El llamado Pendón de la Conquista vuelve de vez en cuando al debate público valenciano. Se habla de reconocerlo, recuperarlo como símbolo o concederle una representatividad que iría mucho más allá de la ciudad de Valencia.
Pero antes de convertir una pieza histórica en emblema de todo un territorio convendría hacerse una pregunta mucho más sencilla: ¿qué sabemos realmente de ese pendón?
Porque una cosa es la enseña mencionada en la conquista de Valencia de 1238 y otra, que no deberíamos confundir automáticamente con ella, es la pieza que hoy conocemos como Pendón de la Conquista. Y esta duda no es nueva. Hace más de un siglo ya la planteó uno de nuestros grandes historiadores: Roc Chabàs.
LO QUE REALMENTE CUENTA JAIME I
El episodio original procede del Llibre dels fets.
Durante las negociaciones para la capitulación de Valencia, Jaime I acordó que su enseña fuese colocada en una torre como señal visible de que la ciudad se entregaba y para evitar que sus tropas continuaran las hostilidades.
La crónica describe el momento en que el rey contempla su enseña sobre la torre. Jaime I cuenta que desmontó del caballo, se volvió hacia Oriente, lloró y besó la tierra. Esto también lo hizo en la conquista de Murcia. Es una escena extraordinaria de nuestra historia medieval.
Pero la crónica habla de «nostra senyera».
No nos dice que aquella pieza recibiera el nombre de «Pendón de la Conquista». Tampoco ofrece una descripción material que permita identificar inequívocamente la bandera de 1238 con la que siglos después fue venerada y conservada como aquella misma enseña. Ese salto entre el documento medieval y la tradición posterior es precisamente donde comienza el problema.
ROC CHABÀS YA LO ADVIRTIÓ
A comienzos del siglo XX, Roc Chabàs cuestionó abiertamente que el pendón conservado pudiera ser la bandera de 1238.
La afirmación que posteriormente recogió Francesc Carreras Candi en su Geografía General del Reino de Valencia es contundente: Chabàs consideraba imposible identificarla con la bandera real porque la tela, la pintura y la paleografía de la fecha indicaban, según su análisis, una obra de los siglos XV o XVI. Es decir: para Chabàs, aquella pieza era varios siglos posterior a Jaime I.
Este dato resulta fundamental. No estamos ante una sospecha surgida ayer por una discusión política contemporánea. Un historiador de la talla de Roc Chabàs ya había cuestionado hace más de cien años la autenticidad medieval atribuida al objeto.
Investigaciones posteriores tampoco han conseguido cerrar definitivamente la cuestión a favor de su autenticidad. Estudios actuales de la Universidad de Valéncia reconocen expresamente que no está demostrado que la enseña conservada en el Museo Histórico Municipal sea aquella que se izó durante la capitulación de Valencia, y advierten además que la inscripción «Año 1238» que presenta la pieza no corresponde a época medieval.
Por tanto, llamarla simplemente «la bandera que izaron los musulmanes en 1238», sin ninguna advertencia, convierte una tradición en una certeza histórica que no tenemos.
LA TRADICIÓN APARECE SIGLOS DESPUÉS
Existe además otro problema. La vinculación documental conocida entre la pieza y la conquista aparece mucho después de los acontecimientos. La investigación de la Universidad de Valéncia señala a Pere Antoni Beuter, ya en el siglo XVI, como la primera referencia a la senyera conservada, afirmando que Jaime I había depositado el pendón en Sant Vicent de la Roqueta.
Entre 1238 y esa noticia median aproximadamente tres siglos. Esto no demuestra por sí solo que la tradición sea falsa, pero sí impide tratarla como si existiera una cadena documental perfectamente demostrada desde Jaime I hasta nuestros días. Y ahí está precisamente la diferencia entre historia y tradición.
La tradición puede tener un enorme valor cultural. Pero el historiador debe indicar dónde termina el documento y dónde comienza aquello que generaciones posteriores creyeron sobre él.
¿QUÉ REPRESENTABA LA ENSEÑA DE 1238?
Hay todavía otra cuestión que suele pasar inadvertida. Aunque aceptáramos hipotéticamente que la pieza actual fuese aquella bandera algo que, como hemos visto, Roc Chabàs rechazaba, todavía quedaría por demostrar otra cosa completamente distinta: ¿por qué habría de representar a todo el Reino de Valencia?
El episodio narrado por Jaime I corresponde a la capitulación de la ciudad de Valencia y no del Reino. La conquista del territorio valenciano no terminó aquel día. El proceso había comenzado anteriormente y continuaría después de 1238. Por tanto, la bandera colocada sobre aquella torre tenía una función concreta: indicar que la ciudad se entregaba al rey.
Convertir automáticamente aquella señal de capitulación en la bandera histórica de todo el Reino de Valencia posterior exige una demostración adicional. No basta con decir que estuvo presente en la conquista.
EL REINO DE VALENCIA Y SUS PROPIOS SÍMBOLOS
Tras la conquista fue configurándose progresivamente una nueva realidad política: el Reino de Valencia, con territorio, derecho e instituciones propias dentro de la Corona de Aragón. Con el paso del tiempo aparecería también una tradición vexilológica e institucional valenciana propia. Y aquí debemos distinguir claramente dos piezas que demasiadas veces se mezclan: el llamado Pendón de la Conquista y la Real Señera Valenciana no son la misma cosa.
No tienen la misma historia ni desempeñaron necesariamente la misma función. El propio Museo Histórico Municipal conserva actualmente ambas como piezas diferenciadas. El Ayuntamiento enumera entre sus fondos históricos tanto la Real Senyera como el Pendón de la Conquista, además del Llibre dels Furs, las llaves de la ciudad y otros objetos históricos. Por tanto, presentar el Pendón como si fuese sencillamente una versión primitiva de la Real Señera conduce a una lectura demasiado fácil de una evolución histórica mucho más compleja.
¿UNA RELIQUIA FALSA?
Aquí también debemos utilizar las palabras con precisión. Si aceptamos la datación propuesta por Roc Chabàs, la pieza conservada no sería materialmente la bandera de 1238. Eso no significa que el objeto carezca de valor. Todo lo contrario. Una pieza de los siglos XV o XVI asociada durante siglos a la memoria de la conquista sería igualmente un documento histórico extraordinario. Lo que cambiaría sería lo que el objeto documenta.
Ya no sería una reliquia física de la conquista de Jaime I, sino un testimonio de cómo los valencianos de épocas posteriores construyeron, conservaron y representaron la memoria de aquella conquista. Y eso también es historia. Lo que no debemos hacer es confundir ambas cosas.
UNA PIEZA DE LA HISTORIA DE VALENCIA
El Ayuntamiento de Valencia conserva hoy el Pendón en su Museo Histórico Municipal y lo presenta entre las piezas relacionadas con la historia y los símbolos de la ciudad. Ahí tiene pleno sentido. Forma parte del patrimonio histórico valenciano y, particularmente, de la memoria histórica de la ciudad de Valencia. Pero reconocer su valor patrimonial no obliga a transformarlo en emblema oficial de todo el territorio valenciano.
Si determinados ayuntamientos desean solicitar ese reconocimiento, pueden plantearlo dentro del debate político e institucional correspondiente. Pero una decisión actual no debería presentarse como consecuencia inevitable de la historia. Porque para sostener que el Pendón fue históricamente un símbolo general del Reino habría que demostrar que las instituciones del Reino lo reconocieron y utilizaron como tal. Y esa demostración no se obtiene simplemente recordando el episodio de septiembre de 1238.
NO NECESITAMOS INVENTAR NUESTRA HISTORIA
Hay algo paradójico en toda esta polémica. El patrimonio valenciano es suficientemente rico como para no necesitar convertir tradiciones posteriores en hechos ocurridos exactamente como fueron contados siglos después. Tenemos el Llibre dels fets. Tenemos los Furs. Tenemos documentación municipal y real. Tenemos la historia institucional del Reino. Tenemos la Real Señera. Y tenemos también ese antiguo Pendón, que merece ser conservado y estudiado independientemente de que sea o no la tela que ondeó sobre una torre de Valencia en 1238.
Roc Chabàs hizo precisamente lo que debe hacer un historiador: mirar el objeto, estudiar sus características y no aceptar una tradición simplemente porque llevaba siglos repitiéndose. Más de cien años después, su advertencia continúa siendo incómodamente actual. Podemos respetar profundamente el Pendón de la Conquista sin atribuirle aquello que no está demostrado. Podemos considerarlo parte de nuestro patrimonio sin convertirlo retrospectivamente en la enseña de todo el Reino de Valencia.
Y podemos recordar la conquista de 1238 sin confundir la bandera que aparece en la crónica de Jaime I con la pieza que siglos después acabó recibiendo el nombre de Pendón de la Conquista.
Porque defender nuestra historia no consiste en aceptar todas las leyendas que se han construido alrededor de ella. Consiste precisamente en lo contrario: separar el documento de la tradición, la tradición de la leyenda y la historia de los intereses políticos del presente.
Pedro Fuentes Caballero
Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana correspondiente por Dénia
Presidente de la Asociación Cultural Roc Chabàs de Dénia
Agregado colaborador de la Sección de Cronistas Oficiales del Reino de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana



















