y economía productiva

Aquí aparece uno de los ejes más relevantes del análisis.

La Comunitat Valenciana dispone de una reivindicación territorial con una dimensión económica verificable: la financiación autonómica. Según la memoria de 2024 del Comité Econòmic i Social de la Comunitat Valenciana, basada en las liquidaciones de 2022, la financiación efectiva fue de 3.089 euros por habitante ajustado, frente a una media de 3.365 euros. El índice valenciano se situó en 91,8 cuando la media estatal equivalía a 100.

Estos datos describen el ejercicio 2022, no la financiación actual de 2026. Sirven para analizar el problema histórico, pero cualquier programa tendría que actualizar las cifras y comprobar los cambios normativos posteriores.

La cuestión política no consiste solamente en reclamar más recursos. Consiste en conectar la financiación con necesidades reconocibles: listas de espera, atención a la dependencia, educación, transporte, vivienda y capacidad inversora de los municipios.

Un programa social valencianista podría abordar cinco ámbitos:

  • Vivienda

Ampliación de la oferta residencial, vivienda pública y asequible, movilización de vivienda vacía cuando sea viable, transporte metropolitano y medidas contra la especulación y el fraude. Habría que precisar competencias, financiación y plazos.

  • Agricultura y agua

Rentabilidad agraria, modernización de regadíos, disponibilidad de agua, protección del suelo productivo y defensa de condiciones comerciales justas. Las propuestas deben distinguir entre competencias autonómicas y estatales.

  • Industria, puertos y logística

Formación profesional, inversión industrial, conexiones ferroviarias de mercancías, energía competitiva y empleo de calidad.

  • Servicios públicos

Atención primaria, salud mental, dependencia, educación y servicios sociales. El compromiso debería acompañarse de estimaciones presupuestarias y objetivos medibles.

  • Trabajo y economía local

Apoyo a autónomos y pequeñas empresas, simplificación administrativa, formación laboral, cumplimiento de las normas laborales y medidas contra la precariedad.

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La ventaja analítica de esta agenda es que permite definir el valencianismo por aquello que quiere resolver, no solamente por aquello de lo que quiere distanciarse.

Pero también introduce una exigencia: si el partido promete ampliar servicios, reducir impuestos y aumentar la inversión al mismo tiempo, debe explicar cómo financiará cada medida. El autonomismo no elimina las restricciones presupuestarias.

5. Análisis sociológico: ¿qué significa ser valencianista hoy?

Este es el punto en el que hay que evitar un error frecuente: confundir la existencia de una identidad valenciana con la existencia de un electorado dispuesto a votar a un partido valencianista específico.

Son fenómenos relacionados, pero distintos.

Cuatro dimensiones que convendría estudiar

  • Identidad territorial

Hay que investigar cómo se identifican los ciudadanos: principalmente valencianos, tan valencianos como españoles, principalmente españoles u otras combinaciones. También importa si esa identificación se traduce en una demanda de mayor autogobierno.

  • Posición socioeconómica

Trabajadores industriales, empleados públicos, autónomos, agricultores, jóvenes con problemas de vivienda y pequeños empresarios pueden compartir algunas preocupaciones sin tener necesariamente las mismas preferencias políticas.

  • Territorio y entorno de vida

La realidad de Valencia y su área metropolitana no es idéntica a la de Alicante-Elche, Castelló, las comarcas rurales, las zonas industriales o las áreas turísticas. La cuestión es si existe una propuesta territorial capaz de atender intereses distintos.

  • Cultura e identificación colectiva

Las actitudes sobre lengua, símbolos, historia e instituciones pueden variar independientemente de las preferencias económicas. Un partido pragmático tendría que admitir esa diversidad en vez de presuponer una identidad homogénea.

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Estas cuatro dimensiones deberían estudiarse conjuntamente mediante encuestas representativas, entrevistas y resultados municipales desagregados. Sin esos datos, no sería riguroso afirmar que existe una mayoría social esperando esta propuesta.

La cuestión de la clase trabajadora

La etiqueta «social y popular» requiere una definición precisa. Puede significar defensa de los servicios públicos, redistribución económica, protección del empleo, apoyo a la economía local o una combinación de todo ello.

Pero también hay tensiones que conviene examinar:

¿Cómo se concilia la protección de los trabajadores con las necesidades de contratación de la agricultura, la hostelería y los cuidados?

¿Cómo se defiende al pequeño comercio sin perjudicar a los consumidores mediante restricciones ineficaces a la competencia?

¿Cómo se aumenta la oferta de vivienda asequible sin trasladar todos los costes a los propietarios o a los presupuestos públicos?

¿Cómo se reclama más autonomía económica sin ignorar las relaciones comerciales y fiscales con el resto de España y la Unión Europea?

Un programa social serio tendría que responder a esas preguntas mediante propuestas concretas y evaluables.

6. El mapa electoral: ¿con quién competiría?

Los resultados autonómicos de 2023 permiten establecer el contexto electoral, aunque no describen por sí solos las preferencias de los votantes en 2026.

Resultados de las elecciones autonómicas valencianas de 2023

PP          35,3%
PSPV-PSOE        28,3%
Compromís        14,3%
Vox        12,4%
UP-EUPV            3,5%

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En ese escenario, el espacio político de una nueva formación se cruzaría con cuatro áreas existentes:

  • Compromís: Catalanismo, autogobierno y políticas sociales, Identidad valenciana propia basada en la catalana, enfoque territorial y modelo económico específicos
  • PSPV-PSOE: Servicios públicos, derechos laborales y políticas sociales. Mayor centralidad de los intereses territoriales valencianos basados también en doctrinas catalanistas
  • PP: Defensa de intereses económicos valencianos y gestión autonómica. Un perfil social y popular que intenta ser diferenciable de la derecha estatal
  • Vox: Discurso territorial español y determinadas posiciones conservadoras. Valencianismo político propio y programa económico-social claramente definido

Esta tabla describe coincidencias y diferencias posibles; no presupone que las formaciones sean internamente homogéneas ni que sus votantes tengan motivaciones idénticas.

El problema de la representación

En las elecciones autonómicas de 2023, Compromís obtuvo 15 escaños con el 14,33 % de los votos, mientras que Unides Podem-EUPV consiguió el 3,52 % y no obtuvo representación, pero los votos de estos últimos a Compromís podrían haberle reportado algún diputado más a la coalición catalanista.

El contraste recuerda que el porcentaje de votos no se convierte automáticamente en escaños. Importan la distribución territorial, las circunscripciones, la participación y las reglas electorales.

Por ello, cualquier estudio electoral serio del nuevo partido debería examinar:

  • Los resultados por municipio y comarca, no solo los totales autonómicos.
  • La concentración o dispersión de sus apoyos potenciales.
  • Las candidaturas municipales y su capacidad de implantación.
  • La fragmentación del voto en cada circunscripción.
  • La diferencia entre simpatía por una idea y disposición efectiva a votar una candidatura.

No se puede deducir de los resultados de 2023 qué porcentaje obtendría una formación que todavía no existe.

7. Los principales riesgos históricos y políticos

Aquí es donde el análisis debe ser especialmente crítico.

Riesgo 1. Quedar atrapado en la controversia identitaria

Si el debate sobre el catalanismo, las denominaciones o los símbolos ocupa la mayor parte de su discurso, el componente social puede quedar relegado. La historia valenciana muestra que las disputas identitarias pueden estructurar durante décadas la competencia política.

Riesgo 2. No tener un espacio ideológico reconocible

Un partido que se defina como social, valencianista y autonomista deberá precisar qué políticas propone y en qué se diferencia de las fuerzas existentes. Acumular etiquetas sin resolver las contradicciones entre ellas no crea una identidad política coherente.

Riesgo 3. Depender excesivamente de un liderazgo

La trayectoria de Unió Valenciana ofrece un precedente para estudiar la relación entre liderazgo, estructura territorial e institucionalización. Una organización estable necesita cuadros, implantación local, mecanismos internos de decisión y continuidad más allá de sus portavoces.

Riesgo 4. Prometer más de lo que permiten las competencias y el presupuesto

El autogobierno no equivale a disponer de competencias ilimitadas. Un programa tendría que distinguir qué puede ejecutar directamente la Generalitat, qué requiere acuerdos con el Estado y qué depende del marco europeo.

Riesgo 5. No resolver las diferencias internas del territorio

La diversidad entre las tres provincias, las áreas metropolitanas y las comarcas rurales puede generar prioridades diferentes. La identidad compartida no elimina los conflictos sobre inversión, infraestructuras, agua o distribución de recursos.

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8. ¿Qué tendría que demostrar una investigación rigurosa?

Antes de formular conclusiones sobre el apoyo social al proyecto, convendría contrastar cinco hipótesis.

Hipótesis: Existe demanda de mayor autogobierno valenciano
Evidencia necesaria: Encuestas recientes sobre identidad y modelo territorial

Hipótesis: El valencianismo propio puede combinarse con una agenda social
Evidencia necesaria: Estudios de actitudes que midan ambas dimensiones por separado

Hipótesis: La financiación autonómica es una preocupación social transversal
Evidencia necesaria: Encuestas y análisis por edad, territorio, ingresos y voto

Hipótesis: Las posiciones lingüísticas pragmáticas son compatibles con distintas identidades
Evidencia necesaria: Datos de opinión sobre lengua, símbolos y convivencia

Hipótesis: Existe un espacio electoral diferenciado de los partidos actuales
Evidencia necesaria: Encuestas específicas, entrevistas y análisis territorial del voto

Estas hipótesis no deben darse por confirmadas de antemano. Por ejemplo, que una persona considere injusto el sistema de financiación no significa necesariamente que quiera votar a un partido valencianista; podría preferir una formación estatal que defienda la misma reforma.

Tampoco sería suficiente una encuesta que preguntase si alguien apoyaría un partido descrito con términos positivos. Habría que estudiar qué haría esa persona ante alternativas reales y propuestas concretas.

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9. Conclusión: qué podemos afirmar y qué sigue abierto

El análisis histórico y electoral permite identificar precedentes relevantes: el valencianismo autonómico, la trayectoria de Unió Valenciana, las transformaciones del valencianismo de izquierdas y las reivindicaciones económicas relacionadas con el autogobierno.

También permite definir con claridad el proyecto hipotético: un valencianismo social y autonomista, con identidad propia y una agenda económica centrada en las necesidades de la Comunitat Valenciana.

Lo que todavía no está demostrado es la existencia de un electorado suficientemente amplio y diferenciado que se identifique simultáneamente con esas características y prefiera una nueva formación a las opciones existentes.

Para avanzar, distinguiría tres líneas de investigación:

  • Histórica: estudiar por qué Unió Valenciana consiguió representación y qué factores contribuyeron a su declive.
  • Sociológica: investigar cómo se relacionan la identidad valenciana, la posición socioeconómica y las actitudes sobre el autogobierno.
  • Electoral e institucional: examinar los resultados por territorio, las reglas de representación y las políticas que podrían sustentar una agenda social valenciana.

La pregunta que queda abierta es si esas dimensiones forman un espacio político diferenciado o si, en la práctica, sus posibles apoyos se distribuyen entre las fuerzas existentes. Resolverla requiere datos, no intuiciones.

Tampoco sería suficiente una encuesta que preguntase si alguien apoyaría un partido descrito con términos positivos. Habría que estudiar qué haría esa persona ante alternativas reales y propuestas concretas.

Y lo más importante, qué apoyos sociales, empresariales y mediáticos tendría.

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