Capítulo 1. Del lamentable e irrecuperable estado de la enseñanza en España. El diagnóstico
El jueves 10 de septiembre de 1857, La Gaceta de Madrid, hoy conocida también como Boletín Oficial del Estado, publicaba la Ley de Instrucción Pública, también conocida como Ley Moyano, la norma educativa más longeva hasta el momento.
Hoy en día, en la España de 2026, estamos en el nivel más ínfimo de la instrucción, de la enseñanza, de la educación, llámenla como crean conveniente, desde la citada fecha, en la que podemos considerar el inicio de la instrucción obligatoria en España.
La radiografía es aterradora. Catedráticos universitarios de gran prestigio, como pueda ser Gabriel Albiac señalan que la enseñanza ha atrasado al menos una etapa educativa en los últimos años. Otros señalan que el analfabetismo funcional ha llegado a la universidad, con alumnado con graves faltas de ortografía y una clara incapacidad de redactar un texto con una mínima corrección sintáctica.
En este primer capítulo voy a tratar de presentar una radiografía actual de un sistema que hace aguas por todos los lados. En un próximo capítulo trataré de las causas más evidentes de este autentico desastre.
Los niveles de conocimientos están por los suelos y las malditas competencias han llevado a los contenidos a una especie de limbo donde aprender, donde esforzarse, está totalmente proscrito de las aulas.
Los niveles de disciplina están por debajo de cualquier mínimo y la convivencia en las aulas es casi una quimera, donde casos y casos de violencia de distinta naturaleza son ocultados de forma sistemática, mayormente apoyados en una Ley del Menor que solamente protege a aquellos que rompen sistemáticamente cualquier clima de convivencia.
El respeto hacia los docentes desapareció ya hace mucho tiempo y el valor de la palabra de los profesores y las profesoras es como el papel mojado. Cada día en el aula se ha convertido en una lucha por la supervivencia. En otro capítulo trataré de como los docentes han sido corresponsables de esta situación, pero eso ya será otro día…
Alumnado que termina la secundaria sin casi saber leer y escribir, ya que hay que promocionarlos a costa de todo, no sea que los inciden de fracaso escolar sean ya intolerables, cuando la realidad es todavía mucho más terrible; donde se está lanzando a una generación completa a un abismo, donde no existen unas mínimas posibilidades de empleabilidad con un mínimo de calidad.
Una generación cuyas niveles de renta está infinitamente por debajo del de sus padres, que vivieron en una España anterior, la de los nacidos en el entorno de los años 60, donde la enseñanza, donde el esfuerzo había sido el principal mecanismo de ascenso social.
Y muchas cuestiones más, que posiblemente merezcan un capítulo propio.
Y lo peor es que esta situación no tiene vuelta atrás, aunque en un próximo capítulo me dedicaré a dar 10 medidas imprescindibles, por si algún partido quiere hacerlas suyas y lograr que la situación, al menos vuelva a ser como la de aquel jueves de 1857.





